Se aproxima el final del cine Cosmos

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20 de julio de 2006  

El cine Cosmos, de Corrientes al 2000, la gran obra del exhibidor y distribuidor Isaac Vainikoff, fallecido en 2003 a los 93 años, está en venta. Luis Vainikoff, hijo del dueño de este edificio de tres mil metros cuadrados construidos, con 4 pisos, 16 departamentos, 3 locales y dos salas de cine, informa que el precio de venta está en los 2.800.000 dólares. Y que el candidato más cercano es una cadena extranjera que planea convertirla en un nuevo hotel.

El viejo Vainikoff (periodista del diario Crítica, hombre de la cultura, ligado al Partido Comunista en tiempos difíciles, lo que lo llevó a tener que cambiarse su nombre por el seudónimo de Argentino Lamas) fundó la distribuidora de películas Artkino en los tiempos dramáticos de la Guerra Civil Española con la idea de juntar fondos para sostener la resistencia. Una vez finalizada la contienda, la distribuidora comienza a importar películas rusas con el doble propósito de, según Luis Vainikoff, "impugnar el avance del fascismo en el mundo y para constituirse en una alternativa al cine norteamericano". En 1955, Vainikoff y otros socios toman el Cataluña, un antiguo cine de barrio fundado en 1929, en pleno Once, de esos que daban tres películas distintas cada día. En 1967, el Cataluña, sala de 1200 localidades, se convierte en el Cosmos 70. Por su pantalla pasaron éxitos notables de la producción fílmica de Europa del Este: "La tienda de la calle mayor", "Pasaron las grullas", "Las arenas del circo", "Flores de piedra", "La batalla por Moscú", "Trenes rigurosamente vigilados", "Los amores de una rubia", "El frío verano del 53", "Joe Cola Loca", "El destino de un hombre", "Una niña busca a su padre" y clásicos de la filmografía soviética como "La guerra y la paz", "Huelga" o "El acorazado Potemkin". Entre noviembre de 1987 y noviembre de 1997 el Cosmos estuvo cerrado (funcionó allí la discoteca Halley) y en ese último año reabrió, remodelada, como pequeña sala de 175 localidades dedicada a la exhibición de materiales alternativos e independientes de todo el mundo. Desde hace unos años sumó otra mini sala de 35 localidades. En la segunda semana de julio, el Cosmos exhibió en video el documental norteamericano "Tarnation" y despachó 2057 localidades; con la francesa "Triple agente" vendió 342 entradas a 10 y 6 pesos, según días y horarios.

Luis Vainikoff, que junto con sus hermanos Alba y Hugo, ya fallecido, son propietarios del Cosmos, asegura que "seguimos pensando lo que pensaba mi padre respecto de la función social y cultural del cine. El sabía que una sala como ésta no es rentable ni aquí ni en ninguna otra parte del mundo. Pero en otros lados reciben subsidios de organismos que tienen interés en mantenerlas. Aquí, en cambio, parece que molestaran". Vainikoff sostiene que, de seguir con vida, su padre acordaría la idea de la venta. "Ya cuando reabrimos en el 97 - refiere- nos dijo que estábamos locos. Un poco porque a él le gustaba ver el cine en pantalla grande. Pero también porque decía que el negocio del cine acerca a muchos conocidos y amigos, pero de plata, ni hablar."

Con toda una vida afectivamente ligada al Cosmos, ahora la familia Vainikoff decidió desprenderse de las salas y del edificio en bloque. En principio fracasó la idea de afrontar las inevitables pérdidas del cine con el alquiler de los locales de la planta baja: en el más grande (de mil metros cuadrados) varios locadores no cumplieron y los dueños terminaron perdiendo dinero y con líos judiciales. La imposibilidad de cumplir totalmente con ciertas normas, por el llamado efecto post-Cromañón, colocó a la sala en una situación de extrema vulnerabilidad legal. También los arrinconó la exigencia oficial de la llamada cuota de pantalla para el cine argentino, dispuesta sin pensar que, como afirma Vainikoff, "difícilmente un film argentino independiente cubra la media de continuidad". El broche de oro, ironiza el dueño del Cosmos, ocurrió cuando en la edición reciente del festival cinematográfico porteño se prescindió del Cosmos como una de las sedes. "Ahí dije basta y lo puse en venta", concluye quien sintió la exclusión como una ofensa. Cuando se desprenda del cine, Vainikoff planea continuar con las actividades de la distribuidora Artkino y pensará en el mejor destino de los más de 500 títulos que integran su archivo. "Tal vez - imagina Vainikoff - ese material se le podría exhibir, en ciclos itinerantes por todo el país, a los miles de estudiantes de cine que hay, con la idea de hacerles entender que existió y existe otro cine."

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