Moscas astronautas en un viaje a la Luna
Una probable historia del Apolo XI en 3 dimensiones
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Vamos a la luna ( Fly Me To The Moon , EE.UU./2008, color; film animado en versión doblada al español). Dirección: Ben Stassen. Guión: Domonic Paris, sobre una idea de Gina Gallo y Domonic Paris. Música: Ramin Djawadi Presentada (en 3D en los cines Cinemark Palermo y Hoyts Unicenter y en 2D en el resto de las salas) por Distribution Company. Duración: 84 minutos. Calificación: apta para todo público.
Nuestra opinión: buena
Por más que Edwin Aldrin en persona intente desmentirlo en los tramos finales de la película, venimos a enterarnos ahora, casi cuarenta años después de que el hombre puso por primera vez un pie en la Luna, que la misión del Apolo XI no habría tenido el mismo éxito de no haber contado con el apoyo, la determinación y el coraje de tres moscas que se colaron en la expedición y estuvieron en el lugar indicado cuando hubo que reparar una conexión a la que los astronautas no tenían acceso. Por lo menos, es lo que expone –preferentemente con toda la espectacularidad del 3D– esta producción animada por computación, fruto de la colaboración entre belgas y norteamericanos. Por una vez, quizá consecuencia de que el director Ben Stasser ha trabajado mucho en 3D e IMAX, el efecto tridimensional no es utilizado para sobresaltar al espectador poniéndolo como blanco de cualquier tipo de proyectiles sino para crear una atmósfera aérea en la que a bichitos acostumbrados a vivir volando se suman los efectos de la ausencia de gravedad. Hay un constante movimiento de los personajes que revolotean alrededor del espectador y que con sus idas y venidas hacia el fondo de la escena subrayan sobre todo la profundidad y la diversidad de los planos en que la acción transcurre (en 2D, es probable que tal efecto se minimice).
El film cuenta la aventura vivida por las tres pequeñas moscas desde que deciden meterse como polizones en el vehículo espacial hasta que, tras algunos obstáculos que se las arreglan para sortear, regresan sanos, salvos y orgullosos, a la Tierra. A los tres simpáticos personajes, se suman otros igualmente gratos, como las larvas bebes, las madres inquietas por la insólita travesura de los chicos y el abuelo precursor que alguna vez cruzó el Atlántico volando con Amelia Earhart. Sin hacer un derroche de imaginación, el sencillo cuento entretiene e informa a los más chicos acerca de cómo fue aquel capítulo importante de la carrera espacial, aunque bate el parche patriótico más de lo aconsejable y pinta al enemigo soviético con trazos tan gruesos como si todavía estuviéramos en plena Guerra Fría.


