
Ornella Muti, la última diva
Una de las más bellas actrices del cine italiano festeja hoy sus 50 años de vida
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Eranse dos hermosas mellicitas romanas: Claudia y Francesca. Una de ellas, Claudia, a los 14 años ya tenía veleidades de star. Le pidió a su hermana que la acompañara a un casting para un film. Francesca fue, de mala gana, y presenció la prueba sin abrir la boca. El director del film, Damiano Damiani, reparó en el carácter áspero de la acompañante y la eligió a ella, a pesar de que no había competido. Le cambió el nombre: de Francesca Romana Rivelli pasó a ser Ornella Muti, un apellido inventado que aludía al "mutismo" de la chica durante la prueba. Así, en 1969, por azar, esta muchachita retraída debutó en el cine con "La mujer más bella".
Ahí comenzó la carrera de esta actriz que hoy registra unas 90 intervenciones en cine y en TV. Apenas ayer, su figura y su rostro lucían como los de una joven diva del cine italiano. Siguen luciendo, porque una vida sana, sustentada en un régimen macrobiótico, mantiene su lozanía, a pesar de que el calendario señala que Ornella Muti cumple 50 años hoy.
Se erigió en una de las presencias femeninas más sexies de los años setenta y ochenta, en su país, en Francia e incluso en los Estados Unidos. Hace tiempo que en la Argentina no vemos sus películas, pero ha seguido filmando sin descanso: en enero pasado protagonizó "La chica de las manos sucias", un telefilm de Raiuno que dirigió Renzo Martinelli sobre un escándalo financiero. Su vigencia en Europa se mantiene intacta, aunque en Italia ahora se habla menos de ella porque vive casi todo el tiempo en Francia, casada con un realizador parisiense. No obstante, hace poco regresó a Roma convocada por la blonda Eleonora Giorgi (debutante como realizadora, antaño la sex symbol de "Desnudo de mujer", de Manfredi) para asumir la heroína de "Uomini & donne, amori & bugie". Y también para el telefilm de Martinelli: la Ornella actual destella en la traza de Wanda, la madura secretaria de un poderoso empresario enjuiciado por corrupción (se alude a la ruidosa quiebra de la Parmalat); a los 45 años, y con las manos "sucias", Wanda se enamora como una adolescente.
Impactos y desaciertos
Su escasa estatura y sus increíbles ojos verdosos la impusieron como una belleza atípica del cine itálico, que proviene de la rara mezcla de un padre napolitano y una madre estonia. Después del debut con Damiani reaparece con éxito en "Paolo el ardiente" (1973), junto a Giancarlo Giannini, y en 1976 en "La última mujer", de Marco Ferreri, su primer contacto con este enfant terrible del cine peninsular, que aquí la exhibió en su primer desnudo en la pantalla. Su madurez despunta a principios de los años ochenta, de nuevo con Ferreri, en "Historias de locura común" (sobre Bukowski), y luego en un film con el que Pasquale Festa Campanile adapta su exitosa novela "La ragazza di Trieste": junto a Ben Gazzara, compone una suicida frustrada que acaba en un psiquiátrico. Ornella vuelve a mostrarse desnuda, pero esta vez rapada, una fuerte imagen que la catapultaría definitivamente.
Vuelve a filmar con Ferreri, el realizador que mejor exaltó su potencialidad de actriz, esta vez junto a Hanna Schygulla y Niels Arestrup: los tres conforman el raro triángulo de "El futuro es mujer" (1984). En otra de las audacias de su carrera, Muti luce aquí, sin prejuicios y con el vientre a la vista, su real embarazo de ese momento.
Entre impactos y desaciertos, en su copiosa filmografía uno encuentra de todo: comedias junto a Sordi ("Vacanze di Natale 91", de Enrico Oldoini), u otras, más locales aún, a las órdenes del exitoso bufo Carlo Verdone (como "Stasera a casa di Alice", 1990), intervenciones para consumo interno que contrastan con la proustiana "Un amor de Swann" (1993), en la que revistó en un elenco internacional. Y coprotagonizó, junto a Massimo Troisi, la coproducción "El viaje del capitán Fracassa" (1990), rara experiencia de Ettore Scola sobre un texto de Téophile Gautier (vista en Buenos Aires sólo en ciclos) en la cual, como modesta servidora de Muti, despuntaba una starlette francesa: Emanuelle Béart.
En 1988 Francesco "Citto" Maselli, legendario asistente de Visconti, compitió en Venecia con su film "Codice privato", un experimento condenado a escasa repercusión que desarrollaba un largometraje apoyado sólo en el monólogo de una única actriz, y para el desafío se prestó, una vez más, la impredecible Ornella. En 2000 filmó "Domani", con Francesca Archibugi, que, con modestas producciones independientes, se viene perfilando como la cineasta mujer más interesante de su generación.
Ya en este siglo, coprotagonizó, en lengua inglesa, "Hotel", de Mike Figgis, y en 2003 intervino en "Las valijas de Tulse Luper", el último trabajo de Peter Greenaway, un film críptico, dividido en tres partes, y cuyo polémico paso reciente por los mercados de Cannes y Venecia no resultó redituable ni para el director ni para Muti. Pero ahora -y también en lengua inglesa- se ha desquitado con "El libro de Jeremiah", coproducción angloamericana dirigida por Asia Argento (la hija de Dario), estrenada en Europa el 19 de enero último; en los flashbacks, Ornella y Peter Fonda son los abuelos del pequeño Jeremiah del título.
Hoy parecen haberla adoptado los franceses (que ya se habían deslumbrado con ella en 1977 en "Mort d´un pourri", un clásico de Georges Lautner). En los noventa filmó "Pour rire!", con Lucas Belvaux, y más recientemente protagonizó un film de Fabien Onteniente, "Jet set", cuya fuerte repercusión en la taquilla generó una secuela, "People Jet set 2", estrenada hace unos meses, y que refirma la vigencia de Ornella en las pantallas de Francia.
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