
Paula de Luque, en busca del equilibrio
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"Cada forma tiene que colaborar con el contenido, y creo que las formas que elegí para contar mis películas son funcionales a lo que cuento", asegura la directora Paula de Luque, hasta ahora conocida por la experimental Cielo azul, cielo negro y El vestido. "En El vestido hablé de subjetividades que se definen por su no linealidad, los recuerdos, los tiempos paralelos y la forma que elegí es para eso es desde lo subjetivo que creo es algo que me caracteriza. Me interesa la condición humana, las historias de amor y su dimensión poética, y en Juan y Eva, que se trata de personajes que están cambiando su piel, dejando de ser lo que eran para enfrentar nuevos desafíos."
–¿Una película histórica?
–No precisamente. Lo que conocemos más es el desarrollo de la historia, pero Juan y Eva no son solamente lo que todos conocieron.
–¿Un momento?
–Es la etapa en la vida de ambos cuando se empiezan a construir. El peronismo está tan tratado por los historiadores que en un momento lo público tiene un límite de reconstrucción. Me interesaban esas dos partes de las que se componen un hombre y una mujer públicos, las que tiene un líder político, un conductor de masas, que puede enfrentar a millones de personas, es decir, una vida pública intensa, pero en la intimidad es un ser humano como vos o como yo; tiene contradicciones, peleas, sus miedos, penas y recuerdos. La película transcurre entre dos cataclismos: el terremoto de 1944 y el 17 de octubre de un año y medio después, muy poco en la vida de las personas y de un país. Todo estaba en eclosión y movimiento. La coyuntura está en los bordes: preferí quedarme con la intimidad. La ficción tiene sus propias reglas: no es un documental. Están los hechos históricos ciertos, pero tamizados por las reglas de la ficción, todos en función de la vida privada, y todos los de la intimidad que hubiesen influido en la pública.
–¿Eludiste la demagogia?
–No opino sobre los personajes; muestro características humanas, con puntos luminosos y oscuros. Hay una especie de imaginario colectivo en el que Perón es una especie de perdonavidas al que nada le importa, y otro en el que Evita es una bruta, y esos dos personajes que pasaron a la estampita no tienen matices. No quería eso.




