Zaramella se anima
El argentino presenta en la sección Panorama sus últimos trabajos de animación
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Este año la animación se hizo un lugar en el Festival de Cine Independiente. Con el norteamericano Bill Plympton a la cabeza, y seguido de cerca por la canadiense Caroline Leaf, el argentino Juan Pablo Zaramella se las ingenió para colar algunos de sus cortos en la sección Panorama.
Fan de la animación con plastilina, Zaramella estuvo por estos tiempos siguiéndole los pasos a su último trabajo, "Viaje a Marte", que giró por festivales locales e internacionales cosechando premios. La gatita ilegal, El espejo tiene 1000 caras, El desafío a la muerte y El Guante, seguido de algunos making of, completarán una grilla plagada de historias de colores.
De los pocos que se le atreven a la animación por estos lares, Zaramella admite que su carrera como autor independiente comenzó alrededor de 2000, cuando aparecieron las primeras computadoras personales caseras que permitían editar video digital, en una calidad más que aceptable.
"El Guante y El Desafio de la muerte los hice totalmente por gusto. No tenía ningún plan definido para esos cortos. Los hice porque siempre me gustó hacer películas. Y cuando empecé a ver lo que pasaba en los festivales, que había un mercado para eso, que se podían vender derechos de televisación afuera, que podías recuperar la plata, dije, bueno, vamos a apostar un poco más. En esa época fue que Mario (Rulloni, guionista) me contó una historia. Y el paso siguiente fue Viaje a Marte".
-¿Por qué elegís trabajar en general con plastilina?
- La plastilina es el recurso más práctico. Te permite una flexibilidad enorme, que el personaje se mueva como vos quieras. El problema es que lleva mucho tiempo animar. Para cada cuadro de animación tenés que estar retocando las huellas digitales, y todas las imperfecciones de la plastilina. Lo que hice con el último corto, es empezar a usar partes de látex, que me permite tener la misma flexibilidad que con la plastilina, pero sin que se deforme. Eso acelera un poco el proceso. Hacer Viaje a Marte nos llevó dos años, un año y medio de filmación, y el resto de guión y edición.
-¿Trabajaste con mucha gente?
- El corto fue hecho entre tres, cuatro personas. Todo empezó con un amigo, Mario Rulloni, que resultó ser el guionista. En una cena en casa me contó una anécdota de cuando era chico. Cuando tenía 6 años era fanático de la serie Ruta 66. Y estaba fascinado con viajar a California, que era el lugar donde transcurría. Cuando uno es chico no se da mucha idea de las distancias, un lugar puede quedar a 15 minutos o 10 horas. Entonces Mario le dijo a su abuelo, que trabajaba en el mercado del Abasto de Villa María, y tenía una camioneta de reparto, que lo lleve a California. Y el abuelo le dijo que sí. Lo subió a la camioneta y lo llevó a un pueblito cualquiera de Córdoba. El en el camino se durmió, y cuando se despertó el abuelo le dijo "llegamos a California". El abuelo de Mario es el verdadero gestor de Viaje a Marte, un maestro. Cambiamos California por Marte, y entonces el viaje es a un lugar en la tierra de estos tantos que hay pedregosos y con rocas erosionadas por el viento.
-¿Cómo empezaste?
-Empecé a los veintipico, estudiando animación en el Instituto de Cine de Avellaneda. En mi adolescencia fui humorista gráfico. Pero a mí siempre me gustó mucho el cine y quería hacer algo más allá de un chiste que empieza y termina en un cuadrito. Creo que de toda esa época me quedó el humor, que es un tema que siempre está presente como condimento en todos mis cortos.
-¿Tenés pensado hacer un largo?
-Estamos con Mario empezando a tirar ideas. Montones de ideas, a ver si en una de esas surge algo. Hay que pensarlo tranquilo, porque el largo son otros tiempos, mas allá de la producción misma. Voy a necesitar si o si gente para filmar y para animar, y en la Argentina no hay muchas personas que se dediquen a la animación stop motion.
-La tecnología digital democratizó mucho el ambiente de la animación...
-Sí, como me pasó a mí les pasó a un montón de animadores. Ya antes de 2000, con la creación del programa flash, un montón de animadores pudieron hacer sus animaciones con sólo tener acceso a una computadora. La difusión en Internet es otro gran cambio que hubo en los últimos años, acá en la Argentina y en el mundo. Ahora la animación está más al alcance de todos. Obviamente, no todo lo que vas a ver va a ser bueno. Es más fácil encontrar cosas mediocres en medio de semejante auge, pero es buenísimo que todo el mundo tenga la posibilidad de hacerlo. Hace 20 o 30 años la gente que está surgiendo ahora no hubiera podido siquiera tener acceso.
-¿Hay futuro para la animación en la Argentina?
-El futuro posible es que empiecen a destinar plata a la animación, los organismos oficiales, y quizás los privados también. Que se empiece a apostar un poco más a la animación de autor, no solo a Patoruzito. Y algo que la Argentina podría hacer a favor de la animación es dejar de doblar las películas acá, por favor. (se ríe)
Para ver
Los cortos de Juan Pablo Zaramella podrán verse, con entrada gratuita, el domingo 17 a las 19 en el Abasto. Algunos de sus trabajos también se encuentran en www.zaramella.com.ar


