
Poco misterio y mucha apelación a la sensiblería en "Mirada de ángel"
"Mirada de ángel" ("Angel eyes", EE.UU./ 2001). Dirección: Luis Mandoki. Con Jennifer Lopez, Jim Caviezel, Sonia Braga, Terrence Howard, Shirley Knight, Jeremy Sisto, Victor Argo. Guión: Gerald DiPego. Fotografía: Piotr Sobocinski. Música: Marco Beltrami. Diseño de producción: Dean Tavoularis. Montaje: Jerry Greenberg. Presentada por Warner Bros. Duración: 102 minutos.
Nuestra opinión: regular.
En el comienzo, una breve secuencia capta la agitación que sigue a un desastroso accidente automovilístico. Con la borrosa mirada de una víctima -alguien a quien no vemos- se asiste a los esfuerzos denodados de una joven policía de Chicago por confortar a la persona herida y mantenerla consciente hasta que llegue la ayuda médica. Punto y aparte.
Después, tras el corte y la advertencia de que ya ha pasado un año, la misma agente -ahora sabemos que se llama Sharon y que sus métodos profesionales contienen una inusual dosis de violencia- se muestra excesivamente temeraria en un procedimiento que deriva en tiroteo y persecución: uno de los maleantes se le escabulle de repente y al rato irrumpe desde el ángulo más inesperado, la sujeta contra el piso y está a punto de dispararle cuando un desconocido ataca al malhechor y la libera. No hay que ser demasiado perspicaz para suponer que hemos asistido a la devolución de un favor.
Pero el film se desentiende de esa obviedad y prefiere detallar las extrañas costumbres del desconocido, que no era tal para el espectador porque ya lo había visto entrecerrar sus ojos azules de mirada intensa y deambular solo por las calles del barrio, las manos metidas en los bolsillos del holgado sobretodo y el ánimo atento para ayudar a cualquier prójimo en apuros. ¿Es un ex combatiente amnésico? ¿Un enajenado? ¿Un excéntrico?¿Un ser extraterrestre o sobrenatural?
Corte, y otra vez el cuento se desentiende de lo que ha sugerido. Se olvida del costado fantasmal que parecía haber inaugurado y opta por el realismo, en lo posible volcado al modelo teleteatral y lacrimógeno. Ahora sigue la trayectoria de los dos personajes, describe los lazos que dificultosamente van enredándolos en una relación amorosa e indaga lentamente en sus pasados y en sus secretos. Hay ahí mucho dolor que desahogar, mucha angustia callada que ha querido sepultarse en el olvido. Pero las heridas siguen abiertas y sólo lograrán ser restañadas cuando cada uno sea capaz de reconocerlas, padecer el sufrimiento que causan e intentar emprender un camino nuevo, sobre bases más honestas. Lo malo es que, para que esto suceda, el extraño que dice llamarse sólo Catch y la agente Sharon, cada uno a su turno, desembucharán sus largas y respectivas confesiones: uno, en la soledad del cementerio y frente a una tumba; la otra, ante una cámara de video y con familiares, vecinos y amigos como sorprendidos testigos. En el pasado, en el origen de tanto dolor están, claro, las respectivas familias, las disputas, las fatalidades, las culpas, los rencores, las ausencias. Unas cuantas imágenes de potente dramatismo vienen a ilustrarlo. El resto, la mayoría, son palabras. Y buscan la emoción.
¿Directo al corazón?
Receta infalible -habrán calculado el director Luis Mandoki y su libretista Gerald DiPego- para conmover a espectadoras (y quizá también espectadores) de corazón sensible, preferentemente aquellos que son susceptibles a las apelaciones sensibleras y no suelen reparar demasiado en las inconsistencias de la historia ni en la escualidez de los personajes. Seguramente fue exceso de optimismo o error de cálculo.
Es dudoso que tal efecto se produzca por más que Jennifer Lopez, otra vez, lidie contra la endeblez del papel que le tocó en suerte y se comprometa con su Sharon hasta contagiarle algo de su convicción y su fibra dramática. Jim Caviezel gasta miradas oceánicas e intensas queriendo decir algo que anda entre la ensoñación y la impavidez, pero así y todo su lánguida estampa de galán romántico parece encontrar alguna respuesta en el sector femenino de la platea. En el grupo de actores secundarios -siempre en lucha contra la pobreza de un guión que no les tiene miedo a los desatinos ni a los lugares comunes-, salen ganando la siempre segura Shirley Knight y el muy comunicativo Terrence Howard. A Sonia Braga, en cambio, se la ve avejentada y tensa y a Victor Argo, bastante más adusto y reservado que cuando le toca encarar a uno de sus habituales gángsters.
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