Comedia zarpada que no funciona
Mi abuelo es un peligro (Dirty Grandpa, EE.UU. / 2016) / Dirección: Dan Mazer / Guión: John Phillips / Fotografía: Eric Alan Edwards / Elenco: Robert De Niro, Zac Efron, Zoey Deutch, Aubrey Plaza / Distribuidora: Diamond / Duración: 102 minutos / Calificación: Apta mayores de 16 años.
Nuestra opinión: regular
Mi abuelo es un peligro intenta ser políticamente incorrecta, ofensiva y graciosa, sin conseguirlo del todo. Lo intenta con demasiado esfuerzo, como un adolescente que quiere parecer canchero frente a sus amigos diciendo malas palabras y hablando de sexo y drogas. Aunque en el caso de la película, más que de una postura forzada se trata, por momentos, de dar un paso atrás con la incorrección y terminar incluyendo escenas propias de la comedia romántica.
La trama es sencilla. Cuando muere la abuela de Jason (Zac Efron), un joven abogado muy estructurado, su abuelo Dick (Robert De Niro) lo engaña para que lo lleve en auto a la zona de descanso en Boca Raton. En el camino, Jason se encuentra con una vieja compañera de clase de fotografía, una chica muy linda y hippie, el opuesto total de Meredith, la insoportable novia con la que se casará en pocos días.
El abuelo empieza a mostrar una personalidad que Jason desconocía, tomando, drogándose e intentando levantarse mujeres todo el tiempo. Ambos terminan yendo a Daytona, donde los estudiantes universitarios van de vacaciones de primavera, en busca de playa, drogas, sexo y alcohol. El resto es imaginable: abuelo y nieto van a tener situaciones "desopilantes", enfrentarán problemas y terminarán estrechando su lazo.
Muy pocos chistes funcionan y los personajes tienen poco desarrollo, casi nulo en el caso de los femeninos. De Niro puede actuar cualquier cosa, aunque en este caso no termine de divertir del todo, y Efron intenta mantener un equilibrio entre mostrar su talento para la comedia y exhibir su cuerpo para satisfacer a parte del público. La gran comediante Aubrey Plaza está desperdiciada como un personaje que es sólo variaciones del mismo chiste (¡uy, que zarpada!).
La película nos hace creer que va en una dirección anárquica, intentando ofender a todos, subiendo en cada escena la apuesta de cuán ofensiva puede ser. Hay una constante búsqueda de la reacción del público, del tipo "¡Ay, no puedo creer que hayan dicho/hecho esto!". Pero en la segunda mitad da marcha atrás. Entonces, tiene que redimirse por chistes ofensivos sobre los gays y cuidar que los negros pandilleros que había presentado con el más esquemático lugar común no sean tan estigmatizados. No se termina de decidir por volcarse de lleno a la incorrección política y tampoco la deja de lado, quedándose a mitad de camino. A algunos los va a ofender mucho y para otros no va a ser suficiente. Pero la mayor ofensa es lo poco graciosa que es.
En los 80 se hicieron muchas comedias de este estilo bien poco sofisticado. Pero los personajes tenían su encanto y la irreverencia no era agresiva sino lúdica. No está mal que una película quiera rebelarse contra las normas del buen gusto para hacer reír. Sólo es necesario que se la juegue en serio y que los chistes sean graciosos.





