Un ciclo sobre Alain Corneau

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24 de junio de 2002  

Con films como "Serie negra", "Policía Python 357", "La amenaza" y "La elección de las armas", Alain Corneau se consolidó como uno de los grandes exponentes del policial francés de los años 70.

Cierta parte de la crítica francesa intentó encasillarlo como un continuador -sin tanto vuelo- del film-noir que habían cultivado realizadores como Henri-Georges Clouzot, Julien Duvivier, Jules Dassin o Jean-Pierre Melville, pero con el tiempo Corneau demostró que su capacidad para trabajar los géneros no se limitaba al policial y fue así que incursionó también en el cine épico de aventuras, en la comedia o en los musicales de época.

Para recuperar parte de esa rica filmografía, el Teatro Municipal General San Martín y la Fundación Cinemateca Argentina, con el auspicio del Servicio de Acción Cultural de la Embajada de Francia, organizarán desde el próximo martes un ciclo integrado por seis films -en impecables copias en 35 milímetros subtituladas al español- de este director nacido hace 59 años.

Corneau estuvo en diciembre último en el Festival de La Habana para acompañar, precisamente, esta retrospectiva, aunque bastante más amplia que la que se presentará ahora en Buenos Aires. En el marco de esa visita, el realizador conversó con LA NACION respecto de sus películas y de sus polémicas posturas respecto del estado de las cosas en el cine francés actual.

-¿Por qué decidió abandonar el policial negro?

-Porque el público francés lo abandonó antes. Llegó un momento en que al espectador medio dejó de interesarle ese género, seguramente influido por cierto sector de la crítica más intelectual, que empezó a despreciarlo.

-¿A quiénes se refiere?

-A la banda liderada por la gente de la revista Cahiers du Cinéma, que le ha hecho un gran daño al cine francés. Ellos atacaron a más de un director talentoso por cuestiones ideológicas y terminaron arruinándoles la vida. Han sido críticos muy elitistas, demasiados politizados y creídos, apuntando con el dedo quién tenía que filmar y quién no. Por suerte, se ha formado un núcleo muy fuerte de gente joven que los ha enfrentado y hoy han perdido bastante poder.

-¿Quiénes conforman el sector anti-Cahiers?

-Hay directores como Bertrand Tavernier y Patrice Leconte que han denunciado públicamente a esa crítica supuestamente vanguardista y decididamente malintencionada. Pero también han surgido críticos y directores jóvenes que tienen una visión del cine industrial francés mucho más abierta y lógica.

-¿Usted se siente entonces más cerca de Luc Besson que de Jean-Luc Godard?

-¡Claro! Yo no podría filmar de la manera en que lo hacen él, Mathieu Kassovitz o Jean-Pierre Jeunet, pero les reconozco un enorme talento, una capacidad para encontrarse con un público masivo. El fenómeno de "Amélie" fue muy importante para el cine francés. En cambio, no me interesa el cine que hicieron o hacen los directores de la nouvelle vague, con algunas excepciones, como François Truffaut y Eric Rohmer.

-Sin embargo, el tipo de policiales que hacen los jóvenes directores no tiene demasiadas conexiones con los que usted hizo.

-Yo intenté seguir una línea que se identificó con autores norteamericanos como Raymond Chandler, Dashiell Hammett, James Cain o Jim Thompson, pero que encontró en Francia otra forma de expresión distinta del cine negro norteamericano. El tratamiento psicológico, estético, político y hasta formal del film-noir francés se diferenció del hollywoodense y marcó una corriente muy interesante. Pero, como dije, ya no hay espacio para ese género. Ahora, los jóvenes quieren un cine más espectacular, con escenas de acción, artes marciales, explosiones y un montaje vertiginoso. Yo no estoy en condiciones de ofrecer eso, pero la nueva generación, sí.

-¿Por qué recién a partir de mediados de los años 80 decidió incursionar en otros géneros?

-Porque, como cinéfilo y melómano ecléctico que soy, no me gusta encasillarme. Amo el jazz, pero también la música clásica, así como el cine negro o la obra de Stanley Kubrick. Odio las segregaciones y apuesto a la diversidad. Las divisiones, los encasillamientos, que es una suerte de deporte entre los críticos de Libération, Le Monde, Les Inrockuptibles y Cahiers du Cinéma. Yo hice cine negro, policiales más comerciales, adapté a Tabucchi y a Jim Thompson, recibí muchos elogios por un musical de época como "Todas las mañanas del mundo", e hice superproducciones como "Fort Saganne" y "Prince du Pacifique", que costó más de 15 millones de dólares y se estrenó en 500 salas. Trabajé con grandes actores como Gérard Depardieu, Catherine Deneuve, Yves Montand, Simone Signoret, Jean-Pierre Marielle y Philippe Noiret, entre muchos otros. ¿Esa diversidad me hace cuestionable, sospechoso? ¿Hay que hacer siempre lo mismo porque eso se considera "prestigioso"?

-¿Y qué le falta hacer?

-No sé ( piensa y se ríe ). Creo que lo único que me queda por hacer es un buen film de ciencia ficción. Ahora que lo pienso, no es mala idea.

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