
Más sobre el tema de los desaparecidos
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"Ciudad del sol" (Argentina/2000). Dirección: Carlos Galettini. Con Jazmín Stuart, Darío Grandinetti, Nicolás Cabré, Patricia Palmer, Patricio Contreras, Leonor Manso, Luis Luque y otros. Guión: Luisa Irene Ickowicz. Fotografía: Carlos Ferro. Música: Lito Vitale. Presentada por Buena Vista International. Duración: 108 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: mala
El tema de los desaparecidos durante la trágica época militar argentina es ya un clásico dentro de la cinematografía del país. Aquellos "años de plomo" tuvieron una gran diversidad de miradas desde la pantalla local, y "Ciudad del sol" se suma a esos entramados de horror y de muerte. Aquí es una joven estudiante que, ante el suicidio de su madre, queda sola y decide investigar el pasado de su progenitora y de quienes la rodearon en momentos de asesinatos y persecuciones. En principio, el nudo argumental no es novedoso, pero ello no sería muy grave si el film tuviese consistencia dramática, calidez emocional y elaborado desarrollo.
De todo lo antedicho carece este producto que, como sumatoria de desaciertos, apunta a una desmesurada pretenciosidad. Nada de lo que aquí ocurre es meramente creíble, ya que la historia que se narra es enredada, se intercala con otros subrelatos que nada agregan al eje central y transita por el más aburrido de los caminos. Frente a tan híbrido producto, cabe preguntarse cuál fue el propósito de la guionista Luisa Irene Ickowicz -que en más de una oportunidad demostró habilidad para elaborar piezas teatrales y programas televisivos- y del director Carlos Galettini, tan alejado aquí de películas tan entrañables como "Juan que reía" o "Besos en la frente".
Ninguno de los dos apostaron a la ternura, a la memoria ni a la simpleza cotidiana. Los personajes de "Ciudad del sol" son estereotipos que pasan por la pantalla con un desfile de obviedades, de diálogos sentenciosos y de acartonados manierismos. Son, en definitiva, piezas de un rompecabezas que no se logra armar. Entre los intérpretes, Jazmín Stuart suple enormemente su bella figura con sus dotes de actriz; Darío Grandinetti aporta un rostro de mármol para un personaje en el que, seguramente, no creyó nunca, y Nicolás Cabré se acercó peligrosamente al ridículo. Nombres de reconocidas aptitudes artísticas -Patricio Contreras, Patricia Palmer, María Leal, Leonor Manso, Luis Luque, Lidia Lamaison, Aldo Barbero y otros- se dejaron conducir aparentemente sin protestas por este endeble andamiaje que no aporta interés ni gratifica a la cinematografía argentina.
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