Sólido tributo a un artista original
Gambartes, verdades esenciales (ídem, Argentina/2004, color; producción documental hablada en español). Dirección: Miguel Mato. Guión: Silvina Chague y Miguel Mato. Fotografía: Sebastián Pereira y Sergio Dotta. Asesoramiento musical: Diego Vila. Edición: Emiliano Serra. 72 minutos. Apta para todo público.
Nuestra opinión: buena
La voluble memoria de los argentinos hace que el arte de Leónidas Gambartes (Rosario, 1909-1963) sea alternativamente olvidado y recuperado, y que en ese ir y venir caprichoso cada redescubrimiento genere una nueva fascinación. Sucederá otra vez con este nuevo documental que se le dedica (el primero fue un corto rodado por Simón Feldman en 1958), si bien aquí lo que se procura es esbozar un retrato múltiple del artista y del hombre más que un minucioso estudio de su valiosa obra.
El formato elegido por Miguel Mato ( Nunca más, prohibido olvidar ) es el que mejor armoniza con la personalidad de un creador concentrado en sus búsquedas temáticas y expresivas mucho más que en la procura del éxito o la popularidad. De los distintos testimonios recogidos entre su círculo más próximo -la familia, los amigos, los colegas-, y de la serenidad sin altisonancias ni paroxismos con que se los expone, surge la figura de este maestro esencialmente americano que indagó como pocos en el mundo que lo rodeaba: la cotidianidad, la vida de la gente común y los suburbios rosarinos primero, y más tarde las tradiciones, los ritos, los mitos y los misterios ancestrales que manifiestan la profunda relación del hombre con su tierra. Gambartes creía que el artista debe ser "antes que nada un revelador de verdades esenciales", y él lo era.
Retrato
En el campo próximo a Rosario donde están reunidos, lo evocan sus familiares -esposa, hijos, nietos- y sus viejos amigos. Entre todos -más otros aportes llegados desde lejos- definen a un hombre de rica imaginación y gran sensibilidad; un trabajador obstinado al que no pudieron doblegar las limitaciones de su visión ("Ciego, voy a seguir pintando", decía); un gran conversador que podía ser irónico, provocador y hasta ácido pero también afectuoso; un simpatizante comunista nunca dogmático y siempre atento a la realidad social; un profundo conocedor del arte moderno que prefirió permanecer en su medio y perseguir la esencia de la identidad americana. Un pintor original, en fin, que aplicaba la técnica (o la inventaba, como hizo con el cromoyeso) según su necesidad expresiva. "Tenía la gran capacidad de tomar de donde le hacía falta y convertirlo en Gambartes", resume su colega Hugo Padeletti.
El film rescata tramos del corto de 1958 y se detiene en algunas de las obras que ilustran distintas etapas de su carrera relativamente breve, pero lo sustancial está en los testimonios y en el modo en que éstos se van complementando o corrigiendo en la marcha de la conversación. Algunos de los recuerdos más tiernos y jugosos y de los juicios más inteligentes son aportados por la esposa del pintor; por su hija, la teatrista Betty Gambartes; por su nieto Ariel, y por Krass y Salktzmann, amigos entrañables. El film sabe captar y transmitir la emoción que ellos (y los demás) vuelcan al evocar a un artista cuyo regreso a la escena siempre es para celebrar.



