
Una sátira efímera según Rob Schneider
El actor se para delante y detrás de cámara
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Un abogado enjaulado (Big Stan, Estados Unidos/2007). Dirección: Rob Schneider. Con Rob Schneider, David Carradine, Jennifer Morrison, Scott Wilson, Richard Kind, Sally Kirkland y M. Emmet Walsh. Guión: Josh Lieb. Fotografía: Victor Hammer. Música: John Hunter. Edición: Greg Babor y Richard Halsey. Presentada por Pachamama Cine. Duración: 105 minutos. Apta para mayores de 16 años.
Nuestra historia: regular
Rob Schneider es uno de los tantos cómicos surgidos del popular show televisivo Saturday Night Live y, tras haber trabajado en varias películas de su amigo Adam Sandler y de haber encabezado algunos films como Los calienta bancas , asumió por primera vez tanto la dirección como el protagonismo absoluto en Un abogado enjaulado . El resultado de esta doble incursión delante y detrás de cámara, sin ser vergonzoso, no es demasiado estimulante. En este sentido, un dato comercial es por demás significativo: la película acaba de ser lanzada de manera directa en DVD en los Estados Unidos.
Schneider es el Big Stan del título original, un abogado corrupto que se dedica a engañar a clientes (con predilección por las ancianas) con insólitos proyectos inmobiliarios de tiempo compartido. A los pocos minutos de película, el protagonista es arrestado por fraude, llevado a juicio y sentenciado a tres años de prisión, pena que deberá cumplir luego de un período de gracia de seis meses. Durante ese semestre, este millonario en desgracia se someterá a un intensivo y despiadado entrenamiento supervisado por El Maestro (David Carradine), que lo transformará en un experto de las artes marciales para así sortear su peor pesadilla: ser violado en la cárcel.
Una vez tras las rejas, el abogado enjaulado del título se convertirá en el líder del precinto y en el posible socio del director del lugar, decidido a concretar una oscura maniobra inmobiliaria. La película alterna algunos pasajes logrados (siempre dentro de un tono delirante y jugado al absurdo) y cede demasiadas veces a los lugares más comunes del humor vulgar y chabacano.
Hay un par de buenos personajes secundarios (David Carradine, el veterano abogado que interpreta M. Emmet Walsh) y una incorrección política sobre temas como el racismo y la homofobia que, por supuesto, se terminarán resolviendo de manera tranquilizadora. Nada demasiado elaborado, inspirado ni novedoso para una sátira efímera y menor.
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