
Un conmovedor film iraní abrió la muestra
Se vio anoche "Las tortugas vuelan"
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Una película difícil de olvidar inauguró la vigésima edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Tan bella como demoledora, "Las tortugas también vuelan" ("Turtles can Fly"), del director kurdo-iraní Bahman Ghobadi, abrió -fuera de concurso- la Sección Oficial del certamen. Un comienzo fuerte, de título enigmático, que estilísticamente pone en jaque la clásica división entre ficción y documental, para dar cuenta de pesadillas que viven tantos inocentes, y no precisamente en sueños.
La producción irano-iraquí de este cineasta de 36 años obtuvo el año último la Concha de Oro al mejor film en el Festival de San Sebastián. Quien escribe esta nota fue testigo de la conmoción que causó en el festival donostiarra esta crónica situada en un pueblito del Kurdistán iraquí, donde un grupo de niños (muchos huérfanos; gran parte de ellos mutilados) trabaja desactivando minas antipersonas que luego se venden en el mercado negro.
Bahman Ghobadi plantea la historia en los días previos al ataque de Estados Unidos a Irak. En ese pueblo cerca de la frontera con Irán y Turquía, los habitantes buscan desesperadamente una antena parabólica que baje a sus televisores las últimas noticias del "mundo exterior". Pero el anticipo de que la guerra está cada vez más cerca se revela de forma nada mediática, a través de un chico mutilado que llega al lugar junto a su hermana y el hijo de ésta.
Cualquier espectador sensible difícilmente no se conmueva frente a la estremecedora historia que cuenta el film de Ghobadi. Más aún, porque los pequeños protagonistas de "Las tortugas también vuelan" no son actores. "Tres días después de la caída de Saddam Hussein, fui a Bagdad para el estreno de mi segunda película, «Gomgashtei dar Aragh». Con una cámara de bolsillo, filmé material en Bagdad y en otras ciudades, para hacer un documental sobre las secuelas de la guerra. Pero al regresar a Irán y ver esas imágenes, cambié de idea. Decidí volver y hacer un film que reflejara el sufrimiento de esos niños dañados por la guerra. Mi película no trata sobre política, sino de la vida real de la gente de allí", dijo el cineasta luego de recibir el galardón en San Sebastián. "Estos niños mutilados jamás habían visto una cámara de cine -agregó-. Les pedí que vivieran sus vidas delante de la cámara; no quería que actuaran. La película se hizo con mínimo control desde la dirección, y se deja llevar por las vidas de esos niños."
"Las tortugas también vuelan" destila sinceridad, poesía y equilibradas dosis de humor. "No se puede hacer un documental sobre lo que ocurre en esos lugares -reflexiona Ghobadi-. Para el espectador, sería insoportable ver ese horror, asimilar tanto dolor. Por eso, al principio de la historia, introduje cierto grado de comicidad, hasta de alegría, para aliviar en cierto modo la tensión."
En cuanto al título de su tercer largometraje (debutó en 2000, con "Zamani barayé masti asbha / A Time for Drunken Horses"), el director kurdo-iraní explica la elección con la misma honestidad que expone esta magnífica película inaugural del certamen marplatense: "No sabría decir muy bien qué significa. Quería un título llamativo, que atraiga al espectador, para que nadie se olvide de estos niños -que han envejecido rápidamente- ni del mensaje del film". Acertada estrategia la de Bahman Ghobadi. "Las tortugas también vuelan" no sólo es un buen título. Y su película difícilmente caiga presa del olvido.




