
Más allá de la fe
La actriz habla de su papel en el film de Scott Derrickson: una abogada defensora de un sacerdote acusado de homicidio por negligencia en un supuesto caso de posesión
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NUEVA YORK.- Laura Linney no cree en las posesiones demoníacas. Al menos así ataja la primera pregunta sobre su papel en la película "El exorcismo de Emily Rose", dirigida por Scott Derrickson, en la que interpreta a una abogada defensora de un sacerdote acusado de homicidio negligente en la muerte de una joven que algunos creen poseída y otros simplemente epiléptica.
Sin embargo, cuando la actriz se acomoda en una silla del salón del Regency Hotel donde se realizará la entrevista con LA NACION, aclara que está abierta a todas las opciones. "La certeza es hoy vista como un elemento de fortaleza, pero ¿quién puede realmente asegurar algo así? -inquiere-. A mí me fascinan estos interrogantes. A veces estoy convencida de que no pueden existir; otras no lo sé. En lo que sí creo es en contar historias que nos hagan pensar."
Y así lo ha hecho en toda su nutrida carrera, que comenzó mientras estudiaba actuación en la prestigiosa escuela Juilliard, luego de graduarse de
la exclusiva universidad Brown. Estuvo nominada dos veces al Oscar, por "Puedes contar conmigo", en 2000, y por "Kinsey" el año pasado; recibió una nominación al Tony por la obra teatral "El crucifijo", en 2002; y ganó dos premios Emmy por la película hecha para televisión "Wild Iris", en 2002, y por su papel en la popular serie "Frasier", en 2004.
En el caso de "El exorcismo de Emily Rose", Linney aprovecha el rol de la abogada agnóstica Erin Bruner para poner a debatir al público sobre los alcances del bien y del mal y cómo intervienen en la relación entre el acusado padre Richard Moore (Tom Wilkinson) y Emily Rose (Jennifer Carpenter), a quien le hace un exorcismo en vez de recomendar a su familia ponerla bajo tratamiento médico.
"La película me atrajo porque es dos tipos de films a la vez: el drama del juicio y una película de horror sobre temas supernaturales. Esa es una combinación muy bizarra", destaca la actriz neoyorquina de 41 años. "Me gustó porque era un guión inteligente, entretenido y que a la vez no tenía una agenda determinada sobre los exorcismos; es un verdadero análisis equilibrado sobre el tema. Además, me parecía interesante dado el momento en que estamos viviendo ahora, en el que la religión es un potencial terremoto todo el tiempo. La religión puede ser maravillosa, las creencias, la fe, la comprensión, la sensación de comunidad. Pero también se puede abusar de ello; el fanatismo de cualquier tipo siempre es malo. Cuando la gente cierra sus cabezas y se vuelve irrespetuosa de otra gente por sus creencias, puede resultar en algo peligroso", apunta.
-¿Qué le gustaría que la gente sacara de esta película?
-Que se vaya con una mente abierta. Que se queden pensando si lo que le sucedió a Emily Rose fue un ataque de ansiedad o estaba poseída por demonios. Yo no tengo una respuesta al respecto. Personalmente, soy muy escéptica, creo que mucho pensamiento religioso obsesivo puede ser peligroso. De todas maneras, respeto las creencias de la gente y estoy abierta a la posibilidad de que hay otras explicaciones. Mi respuesta inmediata, intuitiva, es que no creo en nada de esas cosas, pero todo el tiempo lees sobre cosas así y no puedo explicarlas. También creo que está bien no tener respuestas.
-¿Cuáles son sus demonios personales?
-He tenido muchos. Generalmente son miedos que preceden momentos de crecimiento, que llegan antes de algún gran cambio, es algo común.
-¿A qué le tiene miedo concretamente?
-A desaprovechar mi vida. Eso mucho más que a la muerte. Me asusta la idea de tomar malas decisiones, de perder tiempo, de depositar mi confianza y mi seguridad en gente que no la merece, y de no aprender de las malas decisiones.
-¿Es cierto que usted recomendó efusivamente a la casi desconocida Jennifer Carpenter para que hiciera de Emily Rose?
-Sí, hace unos años hicimos juntas "El crucifijo" y nunca me había impresionado tanto una actriz. Pocas veces puedes trabajar con alguien totalmente desinteresado, completamente dedicado a la historia y que tiene la mente de un actor, que es como un juego de ajedrez. Los jugadores de ajedrez pueden prever cómo serán los próximos movimientos, se adelantan mentalmente a las jugadas. Los grandes actores hacen lo mismo, pueden ver más allá de lo que están haciendo; se dan cuenta de que si actúan de una manera pueden ayudar a otro actor. Además, tienen una capacidad física increíble, de expresar todos sus sentimientos a través de su cuerpo. Cuando estaban haciendo el casting sabíamos que la actriz que hiciera de Emily sería la pieza más crítica y la recomendé fervientemente.
Cine, TV y teatro
-Usted es una de las pocas actrices exitosas a las que les gustan mezclar grandes producciones con obras independientes o de TV, para volver a Nueva York para hacer teatro...
-Las películas comerciales son importantes para mí para poder afrontar gastos, pero además también me dan la libertad de poder hacer otros roles en películas más pequeñas que no tienen presupuesto, pero son papeles sumamente interesantes y los que más me gusta hacer. Por otra parte, el teatro me da una adrenalina diaria que me fascina. De todas maneras, no soy de esas actrices de teatro que rehúye del cine; me gusta mucho el cine, me da tiempo, me permite trabajar en los temas con más profundidad, eres más dependiente de otras personas y eso me ayuda a relacionarme. En el teatro también es importante el trabajo en equipo, pero es algo más íntimo.
-¿Qué dirección quiere que tome su carrera?
-Uy, haces lo que tienes suerte de hacer con lo que te ofrecen. La idea de que tengo tanto poder como para controlar eso es un ejercicio lúdico. Habrá momentos en los que pensaré que tendré que hacer algo porque me llevará a un lugar específico, o porque es material valioso, pero después lo que sucede con el público es algo que está fuera de mí.
-¿Cuáles son las razones por las que rechaza un guión?
-Puede ser porque no me parece que el papel que me ofrecen sea posible de actuar, o porque el mensaje que tiene la película no es algo con lo que yo concuerde moralmente, y hay otras que son sobre temas que a mí no me importan, y a pesar del dinero, no estoy dispuesta a dejar mi vida por dos o tres meses para hacer algo que no me atrae. No soy una vendedora de autos, no puedo vender cualquier cosa, tengo que creer en el trabajo que hago.






