
Sean Penn contra Hollywood
Es candidato a mejor actor protagónico, pero ya anunció que no irá a la entrega de los Oscar, pasado mañana. "La verdad -dice- es que me daría vergüenza estar allí"
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El impacto de un cómic que leía cuando era chico le marcó el camino por seguir. Sean Penn, actor y director, recuerda la imagen de ese hombre vagabundo que miraba a otro hombre, elegante, vestido de traje y con sombrero. "Entonces le dice: "No madure. La gente madura hace trabajos de m...". Eso me gustó", cuenta por teléfono a LA NACION, desde su casa, en las afueras de San Francisco, donde vive con su mujer, la actriz Robin Wright, y sus dos hijos, Dylan y Hopper.
Algunos en Hollywood opinan que este "chico malo", este hombre con fama de difícil ha suavizado parte de ese carácter algo áspero, espinoso. Y que, por ello, aquellas bulliciosas apariciones públicas en los ochenta con su ex mujer, Madonna, como sus reiteradas visitas a la cárcel y hasta sus conflictos con paparazzi han quedado sólo en la colección de anécdotas de los archivos periodísticos. Pero al recordárselo, Penn niega lo que se pudo haber escrito y, por lo tanto, dice: "No me interesan los supuestos cambios que algunos notan en mí ahora".
Y vuelve a aferrarse a ese ánimo de eterno disconforme. Y toma posición. No cree que su trabajo como director (ayer se estrenó su tercera película, "Código de honor") sea un modo de redimir al actor de la contaminación hollywoodense. "Mi plan es mantenerme en la lucha", sentencia quien interpretó a un condenado a muerte en el film de Tim Robbins, "Mientras estés conmigo".
Su lucha consiste en no convertirse en la ovejita que sigue silenciosa al rebaño. Por eso, una vez más avisa que no irá el domingo a la ceremonia de entrega de los Oscar, en la que podría llevarse una estatuilla como mejor actor por la comedia dramática "Mi nombre es Sam", que se verá en la Argentina el próximo jueves.
"Tendría que tomarme un avión hacia Los Angeles y la verdad que ya es mucho para hacer de un extra en un mal programa de televisión. En verdad, me avergüenza estar ahí, ante toda esa farsa de críticos que pretenden serlo, que le dicen a todo el mundo qué es lo bueno o lo malo de este negocio y que trivializan todo. En el pasado hubo una cierta dignidad en los premios, pero ya no."
"Es difícil no deprimirse en esta industria -insiste el protagonista de "Dulce y melancólico", de Woody Allen-. Muchas veces me he sentido decepcionado, tanto por el público como por los directores y productores. Está todo tan comprometido con la mediocridad que es difícil encontrar hoy un buen papel, o que te guste el trabajo terminado, aun cuando se trate de gente que yo respeto. Por eso mi ecuación es simple: si tengo la plata para pagar las cuentas, dirijo una película. Si tengo que salir a conseguir dinero, actúo."
Mi amigo Jack
Así fue como durante 2001 Sean Penn tuvo que salir a mover todas las piezas. Finalmente realizó un buen juego. Además de protagonizar la emotiva "Mi nombre es Sam", de la directora Jessie Nelson, trabajó en teatro (en una obra de Sam Shepard), y así pudo dirigir "Código de honor" (cuyo título original es "The Pledge", la promesa), en la que por segunda vez colabora con su gran amigo, Jack Nicholson.
Después de "Hermanos de sangre" y de "Vidas cruzadas", Sean Penn consigue reafirmar su solidez como director con este drama en el que, además de Nicholson en el papel principal y el de su mujer, Robin, se suma un selecto cast de actores: Sam Shepard, Hellen Mirren, Vanessa Redgrave, Mickey Rourke, Benicio del Toro y Harry Dean Staton.
Esta película podría considerarse una especie de variación de "Vidas cruzadas", que contaba el caso de un padre que salía de la cárcel a vengar la muerte de su hija. Pero el marco policial en "Código de honor" le sirve a Penn para acompañar la crisis que sobreviene a un policía en el momento de jubilarse, en el medio de un caso por resolver: el asesinato de una nena en el Estado de Nevada.
"Mi segunda película surgió de algo que escribí sobre la base de pesadillas -aclara-. Y "The Pledge", fue otro desafío, porque se basó en una novela de Friedrich Dürrenmatt. En realidad, me interesó involucrarme con un tema que no es muy tratado en el cine: el del varón americano y el modo en que su trabajo se relaciona con su identidad. Por eso mi foco no estuvo en las muertes, sino en la muerte de la identidad del investigador. Ese hombre que tiene un historial como militar, luego se transforma en policía "en cumplimiento del deber" y que vive en estructuras. La película muestra el colapso de su estructura. Esa crisis lo lleva a una obsesión en cumplimiento de una promesa moral, que incluso llega a poner en riesgo la vida de otros".
Vengar la sangre sigue siendo el motor de sus personajes. Pero Sean Penn cuenta que quiso darle otro enfoque al tratamiento de la revancha en el cine. "Hoy se presenta como algo bueno, necesario, que se celebra. Si te fijás en la política y en el modo en que los medios la reflejan, es evidente que cuando la gente está enojada se buscan palabras fáciles, y la revancha es la solución más fácil. La sangre es codiciada cuando se está con bronca. Y hoy la venganza define a un país, a un mundo. Pero para mí no es una buena definición."
Sean Penn habla de Jack Nicholson -a quien ya dirigió dos veces- como de un "gran colaborador". "Nos conocemos tan bien que podemos comunicarnos con gestos o sonidos. Con Jack pasamos un año trabajando en el proyecto antes de filmar. Y después todo estuvo fantástico. Es un tipo que me ha dado grandes claves como actor." Penn también consiguió el apoyo de otros actores reconocidos. De hecho, en su segundo film, la coprotagonista era Anjelica Huston. "No tenía tiempo de entrenar actores ni de trabajar con inexpertos -cuenta-. Les pregunté a varios si querían trabajar conmigo, y quisieron. Sin embargo, creo que algunos aceptaron por la presencia de Jack."
Secretos del set
La actriz francesa Isabelle Adjani contó, en 1997, lo confundida que se sintió una vez que se cruzó con Sean Penn en un bar de Nueva York, antes de que él partiera hacia el rodaje de "Mientras estés conmigo", actuación por la cual fue nominado a un Oscar y por la que ganó en Berlín. "Estaba tan quebrado en aquel momento -relató Adjani-. Se sentía infeliz con su vida amorosa y recuerdo que dijo: "Salgo mañana al amanecer a rodar una película. Ya veré qué me dan cuando llegue". Tenía un aire tan desconectado del proyecto, tan vacío y desmotivado, que yo misma me pregunté: ¿cómo se puede hacer una película en este estado? Finalmente, cuando vi la película sentí admiración por la concordancia entre el rol y el estado en el que el actor se encontraba en ese momento de su vida. ¿Pero cuántas veces sucede eso en una carrera?"
En la entrevista, Penn parece no querer confirmar aquel encuentro. Y como respuesta ofrece un: "Te voy a contar algo que Jack Nicholson me dijo al finalizar una escena en "Vidas cruzadas". Le pregunté de dónde venía esa emoción, y él dijo: "Es bueno tener secretos, Seanny". Y no dijo nada más. Creo que tratás de mantener tu energía para el set. Por eso cuando no estás allí estás como desconectado y mantenés tu fuego".
Penn había sido elegido en 1983 por John Cassavettes para protagonizar "She is so lovely", un guión que pasó por varias manos desde la enfermedad del director de "Una mujer bajo influencia". Con su muerte, y luego con la de Hal Ashby (el elegido para sucederlo), el guión llegó a Penn, que quiso hacerlo en blanco y negro, pero no consiguió la plata, hasta que quien lo concretó fue Nick Cassavettes (aquí se conoció como "Cuando vuelve el amor"). "Admiro lo que la mayoría de la gente admira de John: la manera en que muestra la vida de la gente, tan valiosa como una carrera de autos en una película de acción. El confió en la naturaleza humana como algo suficiente, sin necesitar de ningún artificio."
Se considera crítico con su trabajo, pero advierte "que no hay que serlo demasiado, hasta tal punto de destruirte. Cuando veo algunas actuaciones mías me siento humillado, pero es parte del trabajo, y no podemos hacer nada. Y no deberíamos hacer nada porque hay que dejar al director que dirija, que es el único modo en que un film puede funcionar, si es que tiene el control. Porque para que algo mágico suceda hay que confiar en el director". El dice que es muy protector con los actores cuando está al frente del set: "Estudio cuidadosamente sus actuaciones y el modo en que los guío. Y después paso tiempo editando hasta estar satisfecho".
En "Código de honor" un policía explica que encara su trabajo "como si estuviera en una película", con una cierta disociación de la realidad para enfrentar las situaciones más extremas. "Esa línea la agregué yo. Esa disociación en el trabajo del actor debe suceder con todas las películas. Yo encaro un papel con lo más emocional. Pero los actores son como los médicos: pocos son buenos. Yo noto un apetito en el arte de imitarse a sí mismos y por eso creo que se está trabajando en ciclos de estilo. Me interesa que la gente proteja su talento particular y no que brinde un signo de la cultura del momento. Ahora más que nunca está faltando diversidad. Siento que he visto la misma película seis veces en un año. Ya ni siquiera se habla con la voz del creador de la película, sino con la de la última película que se vio, que hizo cien millones. Y eso sucede con todo: la música de "El señor de los anillos" es la misma que la de "Titanic". Lo interesante es encontrar nuevas voces, como conocer gente nueva. No voy a pagar siete dólares para ver a una persona dos veces."
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