Mi amigo abominable: signos del futuro de la animación

Una muy decidida muchacha china descubre a un mitológico pichón de yeti en su terraza y decide llevarla de vuelta a su hábitat natural. El bicho escapa de la codicia de emprendedores, lo que desprende un previsible mensaje en favor del equilibrio ecológico y las ventajas de alejarse de ciertas alienaciones tecnológicas. Detrás de esa consigna aparece una aventura amable, entretenida y por momentos espectacular que quizás aporte alguna certeza sobre el futuro de la animación. La película (fruto de una ambiciosa alianza entre Hollywood y China) transcurre en una ciudad china actual, con personajes de rasgos bien occidentales. Nuestra opinión: buena
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