
Nikita Mijalkov, otra vez a un paso del Oscar
En 1957, la historia de los doce jurados que deben decidir sobre la inocencia o la culpabilidad de un muchacho acusado de matar a su violento padre marcó el brillante debut como realizador de Sidney Lumet en el cine y contribuyó a oxigenar los aires de Hollywood con talentos provenientes de la televisión. Medio siglo después, la misma historia de Doce hombres en pugna le ha servido a Nikita Mijalkov para concretar un regreso triunfal que lo ha puesto otra vez en el camino hacia el Oscar. Ya había habido señales de esta feliz reaparición: en el último Festival de Venecia, donde mereció un premio especial en reconocimiento a la totalidad de su obra, el film -titulado simplemente 12 - había merecido el elogio de la crítica. Ahora deberá competir con su compatriota Sergei Bodrov (que representa a Kazajstán con Mongol ), con el israelí Joseph Cedar ( Beaufort ), con el austríaco Stefan Ruzowitzky ( Los falsificadores ) y con el veterano maestro polaco Andrzej Wajda ( Katyn ), en busca de una segunda estatuilla al mejor film hablado en idioma no inglés: ya ganó una en 1994 con Sol ardiente .
Claro que Mijalkov no se propuso solamente volver a contar aquella historia concebida para la TV por Reginald Rose en una versión más cercana a los problemas actuales de Rusia. "Tenía el deseo de ver cómo personajes representativos de nuestra sociedad civil afrontaban un caso en apariencia simple e inmediato: condenar en diez minutos a un desconocido, pobre y encima checheno, acusado de matar a su padrastro, oficial del ejército ruso. Un hijo de nadie tratado con extrema superficialidad por una docena de personas que, cada una a su manera, están convencidas de haber cumplido con su deber", ha explicado el aplaudido creador de La esclava del amor y Pieza inconclusa para piano mecánico .
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Como recordarán quienes han visto el clásico de Lumet, el conflicto nace otra vez de uno de los jurados que se opone a liquidar el caso con una rápida condena, plantea sus dudas y con tenacidad obliga a los restantes once a discutir el caso y rever sus posiciones, proceso en el cual todos van revelando sus historias personales y desnudando la carga emocional que hay detrás de cada decisión. En el film de Mijalkov integran el heterogéneo grupo, entre otros, un artista de variedades bastante neurótico, un científico de pasado trágico, un taxista antisemita y chauvinista, un encantador anciano judío, el dueño de una empresa de televisión por cable y un cirujano exitoso, originario del Cáucaso, como el acusado: con ellos quiere dar toda una visión panorámica de la Rusia actual, con sus males, su corrupción y sus luchas violentas y también con su sentimentalismo, su esperanza y su humor negro. Discriminación, intolerancia y prejuicio son temas que se ventilan en esta suerte de thriller psicológico que -como ha señalado alguna crítica- no sólo pone el acento en la cuestión del libre albedrío y la noción de justicia sino que sugiere una metáfora sobre el estado de la sociedad rusa actual.
"Me gustan los films donde vemos el destino de todo un país a través de los hechos individuales", ha dicho Mijalkov, que al hablar de 12 tuvo con frecuencia presente a Dostoievski y su reflexión acerca de que es más fácil amar a la humanidad, en general y en abstracto, que al individuo que es nuestro vecino. "No existe una vida más importante que otra, de cualquier extracción social que hablemos. Debemos aprender que somos todos iguales", subrayó.
Es cierto que en la Federación Rusa no existe el juicio por jurados, por lo que puede considerarse este aspecto del film como imaginario. Salvo que se prefiera interpretarlo como una expresión de deseos del cineasta teniendo en cuenta que 12 sugiere el provecho que tal modalidad acarrearía al alentar la confrontación y promover una mirada más plural y abarcadora, y quizá también avivar el debate, respecto de prejuicios que juzga muy arraigados.
Una curiosidad: su hermano mayor, Andrei Konchalovski, también ha abordado, aunque más frontalmente, la cuestión chechena, en un film reciente ( Dom Durakov ) que en Rusia fue criticado por considerárselo demasiado comprometido con el punto de vista de los insurrectos.
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