
Ser tierno y sentimental tiene su premio
El director del gran éxito de la pantalla francesa, Jean-Pierre Jeunet, odia a la nouvelle vague y dice que dañó el cine de su país En su primera película de nota, "Delicatessen", trabajó junto a su amigo el dibujante Marc Caro Para "Amélie" tuvo que dejarlo de lado porque Caro no soporta las historias románticas
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(The New York Times).- El último film de Jean-Pierre Jeunet, "Amélie", se ha convertido en el mayor éxito del año en Francia. "Durante años -dice Jeunet- he recogido en mi computadora una lista de las cosas que me hacen feliz, desde observaciones personales hasta recuerdos. Muchas de esas pequeñas cosas, todas ellas positivas y mágicas, se han volcado de alguna manera en «Amélie»."
El film, la historia de una tímida camarera de Montmartre (Audrey Tatou) que finalmente sale de su personal mundo de sueños para aceptar el verdadero amor, se sirve desembozadamente del sentimentalismo. Jeunet manipula digitalmente las nubes parisienses para que parezcan animalitos de paño; en un montaje con música de acordeón, Notre Dame, veteada por el sol, centellea en el fondo mientras Amélie y su amante pasan por delante en moto, colmados de dicha.
Una gran mayoría de cinéfilos ha saboreado con gusto la visión de Jeunet. "Amélie" es un film desvergonzadamente sentimental, pero también es mucho más divertido que un producto blando y poco gustoso como "Chocolate". El director, que trabajó con el historietista under Marc Caro en las fantasías "Delicatessen" (1991) y "La ciudad de los niños perdidos" (1995), ha dado a este film un estilo visual sólido y consistente que oculta el núcleo azucarado de la historia bajo varias capas de superficie colorida.
"Mis primeros amores fueron los cómics y los dibujos animados", ha declarado Jeunet. "En realidad, mis primeros cortos fueron experimentaciones con la animación." Esa influencia es palpable en cada cuadro de "Amélie", que con frecuencia parece un homenaje al historietista Tex Avery. Esta sensibilidad para el cómic influyó también la manera en que Jeunet visualizó a sus actores, especialmente a la esbelta Tautou. "Mi escena favorita con Audrey -explica Jeunet- es la del subte. Hay un momento, muy breve, en que se ve su silueta en sombras: con su pelo corto y los enormes zapatones negros que lleva, es exactamente igual a Olivia. Y eso me encanta."
Jeunet, que escribió el guión con Guillaume Laurent, está menos interesado en el realismo psicológico que en jugar con la forma cinematográfica. "Hace muchos años que deseo explicar toda la historia de un personaje por medio de un relato en off -dice-. Mi serie de TV favorita es "Los intocables". Pero era demasiado riesgo hacerlo, tener la trama principal en espera tanto tiempo."
Lo que Jeunet llama "la trama principal" es una crónica de los elaborados medios por los cuales Amélie logra impedir un examen de su propia soledad ayudando en secreto a otros. A su manera, Amélie es tan entrometida como la Emma de Jane Austen, con la diferencia de que todas sus maquinaciones son exitosas. En una escena conmovedora produce una carta falsa que convence a su vecina, una viuda deprimida, de que su marido abandónico en realidad la amaba.
Lluvia de cartas
"Cuando me mudé a París -recuerda el director- vivía en un vecindario donde había un centro para ciegos. Todo el tiempo había ciegos en la calle, y siempre deseé caminar silenciosamente detrás de uno de ellos y describirle todas las cosas maravillosas que nos rodeaban, los colores que él no podía ver, para después alejarme. Pero me da miedo hacerlo. De modo que Amélie lo hace en mi lugar."
En Francia, las buenas acciones de Amélie han inspirado a muchos imitadores en la vida real. "He recibido muchas cartas de personas que desean actuar como Amélie -dijo Jeunet con orgullo-. Una persona decía que cortaba en secreto el césped de una anciana que vive enfrente de su casa. Y una chica me cuenta en su carta que se sentó junto a una ciega en el autobús y le describió todo lo que se veía por la ventanilla. Esas cosas están ocurriendo ahora en París, y me parecen maravillosas."
Jeunet, que tiene 48 años, llegó a París a los 20, desde su ciudad natal, Nancy. Inmediatamente empezó a hacer "películas cortas y raras" con una cámara de súper 8. Lo último que se le ocurría hacer era un film de la nouvelle vague. "La nouvelle vague -dice el director- fue realmente terrible para el cine francés. En mi juventud, me aburría tremendamente con esas historias tan tristes, películas sobre parejas que peleaban en su cocina durante dos horas. ¡Por favor, que nos den un respiro!"
En 1974, en el Festival de Animación de Annecy, conoció a Marc Caro. "Los dos éramos fanáticos de los títeres animados", recuerda. Hicieron juntos algunos films al estilo del maestro checo Jiri Trnka. "Mi trabajo con marionetas es el motivo por el cual ahora quiero controlarlo todo. En ese sentido, soy como Tim Burton."
Por cierto, el director es famoso por su meticulosidad. "Preparo cada toma con anticipación, haciendo el storyboard y las fotos -explica-. A veces, me paso dos o tres días ideando una sola transición."
La necesidad de control del realizador, por otra parte, prolongó el trabajo de posproducción. "Casi todos los cuadros fueron alterados para embellecerlos -se justifica-. Como filmamos en digital, pude hacer cosas como intensificar el color, eliminar la basura de las calles y agregar muchos efectos especiales. Fue grandioso."
Cuando "Amélie" se estrenó en Francia, el año último, algunos críticos se sorprendieron por su tono agresivamente optimista. ¿Era éste el mismo hombre que había creado, en "Delicatessen", un relato apocalíptico de canibalismo? "Hace mucho que quería hacer un film así -confiesa Jeunet-, pero era imposible con Marc, que siempre se avergüenza con la emoción y detesta las historias de amor. Así que me dije: esto tendré que hacerlo solo."
Disney en Montmartre
Por cierto, el hecho de que "Amélie" haya sido tan adorable (y exitosa) ha producido represalias. El Festival de Cannes la rechazó, y en el periódico Liberation el film fue acusado de "llevar EuroDisney a Montmartre".
Jeunet empezó a bosquejar "Amélie" en 1997, mientras vivía en Los Angeles durante la filmación de "Alien: la resurrección", su única producción en Hollywood. Aunque le gustó trabajar para un gran estudio cinematográfico -también conoció en California a su novia, Liza Sullivan-, el realizador sentía nostalgia. "Estar lejos de Francia me hizo echar de menos un París de cuento de hadas, el París de mi juventud. Por eso el Montmartre del film tiene tantos efectos visuales. Es pura nostalgia, y no veo nada de malo en eso."
Jeunet es integrante del grupo de "Galywood" (el Hollywood galo), formado por directores franceses, como Luc Besson, que se inspiran más en Spielberg que en Godard. Por cierto, Jeunet no es un artista intelectual. Dice que no lee, "salvo en vacaciones", y aunque "Amélie" se inspiró en parte en "Los 400 golpes" de Truffaut (que también transcurre en Montmartre), su sensibilidad intensificada está más próxima a la extravagancia pop de "Moulin Rouge", de Baz Luhrmann.
Para deleite del realizador, la fantasía de Montmartre que él creó ha empezado a contagiar al verdadero Montmartre: las panaderías locales venden muchísimas "baguettes de Amélie" y los turistas se arremolinan en el almacén donde Amélie hace la compra. "Ahora hay más vida en las calles de Montmartre -dice Jeunet, con satisfacción-. Antes de la película, el dueño del café donde trabaja Amélie, el Deux Moulins, estaba a punto de venderlo. Ahora está tan lleno que nunca lo venderá", añade con una sonrisa. "Los departamentos se han encarecido, también. Y todos mis vecinos dicen que es por mi culpa."

