Pálido rescate de un clásico del terror
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"La masacre de Texas" ("The Texas Chainsaw Massacre", Estados Unidos/2003). Dirección: Marcus Nispel. Con Jessica Biel, Jonathan Tucker, Erica Leerhsen, Mike Vogel, Eric Balfour, Andrew Bryniarski, R. Lee Ermey y David Dorfman. Guión: Scott Kosar, basado en el film homónimo escrito por Kim Henkel y Tobe Hooper. Fotografía: Daniel Pearl. Música: Steve Jablonsky. Edición: Glen Scantlebury. Diseño de producción: Greg Blair. Producción hablada en inglés con subtítulos en castellano presentada por 20th. Century Fox de Argentina. Duración: 98 minutos. Para mayores de 16 años.
En 1974, Tobe Hooper sacudió al mundo con una pequeña y furiosa película de terror rodada con poco dinero (140.000 dólares) y muchas ideas. Convertida en un inmediato fenómeno de masas, aquella reconstrucción del caso real de un asesino serial se transformaría con el tiempo en un influyente clásico del cine de clase B. Tres décadas más tarde, Hollywood decidió que ya era tiempo de desempolvar aquella fruta tentadora y volver a exprimirla. Si el jugo comercial volvió a ser abundante (esta remake recaudó más de 80 millones de dólares sólo en los cines norteamericanos), en el terreno artístico el resultado es altamente decepcionante.
La crudeza narrativa, la potencia dramática, el espesor psicológico, la alegoría política, los inquietantes climas y -claro- el miedo y la tensión que entregaba el film original de Hooper se han convertido en manos de Marcus Nispel (un joven director nacido en Alemania y especializado en videoclips) en un producto tan calculado como mecánico, un largometraje donde el diseño de producción parece ser más importante incluso que los baños de sangre o los miembros amputados por el ya mítico Leatherface y su motosierra.
Las paradojas y el tiempo han determinado que, mientras la película de Hooper resultó un hito dentro del cine de terror al punto de que hoy nadie puede negar la influencia que tuvo en el posterior nacimiento de las sagas de Freddy Krueger o Jason, esta derivativa remake de Nispel resulta, en cambio, un remedo de elementos, estéticas, convenciones y resoluciones narrativas ya vistas en otros films como "El silencio de los inocentes", "El proyecto Blair Witch" o "Pecados capitales".
La premisa -típica del género de terror- es básica y contundente: cinco jóvenes viajan en 1974 por Texas (una zona presentada como si fuera poco menos que el fin del mundo) a bordo de una camioneta para disfrutar de un verano ardiente (en todo sentido) y participar de un concierto de Lynyrd Skynyrd. Pero, cuando deciden levantar en la ruta a una muchacha que aparentemente hace dedo, empieza un sinfín de desventuras. La chica se suicida a los pocos minutos en el asiento trasero y, cuando deciden denunciar el hecho ante la policía del pueblo más cercano, quedan a merced de una familia tan disfuncional como desquiciada, en la que aparece el apuntado Leatherface. Lo que sigue es un festival de planos-detalle de vísceras, mutilaciones, asesinatos rituales y -también- de las provocativas curvas de la pulposa (e inexpresiva) heroína que interpreta Jessica Biel ("Blade: Trinity", "Celular").
No hay aquí mayor interés por construir suspenso ni por justificar desde lo psicológico la acción de los criminales. Así, todo en esta posmoderna "La masacre de Texas" resulta arbitrario, gratuito, artificial y, a medida que van transcurriendo los 98 minutos, cada vez más rutinario. Un film superficial, previsible y elemental que habrá servido para engrosar unos cuantos bolsillos, pero que -a diferencia de su predecesora- no tiene reservado un lugar de privilegio en la larga y rica historia del cine de terror.

