
Meryl Streep la más grande y los más chicos
Ama mucho a sus hijos, pero dice que una madre insatisfecha no puede ser buena
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GIFFONI VALLE PIANA.- Llegó, vio, habló y fascinó. Y hasta cantó un fragmento de "O sole mio". Meryl Streep (nacida como Mary Louise en Summit, Nueva Jersey, en 1949) había manifestado a las autoridades del festival de cine de Giffoni su interés en conocer el fenómeno de esta muestra, en la que chicos de todo el mundo ven films, los discuten y luego, en calidad de jurados, los premian.
Ni bien llegó, asistió a la exhibición del primer film en concurso, que se proyectaba en las recién inauguradas instalaciones de la Cittadella del Cinema, y se sorprendió: "Estoy segura de que los 700 chicos que juzgaron esa película -dijo a LA NACION al salir de la sala- no habían tenido oportunidad de ver antes un film chino, y esto de por sí ya es importante. Y, además, con la posibilidad de debatirlo y escuchar de sus compañeros las distintas opiniones. Uno de ellos, de 12 años, dijo de la película ("High sky summer") que la verdad tiene un precio en la vida, y que para ser sincero hay que pagar algo. Me parece asombroso".
Sencilla, sonriente y feliz de estar en este solar montañoso del sur de Italia, vecino al puerto de Salerno, la actriz que dio sus primeros pasos en "Julia" y en "El francotirador" para consagrarse definitivamente en "La amante del teniente francés", respondió a la inquietud por conocer su actividad actual:
"He hecho dos films y tengo uno en proceso, aún sin concluir -dijo-. Uno es "The hour", adaptación del libro del premio Pulitzer Michael Cunningham, que se estrenará en los Estados Unidos en Navidad. Son tres historias: la primera es el último día en la vida de Virginia Woolf, antes de su suicidio, con Nicole Kidman; la segunda transcurre en la parte pobre de Los Angeles, con Julianne Moore, y la tercera es la mía, que ocurre en el Village de Nueva York, inspirado en "Mrs. Dalloway", también de Virginia Woolf. Es una trama un poco complicada y tiene que ver con eso que se conoce como "the meaning of life" (el significado de la vida). Otra película que hice es "Adaptation", de Spike Jonze, con Nicholas Cage, acerca de la dificultad que existe siempre para adaptar un libro al cine. Y la otra es "Angels in America", con Al Pacino, que concluiremos a fin de año. Aquí hago tres personajes, incluido el de un rabino. Es la primera vez que debo afrontar el rol de un hombre, y debo decir que me resultó extremadamente fácil..."
-¿Cuáles son los directores que, en el trabajo, le resultaron más creativos?
-Con quien más he trabajado es con Mike Nichols, que me está dirigiendo en "Angels in America", y me encanta trabajar con él. También me gusta Sidney Pollack. Pero mi descubrimiento más reciente es Spike Jonze, el director de "¿Quieres ser John Malkovich?", tan sensible y tan joven. En el set debo esforzarme para no tratarlo como a un hijo, y no sé si su sensibilidad y su carácter no se parecen a los de alguno de mis hijos.
-A propósito: algunas estadísticas en los Estados Unidos afirman que las madres deberían dejar actividades para asistir a los hijos en la casa, con el fin de ayudarlos en su vida escolar. ¿Qué piensa de esto usted, que tiene cuatro hijos y ha sabido conciliar su carrera con la familia?
-Creo que es relativo. Hice teatro, en la última temporada estival; justamente, yo no hacía teatro porque allí hay que estar todas las noches, incluidos sábados y domingos, y se pierden de vista las tareas escolares de los chicos. Pero en verano es distinto: no hay clase y los chicos podían venir conmigo al teatro. El cine deja más espacio para una, como mamá. Se puede estar en casa por las noches, salvo que haya tomas nocturnas, pero yo nunca participo en esos rodajes...
-En "Kramer v. Kramer", su personaje de madre se convertía en una profesional tan competente como el padre. ¿Piensa que esa afirmación de la identidad de la madre ayuda a que el vínculo con los hijos sea menos simbiótico?
-Hay que amar a los hijos por sobre todas las cosas, pero estoy segura de que una madre insatisfecha no es una buena madre. Yo acostumbro a leerles a mis chicos en casa todo lo que yo leo (diarios, relatos), pero si el trabajo de una madre fuera sólo ése, es probable que los hijos terminaran locos. La mujer debe asumir algún rol importante para no quedar relegada, tanto en la sociedad como en el seno familiar. Soy feminista, pero también muy humanista, y apoyo a los movimientos que ayudan al desarrollo de la mujer en todo sentido, más allá de su especificidad como madre. Por lo demás, y volviendo a su pregunta, le cuento algo que es bastante ilustrativo: el más inteligente de mis hijos tenía apenas cinco meses cuando me vino la etapa más intensa de mi carrera y, de los cuatro, fue con el que tuve menos contacto en casa en sus primeras etapas.
-Usted estudió canto desde los 12 años. ¿Es importante esta experiencia en la formación de un actor o actriz?
-Creo que lo es, y en grado superlativo. No por una cuestión anecdótica: yo tuve un personaje que enseñaba violín, pero no viene al caso. Lo que me resulta fundamental es la conexión de lo musical con los tiempos de una actuación y con la emoción del actor. Y, aparte, yo tengo vocación de cantante y me gusta cantar. (N. del R.: con admirable registro de mezzosoprano, canta el estribillo de "O sole mio"). Es un homenaje a esta tierra del sur de Italia: casi todos los norteamericanos saben una parte de esta canción.
-¿Hay alguna película de su filmografía que le disgusta o que no le interesa?
-No diría eso, pero puedo asegurar que en "La muerte le sienta bien" no me reconozco...
Cuando Meryl Streep responde a alguna de las preguntas que le formulamos, la profundidad de su mirada y su densidad expresiva producen una conmoción particular, un sacudimiento que explica parcialmente el fenómeno de su repercusión en la pantalla. Pero hay un momento del diálogo en que, a propósito de los cambios producidos en los Estados Unidos en materia de consumo y de carácter después del 11 de septiembre, crea una instancia impresionante en la entrevista.
"Sí, algo cambió en mi país desde entonces. Y diría que mucho."
Y de pronto, como si se sumergiera en una zona de la emotividad afín a la de su personaje de Sophie, la actriz se queda en silencio, mira el vacío y se dispone a evocar un suceso que, sin duda, la marcó profundamente. Y cuenta:
"Aquel día... (suspira) Ay, aquel 11 de septiembre, yo había acompañado a mi único hijo varón al ómnibus que debía llevarlo a la escuela. El transporte partió y poco después explotaron los aviones contra las torres. Me invadió una sensación de terror y desesperación, porque yo sabía que la segunda parada del ómnibus era el World Trade Center. Quedé sin aliento, hasta que pude saber que mi hijo y el resto de sus compañeros estaban a salvo. En fin, fueron días terribles: ese fin de semana, un hermano mío asistió a cuarenta funerales. Claro, esto ha cambiado el carácter de los norteamericanos, y no sólo en materia de consumo: antes eran simpáticos y optimistas a ultranza. Ahora se han vuelto tristes y hasta un poco meditativos.
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