Nicolas Cage, rehén de un culto siniestro
El culto siniestro ( The Wicker Man , EE.UU.-Alemania/2006, color; hablada en inglés). Dirección: Neil LaBute. Con Nicolas Cage, Ellen Burstyn, Kate Beahan, Frances Conroy, Leelee Sobieski. Guión: Neil LaBute, sobre el libreto de Anthony Shaffer. Fotografía: Paul Sarossy. Música: Angelo Badalamenti. Edición: Joel Plotch. Presentada por Distribution Company. 104 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: mala
En 1973, el inglés Robin Hardy realizó El hombre de mimbre , sobre un guión de su entonces socio Peter Shaffer, el notable autor de Juego mortal . La historia del devoto policía protestante al que una investigación (la búsqueda de una chica misteriosamente desaparecida) lleva a una alejada isla escocesa, donde se topa con una comunidad pagana que practica extraños ritos, mezclaba suspenso con fe, erotismo, perversión y una atmósfera inquietante. En principio, no obtuvo demasiado eco, pero con el tiempo -y en parte porque sufrió tantos cortes, alteraciones y atascos en su carrera comercial que ganó aura de obra maldita-, se convirtió en film de culto para los aficionados al género.
No son las mejores condiciones para emprender una remake y menos, como en este caso, si se la confía a un director como Neil LaBute, que no parece demasiado dotado para el género y además está lejos de ser un cineasta de alquiler, por lo que era previsible que quisiera meter mano en el original e imponerle algún sello personal.
Lo hizo, y en mala hora. A la vista de los resultados, el mayor interrogante que plantea El culto siniestro es, justamente, por qué LaBute, que ganó prestigio como ácido observador de la sociedad contemporánea ( En compañía de hombres , Tus amigos y vecinos ) lo puso en grave riesgo al aceptar, para su ingreso en el cine comercial, un encargo tan espinoso y tan ajeno a su sensibilidad.
Otros misterios
Tampoco se comprende por qué su relectura del guión de Shaffer lo condujo a suprimir el conflicto entre paganismo y cristiandad (medular en el original, menos un film de horror que un oscuro thriller religioso), con lo que la esotérica comunidad matriarcal de Summerisle parece ahora una banda de feministas maniáticas escapadas de algún manicomio y encabezadas por (la pobre) Ellen Burstyn que cuando debe presidir los sacrificios se pinta como un guerrero de Corazón valiente. Y más inexplicable aún resulta que ciertas habilidades probadas de LaBute (la escritura de diálogos, la dirección de actores) hayan desaparecido sin dejar rastro.
El breve prólogo -con su sorpresivo remate y su música apremiante- parece prometer una generosa dosis de tensión, pero ese indicio se desvanece pronto, a medida que pasan los minutos y el protagonista sale en busca de la nena perdida, llega a la isla (que se mudó de Escocia al Pacífico) y tropieza una y otra vez con la invencible mudez de los hombres-esclavos y la hostilidad manifiesta de las mujeres, que son abrumadora mayoría. El suspenso casi no existe, el erotismo tampoco, del clima inquietante no hay noticia (la isla, luminosa y florida, ayuda poco) y los diálogos suenan rebuscados cuando no francamente estúpidos. Queda la sorpresa final, magro consuelo.
Ya se sabe que en los films que buscan sobresaltar, la risa está a un paso del susto. Aquí lo cómico es involuntario y viene de todas partes, pero sobre todo de las situaciones que rozan el ridículo o caen en él. Aunque sería injusto negar el aporte de Nicolas Cage, que con su ceño fruncido y su gesto impávido, hace una decisiva contribución a la hilaridad general.



