Murió Laura Betti, actriz comprometida
Fue amiga y confidente de Pasolini
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ROMA (ANSA).- La actriz italiana Laura Betti, conocida por su intensa relación intelectual con Pier Paolo Pasolini, murió ayer en un hospital de esta capital, a los 70 años.
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Una de las muchas imágenes que guarda en sus retinas quien haya visto "Teorema" (que en las últimas semanas puede verse completa por primera vez en TV a través de la señal de cable Europa Europa) es el rostro tenso y angustiado de Emilia, la criada de una casa de la alta sociedad de Milán, que sucumbe como el resto de la familia al poderoso magnetismo seductor de un extraño visitante.
Por entonces, esa actriz no era una desconocida. Había sido descubierta nada menos que por Federico Fellini (que le brindó su primer papel en el cine, con su propio nombre, en "La dolce vita") y ya tenía hecha una considerable trayectoria como cantante. Pero fue gracias a aquella Emilia de "Teorema" que Laura Betti ganó definitivamente un lugar de privilegio y de reconocimiento en la pantalla grande de su país, porque ese papel le dio en 1968 la Copa Volpi a la mejor actriz en el Festival de Venecia.
Semejante vidriera hizo también que todo el universo cinematográfico, más allá de las fronteras italianas, tomara conciencia del vínculo estrecho que ligaba a Betti con Pier Paolo Pasolini mucho antes de que éste la convocara para "Teorema".
Es que si bien tuvo la fortuna de trabajar más de una vez junto a grandes directores de su tierra (Rossellini, Blasetti, Scola, Monicelli y, sobre todo, Bertolucci y Bellocchio), Betti siempre será recordada por su estrecha cercanía con el malogrado director de "El evangelio según San Mateo", con quien tenía sobre todo coincidencias ideológicas y el mismo compromiso intelectual. Betti apareció en "La ricotta" y en "Saló o los 120 días de Sodoma", primer y último film, respectivamente, de Pasolini, y tres años atrás, en su única incursión como directora, realizó "Pasolini y la razón de un sueño", considerado el más completo documento fílmico jamás realizado sobre la vida y la obra del realizador.
Al volcarse en plenitud al cine, en la década del 60, Betti dejó atrás una incipiente y reconocida carrera como cantante en bares y clubes de jazz donde era conocida como la "Juliette Greco italiana", no sólo debido al estilo de sus canciones (que entonaba en italiano, inglés y francés), sino por su manera de vestir. Pero en ese tránsito mantuvo la misma expresión lánguida, apenada y con un visible dejo de dolor que lucía cuando asomó en los escenarios con su cabello rubio y vestida de negro de la cabeza a los pies, y que jamás la abandonaría a lo largo de su carrera en la pantalla grande.
Famosa fuera de los sets por su espíritu contestatario, un temperamento excéntrico y su preferencia por las respuestas cáusticas, Betti había debutado en 1958 como cantante en "I Saltimbanchi", un popular espectáculo de variedades que comandaba Walter Chiari.
Después llegaron las búsquedas artísticas, el compromiso político, las largas charlas con Alberto Moravia (otro de sus grandes amigos), la defensa incondicional de Pasolini y las eternas discusiones que se desataban en torno de su fogoso temperamento, calificado alguna vez de "agresivo e intrigante".
