
Un niño maldito de la escena berlinesa
Se montará "Sexo según Mae West"
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Tómalo o déjalo. Es que con el germano René Pollesch no hay medias tintas.
Autor y puestista de sus propias obras, desde hace unos años programa la sala Prater, el espacio más experimental de la Volksbühne, el búnker estatal de la renovación estética de la siempre renovada y fascinante Berlín. La misma compañía que años atrás trajo a Buenos Aires "Murx, una velada patriótica", el impactante trabajo del suizo Christoph Marthaler, y la temporada pasada presentó en el marco del Festival Internacional de Buenos Aires "Endstation Amerika", el polémico trabajo de Frank Castorf.
A la seguidilla de directores germanos que han pasado por aquí, parece ser que ahora se ha sumado este tipo sumamente amable. Es que en septiembre se montará "Sexo según Mae West", en Elkafka, con puesta de Luciano Cáceres y producción del Instituto Goethe.
"Mis textos no se comprenden al amparo de las ideas y las concepciones que uno tenga presentes", escribe él mismo. Dice una estudiosa alemana que lo suyo se trata de un "teatro enfático, fanáticamente histérico y teórico; un teatro de los cortocircuitos intelectuales y del exacerbamiento intelectual". Y, a juzgar por dos de sus obras editadas en castellano, "Sexo..." y "Heidi Hoh ya no trabaja aquí", pareciera ser que tiene razón.
¿De qué se trata la obra que conoceremos en Buenos Aires? Lo explica él mismo. "«Sexo» es una obra procapitalista. Existe, de hecho, en la sociedad una unión entre dinero y amor que permanece oculta. Y como eso existe, lo que necesitamos es dar cuenta de esa relación, que aparece justamente en los vínculos más tradicionales en los que el hombre es el que trae el dinero y la mujer es la que cuida a los chicos. Esto también es aplicable al sexo porque la mujer mantiene relaciones sexuales a cambio de ser mantenida, algo instalado en buena parte de la sociedad como algo no dicho. Lo que hacemos nosotros es formalizar eso. También se dice que el dinero destruye al amor. Nosotros nos negamos a eso. O decimos: «No necesariamente»".
René Pollesch sigue ametrallando: "Nos rebelamos contra el sentido tradicional del concepto de amor. En general se dice que el amor tiene que ver con la casualidad. Yo creo que no. Tiene que ver con el dinero, y el dinero sí tiene que ver con la casualidad, en contraposición a la creencia de que tiene que ver con el trabajo. Uno dice que el amor no se pude comprar, pero yo creo que sí".
Lo anticipé apenas comenzó la nota: "Tómalo o déjalo".
Yo, en contra
Sigue este niño maldito de la escena berlinesa: "Existe una tradición en Alemania que tiene que ver con el teatro de izquierda, el teatro que critica al capitalismo; yo voy en contra de eso".
-En 2004, montó ocho obras. ¿Cómo hace para sostener semejante nivel de producción?
-¿Spregelburd no monta tantas obras al año?
-No.
-Bueno, soy director de la sala más pequeña de la Volksbühne y ahí hay muchos actores; por ese motivo es más fácil montar obras. Además, trabajo mejor cuando no me tomo vacaciones y estoy metido en una especie de tren en el cual estreno, estreno y estreno. Y como las obras surgen con los actores, nos transformamos como en una especie de grupo de amigos que nos reunimos y hacemos cosas. En la Volksbühne no se paga demasiado, es un teatro pobre; por eso viajo y estreno en otros sitios para tener más dinero. Por ejemplo, lo que gano en un año como director artístico de la sala, lo gano haciendo un montaje en Viena.
Van quedando más cosas en claro. Por ejemplo, que es algo bueno investigar en Berlín y cobrar en Viena.
Del trabajo que realizó aquí con los actores de "Sexo" dice que fue una experiencia fascinante. "Estaban muy interesados en explorar ese texto, de entender por qué no existe una historia, por qué ese texto ni tiene figuras", apunta en su tercera visita a tierras sudamericanas.
Un extremista
Quizá vuelva para el momento del estreno, pero no lo sabe. Por ahora, está subido a su propio tren. "Si vuelvo o no, no tiene que ver con la idea de ejercer cierto control sobre lo que se hace con una obra mía. Me quedé muy conforme con el trabajo con los actores y con Luciano Cáceres. De hecho, tanto Chile como la Argentina son las únicas dos excepciones en el mundo en las que dejo la puesta librada a un director. Y si vine, sólo fue para explicar el contexto en el cual surgieron esos textos y dejar bien en claro que no son dramas, en el sentido estricto del término, y que no se trata de diálogos", dice, a horas de tomarse un avión con destino a su país.
Tómalo o déjalo, otra vez. René Pollesch no dirige otros textos que no sean los suyos. Y la idea de que alguien monte un trabajo suyo sencillamente no le cierra. Por ese motivo, directa o indirectamente, debe estar allí presente.
- ¿Eso significa que cuando usted muera de alguna manera va a morir su teatro?
-Sí.
Lo dice como lo más natural del mundo y todo indica que no se trata de una pose (aunque con la gente de teatro uno nunca sabe). Después de una pausa, continúa: "Si bien en mi juventud alabé a los grandes poetas alemanes, hoy por hoy creo que todo eso no tiene sentido. Creo que, por ejemplo, Shakespeare no dice nada de nuestra realidad. Entonces, ¿cuál es el sentido de montar sus obras?
-Parece que la idea de un mensaje hacia las próximas generaciones es algo que no le cierra. ¿Eso se debe a que sus obras están ligadas al aquí y al ahora y no soportarían posteriores lecturas?
-Es que el montaje de una obra de William Shakespeare, o de otro clásico, parte de la base de que existe un núcleo constante en la esencia humana. Ese trabajo de puestas clásicas niega la evolución de la especie. En "Hamlet", por ejemplo, se pone a un hombre en primer plano y a las mujeres casi histéricas a su alrededor. De ese modo, se está desconociendo todo lo que pasó con el movimiento feminista. Se suele escuchar que existe una eterna lucha entre los sexos a lo largo de la historia. Sin embargo, no lo creo. Por eso, montar a un clásico es una actitud, digamos, un tanto reaccionaria.
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