
Poco más que efectos especiales
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"Swordfish, acceso autorizado" ("Swordfish", Estados Unidos/2001). Dirección: Dominic Sena. Con John Travolta, Hugh Jackman, Halle Berry, Don Cheadle, Sam Shepard, Drea De Matteo y Vinnie Jones. Guión: Skip Woods. Fotografía: Paul Cameron. Edición: Stephen Rivkin. Música: Christopher Young y Paul Oakenfold. Dirección de arte: Geoff Hubbard, Andrew Laws y Jeff Wallace. Producción de Joel Silver y Jonathan D. Krane presentada por Warner Bros. Duración: 99 minutos. Para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: regular.
La película comienza con un cínico monólogo a cámara en el que Gabriel (John Travolta) se burla de la falta de realismo y de riesgo de las películas de Hollywood, mientras desmenuza la película "Tarde de perros". A continuación, se presenta la escena de un robo armado a un banco de Los Angeles con toma de rehenes, que remite inevitablemente al clásico de Sydney Lumet con Al Pacino.
Pero las posteriores imágenes de una espectacular explosión filmada de forma grandilocuente con 135 cámaras fijas sincronizadas hacen olvidar cualquier parecido con aquella historia de 1975 y devuelven a "Swordfish" al status de moderno cyberthriller dotado con toda la parafernalia visual del cine de acción contemporáneo que permitieron los 80 millones de dólares de presupuesto aportados por los mismos productores de "Arma mortal", "Matrix" y "Contracara".
El comienzo del film, su estructura narrativa (se trata de un relato enmarcado con un largo flashback como eje) y ciertos rasgos de ingenio que se desprenden de algunos diálogos parecen guiños al neo-noir de "Tiempos violentos", de Quentin Tarantino o "Los sospechosos de siempre", de Bryan Singer, pero esa apariencia pronto se desvanece para regresar a los esquemas más transitados de los tanques hollywoodenses.
Dominic Sena ("Kalifornia", "60 segundos") no se aparta un centímetro de los cánones estéticos aprendidos como director de videoclips y comerciales publicitarios, y vuelve a entregar una película con todos los condimentos del denominado cine high-tech : intrincadas confabulaciones propias del mundo globalizado, hackers informáticos, música dance, fiestas ampulosas, consumismo ligado con cierta distinción, ironía disfrazada de inteligencia, erotismo exhibicionista y un largo etcétera que el lector podrá adivinar y completar a su gusto.
Terrorista seductor
Travolta interpreta a otro de sus seductores malvados, un terrorista canchero que se las sabe todas. Rodeado de bellas modelos, de eficaces guardaespaldas, de una holgada situación económica y de un discurso tan apocalíptico como reaccionario que en la comparación deja al Brad Pitt de "El club de la pelea" como un profeta del progresismo bienpensante, Gabriel ofrece 10 millones de dólares a Stanley (el australiano Hugh Jackman, llamado a ser el nuevo sex-symbol de Hollywood), un hacker hasta entonces retirado y capaz de infiltrarse en las redes informáticas más seguras, para así quedarse con los 9500 millones de dólares de dinero sucio acumulados durante años en cuentas secretas.
En esta suerte de remedo de las películas de James Bond, pero sin humor, sofisticación genuina ni demasiados hallazgos argumentales, el carilindo Jackman hará lo que haga falta porque su único objetivo es recuperar a su hija y se convertirá así en el héroe moral de la película, Halle Berry será una misteriosa femme-fatale que nunca se sabrá bien para qué bando juega, mientras que Don Cheadle será el implacable detective que seguirá el caso de cerca.
En esta película, que sólo puede disfrutarse como se disfruta de un placer culposo, hay atractivos tales como una persecución automovilística en plena ciudad o una secuencia aérea sobre los rascacielos de Los Angeles. Quienes se conformen con este tipo de ofertas, "Swordfish" puede resultar un entretenimiento medianamente convincente. Aquellos que esperan que el cine se aparte de las fórmulas, los golpes de efectos y sea algo más que un compendio de buenos efectos visuales, deberán buscar otras opciones.





