
Pasado mañana llega "Bar El Chino"
El film de Daniel Burak, protagonizado por Boy Olmi, combina ficción con relato documental
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Pasado mañana se estrenará "Bar El Chino", opera prima de Daniel Burak que entrecruza ficción y documental. La película, que tuvo su premiére internacional en la sección Horizontes Latinos del reciente Festival de San Sebastián, se basa en un guión coescrito por el director, Beatriz Pustilnik y Mario Lion. La Argentina de fines de 2001, con el repiqueteo de las cacerolas en medio del caos político y social, enmarca esta historia protagonizada por Boy Olmi y Jimena La Torre, a quienes secundan Juan Pablo Ballinou, Pasta Dioguardi, Néstor Sánchez y Lucas Santa Ana. A ellos se suma el español José Sacristán, en una breve participación especial.
Encuentro casual
Olmi es Jorge Costa, un cineasta que sobrevive realizando films institucionales que no le interesan. Y que a partir del encuentro casual con Martina (Jimena La Torre), una joven reportera de televisión, decide retomar un viejo proyecto: hacer un documental sobre el tradicional reducto tanguero de Pompeya, Bar El Chino, tan emblemático como los personajes que lo frecuentan. Juntos encaran la realización del documental sobre este bar que resume valores e ideales con los que ambos se sienten identificados. En medio de una jornada de rodaje, se enamoran. Hasta que el contexto social coloca a la pareja ante una decisión difícil, que modifica radicalmente sus vidas.
Hasta aquí, la historia que cuenta la película, que para el director Daniel Burak es un relato "sobre el desarraigo, el valor de la amistad y el amor, tanto el filial como el sexual". "En un momento del film -agrega el cineasta, de 45 años- un personaje se pregunta qué es lo que nos queda cuando ya no queda nada. Y el tipo se responde que cuando ya no nos queda nada todavía nos queda lo más importante. La película también gira alrededor de ese concepto."
Pero detrás de esta película hay otra historia: la de los varios y distintos capítulos que atravesó su realización. Todo comenzó -parafraseando al tango escrito por Homero Manzi- en "un pedazo de barrio, allá en Pompeya": el Bar El Chino, un boliche de paredes descascaradas que a fuerza de no maquillarse de modernidad ni de traicionar su esencia tanguera se convirtió en una suerte de santuario, con fieles clientes tanto de nuestro país como del exterior. A principios de los años 80, cuando José Sacristán comenzó a frecuentar esta peña de tangueros en la que también solía cantar su fundador, "El Chino" Jorge Garcés, creció la fama internacional del lugar, cuya autenticidad y camaradería el actor español destacó en más de una nota periodística.
Daniel Burak llegó al bar de Beazley y Cachi un par de años atrás. "Me llevó a conocerlo Mario Lion -recuerda el director durante el diálogo con LA NACION-, y luego me propuso hacer un documental. Así me integré al proyecto. De entrada vimos la necesidad de incorporar algún personaje, de buscar algo que se desprendiera de la realidad. Con Beatriz Pustilnik y Mario Lion empezamos a escribir el guión de un largometraje, que cuando murió El Chino (en agosto de 2001) cambió completamente. Y que luego del 21 de diciembre de 2001 volvió a cambiar, porque estábamos frente a otra realidad, y sentimos que debíamos contar la historia de otro modo."
-Inicialmente ustedes iban a realizar un documental, del que mostraron imágenes en el festival de cine independiente porteño de 2000.
-Lo primero que pensamos hacer fue un telefilm documental. Y ya en ese proyecto había algo de ficción. Pero al morir El Chino esa ficción que nos planteamos dejó de tener sentido. Porque siempre lo documental era importante y no queríamos "recrearlo". Entonces, lo documental estaba muy atado a lo que sucedía. No sólo porque falleció El Chino, sino porque, además, el bar en esa época estaba en peligro concreto de desaparición (por la venta de la propiedad, que El Chino y su familia alquilaban). Además, creíamos que tampoco podíamos hacer un documental y asistir indiferentes a la muerte del lugar. Entonces pensábamos en cómo hacer que la película impidiera esa muerte del boliche. En ese sentido, tiramos un montón de ideas, que finalmente no se concretaron en la película que ahora estrenamos. Pero sí hubo varias mutaciones...Y ni que hablar de las dificultades financieras para encarar el film en medio de la crisis de 2001. Todo indicaba que lo mejor era no seguir adelante, pero seguimos.
-¿Cómo fue la experiencia con el público en el Festival de San Sebastián?
-Inicialmente yo pensaba "es una historia muy local, la voy a mostrar afuera y no van a entender nada". De hecho, en la película hay muchas cosas que no se comprenden estando fuera de nuestro país. Pero al parecer no son las importantes (sonríe), porque lo central de la historia en San Sebastián se entendió. Además, noté que la película generaba una corriente afectiva en el público. Los españoles salían de verla y me agradecían la película. Acabamos de presentarla en una muestra de cine en Colonia (Uruguay) y también fue muy gratificante la devolución que nos hizo el público.
-¿José Sacristán vio el film?
-Sí, pero no vio la versión terminada. Y creo que le gustó, porque dio toda su bendición al proyecto.

