Un documental de alto vuelo
Pasado mañana se estrenará en el país "Tocando el cielo", de Jacques Perrin, película sobre las aves que tuvo gran éxito en Francia y fue nominado al Oscar
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El vuelo de un pájaro siempre ha simbolizado la libertad. Pintores como Picasso y Braque, y también muchos poetas se inspiraron en su movimiento liberador. Y entre tantas letras de canciones hay una muy ocurrente que dice: "El pájaro vio el cielo y se voló". Pero escasas veces se ha pensado en un pájaro como un sobreviviente permanente que vive en emergencia y en su vuelo se traslada de polo a polo en busca de alimento, casi sin detenerse. Después de varias experiencias en relación con la naturaleza, entre las que se destaca el documental "Microcosmos" (que posa un gran teleobjetivo sobre la vida de los insectos), el actor, productor y director francés Jacques Perrin pensó en las aves y realizó "Tocando el cielo", que compitió por un Oscar junto a "Bowling for Columbine", fue vista por tres millones de espectadores en Francia, y pasado mañana se estrenará en la Argentina. Este documental consiguió seguir en su vuelo, y de un modo muy peculiar, a una gran diversidad de especies en el mundo, durante cuatro años. "Empecé a trabajar en esta película después de haber hablado con muchos científicos y ornitólogos sobre la existencia admirable de los pájaros -cuenta Perrin a LA NACION, por teléfono desde París-. Es admirable por la combatividad, por el compromiso con la vida, porque está siempre al borde del peligro, sorteando obstáculos. Vivir para un pájaro es una supervivencia permanente. Y si los tomamos como ejemplos, ¡qué enseñanza nos dan a nuestra existencia! El albatros viaja sin parar alrededor del planeta, unos 40.000 kilómetros. Es una máquina de vuelo". Cinco equipos de filmación, unas 450 personas, 17 pilotos y 14 realizadores participaron de este desafío de mostrar a los pájaros en sus rutas migratorias desde la isla Skrudur en Islandia, pasando por Nebraska en los EE.UU. y Kenya en Africa, hasta Nepal y las islas Malvinas, por sólo mencionar algunos recorridos.
Perrin cuenta que estuvo un año y medio para preparar la primera máquina voladora que acompañaría la trayectoria de varias especies de pájaros: "Primero tomamos el método de un gran ornitólogo y premio Nobel que fue Conrad Lorenz. El había realizado un trabajo de incubación de huevos de pájaros en cautiverio, de modo que éstos, al quebrar la cáscara, lo reconocían a él como a su padre. Y también conocíamos a un piloto canadiense, Bill Lichman que, diez años antes, había volado con patos en un ultraliviano. El también había utilizado ese método, y los pájaros lo acompañaban mientras él volaba su avión".
-¿Entonces, ustedes consiguieron que los pájaros los siguieran en su vuelo?
-Exacto. El cincuenta por ciento del film se hizo con pájaros que han seguido el aprendizaje de la coexistencia con el hombre. Entonces paseás y te siguen, te subís al auto y te siguen, y un buen día tomás un avión y vuelan a tu lado.
-¿Qué tipo de aviones utilizaron para la filmación?
-Planeadores tradicionales, helicópteros, ala delta, globos aerostáticos y ultralivianos de motor. Al principio no sabíamos si la experiencia iba a funcionar. Nos llevó cinco meses el aprendizaje de volar junto a ellos. Hay que saber cómo comportarse en el aire porque a veces los pájaros te siguen y otras se alejan para que vos los sigas. Pero ya se habían acostumbrado al ruido del avión. Hay varias escenas simbólicas, como la de la mujer que intenta darle de comer a un ave que llega a su campo, o la del chico que libera a un pato de una red en el agua. Siempre se muestran imágenes de cazadores, por eso nos gustó filmar una situación que se da mucho en un pueblo de India donde las grullas vuelven en cada estación y la gente no las caza ni las espanta. Los patos siempre se enredan en las redes de los peces. Y el chico que en la película quiere liberarlo deja un pequeño cordón. Y, maravillosamente, al año siguiente, ese chico volvió a encontrarse con ese pájaro que volvió a detenerse en el mismo estanque.
-Y en el momento en el que el pingüino que es atacado por los petreles, ¿qué hicieron ustedes fuera de cámara?
-Una decena de operadores veía que delante suyo había miles de petreles comiéndose a los pingüinos más pequeños. ¿Qué hacer?, se preguntaron, pero decidieron no intervenir en el ciclo natural de las cosas. Pero en revancha, cuando en otra situación nos encontramos frente a unos cangrejos que atacaban a un pequeño pingüino que estaba solo, decidimos ponerles a los cangrejos un pescado seco sobre la playa para que se alejaran de él y no lo lastimaran. En el film da la sensación de que es el pingüino al que se están comiendo, pero no, lo salvamos.
-La película se distancia de las realizadas comúnmente por la televisión. Hay un narrador que interviene poco y da más lugar a lo que ocurre.
-En un documental para la TV hay que explicar todo. Y los científicos sugirieron que más que explicar las cosas a los espectadores hay que hacerlos amar. Si quieren más detalles pueden comprar un libro. Cuando hay un narrador no hay mucha emoción, pero cuando un film sugiere sentimientos sin contarlos uno se acuerda con emoción. Yo quería además que el espectador no fuera indiferente frente a los pájaros. Es necesario comprender un poco más en silencio todo lo que un pájaro es capaz de hacer.
-¿Es cierto que tiene un proyecto para realizar en la península Valdés?
-Sí, comencé a trabajar en un film sobre los océanos, que durará dos años. Para eso pienso viajar por todo el mundo, pero especialmente por la Argentina. Me interesa hacer un film sobre la belleza del mar y sobre lo que hacemos con el mar: la polución industrial, la manera en la que se degrada el mar y la manera en que ese territorio de libertad se nos presenta.
El director
Jacques Perrin comenzó su carrera como actor en 1959, y desde entonces ha trabajado en películas como "Z", de Costa Gavras (que también produjo); en "Las señoritas de Rochefort", de Jacques Demy; "Cinema Paradiso", de Giuseppe Tornatore; y "Pacto de lobos", de Cristophe Gans, entre otros films de una larga lista.
Como productor, además del film de Costa Gavras ganador de un Oscar, estuvo a cargo de "11.09. 01: el día que cambió el mundo", "Le peuple singe", "Microcosmos" e "Himalaya".





