
Repetitiva comedia romántica
En Quiero robarme a la novia, Patrick Dempsey es un donjuán convertido
1 minuto de lectura'
Quiero robarme a la novia (Made of Honor, EE.UU./2008). Dirección: Paul Wiland. Con Patrick Dempsey, Michelle Monaghan, Kevin McKidd, Kathleen Quinlan, Sydney Pollack y otros. Guión: Adam Sztykiel, Deborah Kaplan y Jarry Elfont, basado en una historia de Adam Szytkiel. Fotografía: Tony Pierce-Roberts. Música: Rupert Gregson-Williams. Presentada por Columbia Pictures. Hablada en inglés. Duración: 102 minutos. Calificación: apta para todo público.
Nuestra opinión: regular
Un problematizado romance, diversas vueltas de tuerca en torno al amor y sus consecuencias y varios enredos que, desde el principio, ya se intuye cómo finalizarán son los sostenes de esta comedia que lleva el sello de este tipo de films a los que son tan adictos los productores norteamericanos. Esta vez la trama gira en torno de Tom, un joven donjuán que cambia de pareja con gran frecuencia y que sabe que puede confiar en Hannah, su deliciosa amiga y la única que lo acompaña en su alocada trayectoria cotidiana.
Todo es perfecto hasta que la joven decide realizar un viaje de negocios a Escocia, donde permanecerá seis semanas, mientras Tom se siente asombrado cuando cae en la cuenta de que su vida no tiene sentido sin ella. Mientras deja pasar el tiempo entre sus amigos que envidian su suerte con el sexo opuesto y su experiencia en el juego del básquet, él toma la decisión de que cuando Hannah regrese de su periplo le propondrá matrimonio. Sus planes, sin embargo, se vienen abajo en el momento en que se entera de que ella se ha comprometido con un apuesto y rico escocés y que piensa instalarse en Europa.
Plan de conquista
La tristeza se apodera de ese Tom que se había enamorado de Hannah casi sin darse cuenta, y cuando ella le propone que se convierta en la "dama" de honor de su boda él acepta con reticencia, y sólo porque de esa forma intentará conquistar a la muchacha y detener el casamiento antes de que sea demasiado tarde. El relato pretende afirmarse en la antigua idea de que el amor es invisible cuando lo tenemos frente a nosotros, y aquí ello transita por las aventuras y desventuras -algunas con gracia, otras calcadas de decenas de producciones de este género- de ese protagonista que tardará bastante en entender que la mujer de sus sueños estuvo siempre a su lado.
El director Paul Wiland intentó dar el ritmo adecuado a un guión que cae en repeticiones y se detiene en esos estereotipos que, en torno del amor, juegan sus partidas con cierta gracia forzada. La labor de Patrick Dempsey trata de salvar la inconsistencia de su personaje, en tanto que el resto del elenco suma caricaturescos elementos en torno de las peripecias de la pareja central. Bellos exteriores rodados en Escocia y aceptables rubros técnicos sobresalen en este relato que repite fórmulas ya muy conocidas y puede llegar a entretener a aquellos espectadores dispuestos simplemente a pasar una hora y media entre la degustación de baldes de pochoclo y las travesuras de estrambóticos personajes en busca del verdadero amor.






