
¡Piratas!: Al abordaje animado
Hoy, se estrena este film de Aardman, el estudio especialista en la animación artesanal
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Hay trabajos que requieren de una atención minuciosa, un cuidado de los detalles que puede llegar a ser obsesivo. Y luego está lo que hacen en los estudios de animación Aardman, responsables de maravillas del cine infantil apto para adultos como Pollitos en fuga y Wallace & Gromit: la batalla de los vegetales , la aventura máxima de su perfecto dúo de comediantes/inventores, el despistado Wallace y su inteligente perro Gromit. Los magos de la animación stop-motion, en la que personaje y elemento que se ve en pantalla es animado a mano y y cuadro por cuadro, regresan a ella después de unos cuantos años de trabajar en el terreno digital. El esperado retorno es a bordo de un barco pirata. Claro que cualquier semejanza con la serie de Piratas d el Caribe es pura coincidencia. Es que en el tiempo en que Johnny Depp y los suyos se hicieron de un guión, filmaron y estrenaron la cuarta entrega de la saga, los muchachos de Aardman, comandados por uno de sus fundadores, Peter Lord, ya tenían el guión listo y habían empezado su rodaje.
"Somos una bestia que se mueve bastante lento", decía hace unos meses el propio Lord a la revista británica Empire. Y no estaba exagerando. ¡Piratas! Una loca aventura, que Sony -nueva socia de Aardman- estrena hoy en la Argentina, llevó más de seis años de realización. De hecho, sólo el rodaje duró un año y medio, en el que un equipo de 29 animadores daban vida a los personajes de a cuatro segundos por semana cada uno. Así de minucioso es el trabajo que se hace en el estudio ubicado en Bristol, ciudad portuaria a algo más de 160 kilómetros de Londres y a años luz de distancia de Hollywood. Es que los films de Lord y su socio Nick Park parecen existir en otro tiempo -de producción y contenido- que el que manejan en el centro de la industria del cine comercial. En los estudios británicos a nadie le llamó la atención que se necesitara un año de intenso trabajo para desarrollar la versión final, la que llegó a la pantalla de la barba del protagonista de la película, Capitán Pirata. Para justificar semejante detallismo alcanza con ver la importancia que en el mundo de los piratas se le da al vello facial y que en el caso del Capitán Pirata (así se llama) no hay mucho más que lo haga resaltar entre sus competidores. Que son muchos y bastante más despiadados que él, pero ninguno tanto como la reina Victoria, que en esta versión animada de una serie de libros creada por Gideon Defoe -sin parentesco con el escritor de Robinson Crusoe - odia a los piratas por sobre todas las cosas.
Así, más allá de un guión entretenido que combina a una reina iracunda harta de que su dominio de los mares le quede incompleto por culpa de los rebeldes, a un capitán manso con necesidad de ser aceptado por sus pares y a una tripulación que incluye a un marinero albino, otro trasvestido y un loro que no es lo que parece, el film de Aardman se destaca por lo que siempre se destacan sus películas: una belleza visual a prueba de cínicos. Un aire nostálgico que es parte del código genético de esos muñequitos que parecen de arcilla animados a mano, lentamente y con muchos pero muchos cuidados. Nada mejor que un personaje central que cuenta con 240 distintas versiones de su boca que expresan el mismo número de emociones diferentes para entender de qué se trata la animación stop motion . Un trabajo artesanal que requiere paciencia y una gran cantidad de sets de filmación construidos con elaborada pompa pero a escala para que hagan juego con los muñecos -que parecen de plastilina pero no lo son- protagonistas del film. Esta vez, los escenarios necesarios incluyen un barco pirata hecho completamente a mano que consta de nada más y nada menos que de 44.569 partes que bellamente ensambladas terminaron pesando 350 kilos. "Es nuestro trabajo más impresionante, pero tenía que serlo porque un pirata no es nada sin su nave", explicaba Lord, que hasta se animó a comparar y emparentar a su Pirata Capitán con sus creaciones más admiradas: Wallace y Gromit. De hecho, este protagonista podría ser el primo de la era victoriana de Wallace, ambos dulcemente desconectados con lo que sucede a su alrededor, siempre dispuestos a la aventura que no entienden del todo.
Lo cierto es que tanta maravilla artesanal también recibió más de una ayuda de la animación digital, una herramienta que la gente de Aardman ya había probado que sabe usar con Operación regalo. Ese encuentro del arte y la tecnología puesta a su servicio provocó la comparación de Aardman con la otra fábrica que produce grandes animaciones para todo el mundo: Pixar. Similares salvo por una pequeña gran diferencia. Al menos según Lord. "Puedo entender que nos comparen pero hacemos cosas muy distintas. Y además nosotros somos británicos y orgullosos de serlo".
Pura Pinta
El capitán Pirata, un navegante con más buena onda que botines

