
Schroeder baja al infierno colombiano
El film le valió la medalla de oro al mejor director en Venecia
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En los años ochenta, el narcotraficante Pablo Escobar instruía a los jóvenes colombianos diciéndoles que "no basta con matar, hay que rezar". Así, bajo las leyes de quien fue el jefe del Cartel de Medellín, se formaron entonces los sicarios, jóvenes asesinos a sueldo, de entre 15 y 17 años, que empuñan un revolver. Su sentido fetichista de la religión los lleva hasta rezarles a las balas. Y aunque son capaces de matar casi por capricho, los protege la Virgen María Auxiliadora. Pero sus vidas son tan cortas como las de una mariposa.
"La Virgen de los Sicarios", la polémica película de Barbet Schroeder que se estrena hoy en la Argentina, es la herencia de ese mundo de Pablo Escobar, el narcotraficante que, tras ser apresado, murió en 1993. Pero la furibunda realidad de Medellín (rebautizada "Metrallo" por estos chicos, una ciudad que festeja con fuegos artificiales cada vez que el Cartel envía un cargamento a los EE.UU.) llega con su verdad al cine a través de la obra literaria de Fernando Vallejo.
El escritor colombiano exiliado en México decidió escribir para Schroeder el guión cinematográfico del último volumen de "El río del tiempo", su saga autobiográfica. Huyendo como siempre del narrador omnisciente, de aquel que lo sabe todo, en "Entre los fantasmas" (1991) Vallejo narraba en primera persona el regreso después de treinta años de un escritor homosexual llamado Fernando a la ciudad natal, donde quiere morir. Y tan pronto confirma irónico el destino trágico de su país, ese escritor moribundo de esperanzas se enamorará como nunca del fruto de sus peores males.
Trágica ironía
Protagonizada por el actor colombiano Germán Jaramillo, y dos jóvenes de las calles de Medellín, Anderson Ballesteros y Juan David Restrepo, la película se rodó el año último en Colombia con fuertes medidas de seguridad, y unas cuantas extorsiones para el director. En el Festival de Venecia, Schroeder ganó una medalla de oro al mejor director. Y su estreno, en octubre del año último, se realizó en Bogotá en medio de un gran escándalo entre inquisidores y apologistas de la violencia, y finalmente fue un gran éxito de público. En Europa también se proyectó con buena repercusión. Y el 7 de septiembre se verá en los Estados Unidos.
Nació en Irán, se crió en Colombia, se formó en Francia y vive en los Estados Unidos. Barbet Schroeder, un realizador "peregrino" cuya despareja filmografía también registra sus devaneos artísticos ("Mi secreto me condena", "La reina Margot", "Mariposas de la noche" y, también, "Marte ataca", entre otras), dialogó telefónicamente con LA NACION desde Nueva York, donde se encuentra realizando el montaje de su próximo film, "Murder by Numbers", una producción americana, nuevamente sobre jóvenes asesinos (aunque éstos son ricos), con la actuación de Sandra Bullock.
En contra de los mejores comentarios sobre la dura realidad que retrata su película, Schroeder se esfuerza por pronunciar en castellano que "La Virgen de los Sicarios" es una versión hollywoodense de Medellín, muy romántica. "La realidad es mucho peor de lo que se ve en la película, que es básicamente una historia de amor, un bolero. Aunque tiene algún tipo de registro documental, yo no quería hacer un documento superrealista. Y por eso busqué por todas partes muchachos que además de tener mucha verdad también tengan cualidades de estrellas de cine, de los que consiguen que la cámara se enamore de ellos."
La imagen de la violencia
Así como en los sesenta, Fernando Vallejo desembocó en México detrás de la reconstrucción de los pasos perdidos del poeta errante Barba Jacob, Schroeder volvió a Medellín tras los pasos de Vallejo, "pero yo tuve la suerte de que él esté vivo para enseñarme todo su universo. A mí me gusta tomar el trabajo de un escritor y hacer un trabajo respetuoso, tratar de encontrar el equivalente en el cine de su universo. Ya hice lo mismo con Bukowski en la película "Mariposas de la noche", que, de algún modo, considero hermana de "La Virgen de los Sicarios". Claro que son escritores muy distintos, pero tienen cosas en común, son rebeldes, iconoclastas".
-Vallejo dijo en una entrevista que frente a la literatura el cine es menor, que la imagen es muy poca cosa frente a la palabra. ¿Cómo consiguió convencerlo de llevar su historia al cine?
-Yo comprendo su punto de vista, pero él tampoco dice que no se puede hacer cine. Para mí, siempre que elijo una obra literaria, lo interesante es poder trabajar junto con el escritor. En cuanto a él, creo que le interesó la idea de revisitar la historia de la virgen porque finalmente no es una adaptación totalmente fiel. Eso ya lo hizo varias veces Marguerite Duras con las relecturas de sus obras. El libro de Vallejo es un monólogo, y en la película los muchachos adquieren una importancia enorme a raíz de los diálogos, que están tan bien escritos que no fue necesario volver a adaptarlos para la pantalla.
-¿Por qué decidió reducir la cantidad de muertos de la obra?
-Sí, en la novela había 18 muertos en total, pero muchos eran metafóricos o alegóricos. Vallejo era partidario de mostrar a los sicarios, por ejemplo, baleando a una mujer embarazada porque la realidad es así, pero para mí eso era un problema. No quise mostrar esos muertos metafóricos en forma gratuita. Entonces quise tomar distancia del tratamiento de la violencia en las películas americanas y es por eso que técnicamente se ve poco de violencia, aunque hay gente que sale del cine horrorizada.
-El personaje del escritor repudia la violencia, pero finalmente encuentra en esa masacre de Medellín una historia que lo hace sentir vivo...
-Pero no es la violencia lo que lo hace revivir. El llega a Medellín para morir y encuentra una cosa mucho peor que la muerte, el dolor inmenso de un país, pero también un amor, aunque imposible. Y, por otra parte, ese muchacho, por defender también a su amor, va matando gente. Fernando puede optar entre permanecer con ese chico, porque es la cosa más importante que le sucedió en la vida, o dejarlo porque no lo podrá cambiar. Y decide quedarse.
-Su película fue tan criticada como apreciada por su ironía fatalista: se califica la injusticia social como una "infamia de Dios", se burla de Simón Bolívar y la violencia se cita como un acto habitual en un país "que no es Suiza".
-Es que tiene un humor muy colombiano. En las proyecciones con público completamente gringo hay mucho silencio, pero con espectadores colombianos hay muchas risas, porque todo el film está cargado de un humor muy especial.
-¿Los actores son verdaderos sicarios?
-Es imposible hacer una película con verdaderos sicarios. Estos son chicos de la calle que viven implicados en hechos de violencia porque allí todos llevan una vida violenta. Anderson es para mí el Montgomery Clift de la calle.. Le costó trabajo actuar, pero es muy carismático. Cuando filmamos la película vendía incienso en la calle y estuvo tres meses en la cárcel por robo. Vivía con su hermanito en una comuna que controla la guerrilla porque su mamá estaba en la cárcel. Durante el rodaje fue detenido por la policía por varios intentos de robo. A Juan David tuvimos que encontrarle un apartamento porque figuraba en una lista de personas para ejecutar elaborada por un grupo autodenominado "limpieza social". Finalmente, la madre de su mejor amigo fue asesinada y, luego, también el asesino.
-¿Actualmente, mantiene contacto con ellos?
-Sí, hablé hace un mes. La cosa anda muy mal por allá. Es la historia de siempre. Ya han gastado todo el dinero que recibieron de la película y quieren salir del infierno de Medellín e irse a otro país porque quieren actuar en películas. Yo he tratado de darles consejos, pero uno compró un bar y quebró y el otro se compró una moto, pero que también la quebró.
-¿Es cierto que organizó falsos rodajes para despistar a la gente y poder filmar tranquilo?
-Sí, para evitar disturbios porque hay mucha gente que no tiene empleo y que está en la calle y así no se puede rodar. Entonces organizamos un rodaje mucho más divertido a cien metros, así la gente iba a mirar y nos dejaba tranquilos.
-¿De dónde provenían las amenazas que recibió?
-Tuve muchas extorsiones. La guerrilla había lanzado un pedido de rehenes: pagaban mil dólares por cualquier extranjero, entonces el verdadero peligro no era la muerte sino el secuestro. Y mis guardaespaldas estaban muy nerviosos.
-Vallejo se pregunta para qué volver a Colombia, un país que considera "mezquino, envidioso y asesino", ¿qué lo hace volver a usted cada año?
-Yo viví mi infancia allí y llevo al país en mi corazón. Vallejo dice eso, pero él no se da cuenta de que, aunque no quiera volver, lleva a Colombia en la cabeza de por vida.
Rodaje arriesgado
- "En proyecciones con público gringo hay mucho silencio, pero con colombianos hay muchas risas porque la película tiene un humor muy especial."
- "Era imposible hacer el film con verdaderos sicarios; lo hice con chicos de la callle."
- "Durante el rodaje tuve muchas extorsiones. La guerrilla hizo un pedido de rehenes: pagaba mil dólares por cualquier extranjero, entonces el verdadero peligro no era la muerte sino el secuestro."


