Nanni Moretti, el humorista que cambió de cara
Siempre habló de sí mismo en sus películas, y sostiene que de alguna manera lo sigue haciendo en "La habitación del hijo"
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Nanni Moretti, con su barba, pulcro y reservado, se parece más a un profesor universitario que a un cómico italiano de relevancia. Sin embargo, los ocho films de Moretti han ganado aplausos por su humor deliberadamente inexpresivo, que recuerda a Buster Keaton mezclado con algún otro extraño y peculiar ingrediente.
Moretti, de 48 años, escribe, dirige, produce e interpreta sus propios films usando sus propias preocupaciones y opiniones como punto de partida de su obra. En sus films, se interpreta a sí mismo. En "Caro diario" (1993), andaba por toda Roma en agosto, mostrando su belleza y su gloria, elogiando el talento de Jennifer Beals en "Flashdance" y burlándose de la ignorancia de los críticos cinematográficos, entre otras cosas.
A pesar de sus peculiaridades, Moretti se ha convertido en la encarnación del italiano medio para su leal público, que sabe todo acerca de la simpatía del realizador por la izquierda y de su amor por los deportes (especialmente por el waterpolo). Pero aunque en algunos aspectos es un exhibicionista, en otros es muy reservado. Concede pocas entrevistas y jamás habla de un film antes del estreno.
Su fama de humorista explica la gran sorpresa que provocó su última película, "La habitación del hijo", cuando se estrenó en Europa el año pasado. El film, que parece marcar un cambio radical en el director, tanto en forma como en tema, fue un éxito en Italia y en Francia, donde ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes. Cuenta la historia de una afectiva familia italiana de la ciudad portuaria de Ancona: Giovanni, un psicoanalista (Moretti), su esposa Paola (Laura Morante), y sus dos hijos adolescentes, Irene (Jasmine Trinca) y Andrea (Giuseppe Sanfelice). Cuando la familia sufre una inesperada tragedia, todos ellos se esfuerzan por combatir a los demonios del dolor.
Aunque Moretti protagoniza el film, éste se desvía de toda su obra anterior, ya que construye en él una rica narración ficcional sin recurrir a la autoironía, que ha sido hasta ahora su marca de fábrica y que ahora reemplaza por una austera potencia emocional.
"Para Nanni, el film es un paso en un territorio desconocido", dice Piers Handling, el director del Festival de Cine de Toronto, donde la "La habitación del hijo" se exhibió con gran éxito. "Creo que la última parte convierte a la película en obra de arte".
Aunque Moretti reconoce que su nuevo film difiere de los anteriores, también dice que lo considera una recapitulación. "Creo que en él se pueden ver todos mis films anteriores -ha explicado-, pero quise escribir y representar un personaje que no se parece en nada a los que hice antes. Es alguien más tolerante, más dispuesto a aceptar a los demás tal como son."
Un león apaciguado
Cuando se le pregunta si la madurez del protagonista es reflejo de la suya propia, contesta dubitativamente: "Tendrían que preguntárselo a las personas que me conocen".
Sus colaboradores más próximos dicen que el feroz Moretti se ha apaciguado. La actriz Laura Morante, que ya ha trabajado varias veces con él, dice que ha madurado: "Cuando era más joven, Nanni solía ser tiránico, pero ahora se muestra más flexible". No obstante, Moretti sigue siendo impredecible y dueño de una energía constante. Es a la vez tímido e impositivo, y habla con tono de autoridad.
Escribió la historia de "La habitación del hijo" mientras se disponía a rodar su octavo film, "Aprile" (1996). "De repente, se me ocurrió la idea de un psicoanalista, una persona que se enfrenta cada día con el dolor y la tristeza de otros, que debía enfrentar en carne propia una tragedia", ha dicho.
En ese momento, Moretti y su esposa, Silvia Nono, esperaban un hijo, Pietro, que nació en 1996, y no le pareció el momento adecuado para embarcarse en un film sombrío. De modo que esperó el estreno de "Aprile" para acercarse a la guionista Heidrun Schleef y a la novelista Linda Ferri y pedirles que colaboraran con él. "De todas formas -agrega el realizador-, le di a Giovanni (el psicoanalista) algunas de mis características, como la de cavilar sobre el pasado". Señala que el film no se basó en absoluto en ningún acontecimiento de su propia vida, y que la elaboración del guión insumió más de un año. Se sabe que el director se toma su tiempo para concretar sus proyectos, y que los puede realizar porque siempre trabaja con el mismo -y pequeño- equipo de producción, encabezado por Angelo Barbagallo. Le gusta mezclar actores profesionales con intérpretes sin formación (a veces, incluso con miembros de su familia).
El rodaje duró seis meses, con varias interrupciones. A Moretti le gusta hacer muchas tomas y da instrucciones muy concretas. "Suele decir: "No te lleves la mano al pelo cuando dices eso", por ejemplo", comenta Laura Morante. Y, según Barbagallo, Moretti es muy perfeccionista debido a su total entrega al trabajo: "Nanni exige mucho de todo el mundo, pero más de sí mismo".
Desde el principio de su carrera, el director ha sido autodidacto y bastante iconoclasta. Creció en Roma, donde aún vive, en una familia de académicos: su padre, que murió hace diez años, era profesor universitario de griego, y su madre enseñaba griego y latín.
Pero, sin ninguna inclinación académica clásica, Moretti pensó en ingresar en la escuela de cine de Roma, y no pudo hacerlo por carecer de formación universitaria. En vez de seguir estudiando, filmó un largometraje en Super 8, protagonizado por él mismo, sus amigos y miembros de su familia, que tituló "Soy un anarquista". Lo presentó a un pequeño cineclub romano llamado Filmstudio, dirigido en ese momento por Adriano Aprˆ, el actual director del Archivo Cinematográfico Nacional de Italia. El film, que contaba la historia de un grupo teatral de vanguardia, ganó fama y renombre de culto. "Era un desconocido que había hecho un buen film sin un solo centavo", dice Aprˆ.
Sacher, como la torta
Estimulado por su inesperado éxito, Moretti hizo otro film, "Ecce Bombo", que también mostraba a un grupo de jóvenes desencantados y que gozó de similar renombre, porque captaba precisamente la angustia de su generación, los desilusionados herederos del fervor revolucionario de 1968. Esta película ya incluía los tres elementos creativos que serían importantes en su obra futura: "Primero, actuar no sólo como un personaje, sino como yo mismo -dijo Moretti-. Segundo, hablar de mi propio entorno, político, generacional y social. Y tercero, burlarme de mí y de mi mundo".
Moretti protagonizó a su alter ego Michele Apicella en otros tres films: "Sueños de oro" (1981), "Bianca" (1984) y "Palombella rossa" (1989), como director de cine, maestro y miembro del Partido Comunista y waterpolista. En "La messa é finita" (1985), Moretti encarna a un sacerdote llamado Don Giulio que comparte muchos rasgos de Michele.
En 1986, el director fundó su propia compañía productora, con Barbagallo, llamada Sacher Film (en honor a su torta favorita, la Sacher Torte austríaca). Además de producir sus propias películas y las de otros directores, Moretti tiene ahora una sala de cine arte en Roma, el Nuovo Sacher, donde organiza un festival anual de cortos. Según dice, no se convirtió en productor para ganar libertad ("Ya la tenía...") sino para alimentar a nuevos talentos. "Quería hacer films con raíces y ambiente italianos, con la idea de que si eran películas de calidad, seguramente recibirían aplauso internacionalmente", dice.
Demostró que así era con "Caro diario", que ganó al público de todo el mundo con su transparencia. En uno de los episodios, Moretti cuenta su propia enfermedad (un linfoma) y la odisea de su diagnóstico y tratamiento. "No me angustió contar mi propia historia en "Caro diario". Simplemente, traté con ironía un acontecimiento que ya había dejado atrás. Siento que los temas que trato en "La habitación del hijo" son mucho más difíciles de resolver".
Lo más importante, según dice, fue para él el hecho de conceder cierta esperanza para los personajes, sin mostrarse condescendiente con el público. "Quise llevar al público por un camino, compartiendo mis propias emociones y sin imponer ningún mensaje. Esos personajes no pueden y no quieren olvidar lo ocurrido, pero al final algo empieza a cambiar. Sus vidas nunca serán las mismas, pero tal vez hayan encontrado la manera de convertir el dolor en otra cosa."
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