
Teresa Costantini dirige a María Vaner
Ambas acaban de rodar "Sin intervalo", en formato digital
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"Sin intervalo", la película que acaba de rodar Teresa Costantini, es una propuesta de características algo atípicas. No tanto porque se realizó en formato digital (una alternativa que va sumando adeptos aquí y en el exterior). Sobre todo en lo argumental, dado que la directora se propuso trabajar con un guión no convencional. En su segundo largometraje (antes hizo "Acrobacias del corazón"), Costantini encaró una investigación basada en la descripción de cada uno de los personajes y en ir fijando pautas para los ejercicios de improvisación que realizó, primero, con cada uno de los actores; luego filmó con todo el grupo durante dos jornadas en las que el aporte colectivo fue redondeando el argumento.
La propia actriz y directora detalla los motivos por los cuales destinó el año a trabajar con esta metodología experimental. Entusiasmada por la experiencia, que ahora transita por la etapa de posproducción, Costantini deja entrever que el estreno de "Sin intervalo" -previsto para 2002- puede llegar a ser tan inusual como las características que rodean a la película.
"Tenía en carpeta un guión de estructura más simple, una historia con pocos personajes. Pero comencé a fantasear con las posibilidades que brinda esta nueva tecnología digital -explica Costantini-. Y empecé a trabajar con dos actrices, con la intención de improvisar algo, crear un personaje y situaciones sobre la marcha. En medio de ese proceso, surgió la idea de filmar en un solo decorado, en estudios, en pocos días y experimentando con el video digital. Este fue un año raro para todos, y sentí cierta urgencia de hacer algo rápido, de trazar una meta corta."
-¿Por eso se planteó un proyecto con estas características?
-Preferí dedicarme a investigar y experimentar porque no tenía un guión que me apasionara como para empezar a pensar en una preproducción, o en armar un futuro largometraje. Y también quería darle un cierre al proceso de "Acrobacias del corazón", mi opera prima.
-¿Cómo fue enriqueciendo una historia basada, sobre todo, en la improvisación?
-En mi cabeza siempre tuve el guión, sólo que me permití sorprenderme por cada situación que surgía durante el rodaje. La improvisación enriqueció el conflicto inicialmente planteado, ya que aparecieron otros elementos que sirvieron para construir la historia. El nuevo desafío es el trabajo de edición, ya que ahí se reescribe el guión que tenía bosquejado. Creo que el secreto consiste en tener en claro la noción de contar un cuento.
-¿Valorizando la importancia de contar una historia, como los narradores clásicos?
-Absolutamente: yo empecé como alguien muy lectora, estudiante de literatura. Por esa relación constante que tengo con la literatura, creo que el cuento es lo que más se parece a un guión, porque es una estructura cerrada que empieza, se desarrolla y tiene un final. Y ésa no es la estructura de una novela, precisamente. Por eso siempre aflora la voluntad de contar un cuento. En este caso, el cuento está; quizá lo raro o diferente sea la forma de llegar a plantearlo como proyecto.
-Un proyecto no convencional, ¿será estrenado convencionalmente?
-Sinceramente, mi interés inicial era tratar de dejar el material en digital y hacer un periplo con actores y técnicos para hablar sobre esta experiencia y mostrar el producto: contar cómo lo hicimos, que se pueden encarar películas de esta manera con menores costos y filmar sin un límite de tomas para cada escena. Además, hay muchísimos lugares donde proyectar en digital, en Buenos Aires y el interior. Lo mismo ocurre en el exterior. En Nueva York hay una sala chica, en el Downtown, donde exhiben cine latinoamericano y estrenan numerosas películas en video. Más allá de esto, si la película funciona e interesa, la amplío a 35 milímetros y la estreno en salas comerciales.
-Después de esta experiencia ¿descarta volver al soporte fílmico?
-No, pero es una manera de demostrar que hay otras alternativas audiovisuales para poder seguir filmando. Por otra parte, si en el Instituto de Cine hay fondos para una cantidad determinada de créditos por año, al haber productos que se pueden hacer por 150 mil dólares, creo que con esos fondos se podría apoyar a una mayor cantidad de películas. Y, probablemente, todos los directores querrán trabajar de este modo. Me refiero a la opción entre no hacer nada y tener la posibilidad de desarrollar el oficio. En esa instancia, creo que todos preferimos hacer. Es como buscar alternativas a la crisis.
-Dicho por alguien que tiene recursos económicos para desarrollar proyectos más costosos, o producir obras dirigidas por otros realizadores, esto suena curioso.
-Sí. Pero no creo que los recursos sean lo más importante: no hacen al producto. Actualmente una película de producción mediana cuesta alrededor de dos millones de dólares. Y hablar de esa cifra en la situación de crisis por la que atraviesa la Argentina es un disparate. Entonces hoy uno tiene que pensar el cine en términos sensatos y racionales. Por otra parte, a esta altura de mi vida y mi carrera, hay una parte de los recursos que quiero destinar a seguir ensayando y aprendiendo, porque me apasiona estudiar, investigar e ir adquiriendo un poco más de oficio.
-¿La directora está desplazando a la actriz?
-Quizá por las características de este proyecto, esta vez no se me cruzó por la cabeza la idea de actuar. Pero el año próximo voy a estrenar "Cena entre amigos", una obra teatral que dirigirá Luis Romero, con Ana María Picchio, Patricio Contreras y Vando Villamil. De todos modos no descarto la posibilidad de volver a trabajar en cine como actriz. Incluso podría ser en la película de otro director. No descarto ninguna posibilidad, porque amo la actuación y también me apasiona dirigir.
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