
Como ninguna mujer de José Ignacio
Dominique Sanda
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Es diferente a todas las mujeres que caminan por José Ignacio. Alta, piel transparente, largo vestido oscuro y esa mirada azul. Dominique Sanda, la famosa actriz francesa, vive de este lado del planeta: unos meses en Buenos Aires, frente al Zoológico, y otros cuantos frente al mar uruguayo que le recuerda su infancia. "Teníamos una casita cerca de Bordeaux, en Arcachon, donde el mar es igual de bruto, vigoroso, con ese color que adoro. A pesar de la rigidez de mi familia, la infancia me dejó postales de gran felicidad. Ellos no eran ni un poco divertidos. Yo me sentía diferente, quería volar, pero ellos se empeñaban en poner trabas y hacerme pequeñita. Quizá por eso me casé a los 15 años con un señor que ya ni recuerdo. Tuve amores y maridos, un hijo, y ahora paso los días más hermosos junto a Nicolás Cutzarida, que me ama, me cuida del mundo, de la gente que no es gente, de la vida. Soy excesivamente sensible, todo me hace mal."
Se quiebra y pide permiso para levantarse y traer café. "Hoy estoy especialmente triste porque ayer murió mi amado perro. Yo venía presintiendo algo hacía algunos meses. Miraba fotos suyas o el cuadro con su cara, que me había regalado un artista amigo, y pensaba: ¡Dios, que viva muchos años! Mi dolor es insoportable. Vino un camión a descargar tierra y él se enredó debajo. Murió en mis brazos", relata la actriz de Il Giardino dei Finzi Contini, film de Vittorio de Sica que ganó un Oscar.
Tiene departamento en París, pero cada vez pasa más tiempo en América del Sur con su marido, filósofo, de origen rumano. "Llegué a esta parte del mundo por sugerencia de un amigo escritor, Edgardo Cozarinsky, que me dirigió en el film Guerreros y cautivas, sobre un cuento de Borges. Bajé del avión, me recibió una mujer muy educada que me dio un solo beso (en Francia se dan dos), cosa que me encantó. Le dije que no me llevara al hotel, sino a San Telmo. Y fue increíble. Además del encanto del lugar me llamó la atención que la gente me gritara ¡Dominique! y me sonriera con tanto cariño. Por momentos creía estar en Italia."
Por trabajo, Sanda llegó a la Patagonia. "Esos paisajes infinitos, el viento, el silencio. De a poco iba creando lazos con este mundo nuevo, y empecé a filmar. Hice Yo, la peor de todas, con María Luisa Bemberg; El viaje, de Pino Solanas. Luego necesité irme e hice teatro en Italia, Francia y Suiza. No pensé que volverían a llamarme, pero evidentemente era mi destino. En 1998 filmé Garage Olimpo, una película muy dura sobre los desaparecidos, y a los dos años estaba construyendo esta casa acá, en José Ignacio. Jamás hubiera imaginado semejante locura. En Europa no se empiezan las casas de cero: se compra una y se recicla. Fue una aventura feliz."
El paraíso de Sanda tiene vista abierta al océano, un jardín soñado en el que ella misma trabaja y escaleras de madera escoltadas por jazmines celestes. Ya no está su perro amado, pero sí una pequeña galgo atigrada que un día recogió de la playa. "Esta es una casa tranquila, sin televisor, con largas horas de silencio absoluto. Nicolás vive concentrado en su tesis y yo estoy leyendo algunos guiones que me han mandado. Me hace feliz leer, caminar por la playa vestida, darme un chapuzón cada tanto y salir a hacer las compras. El pan lo hago yo misma. Soy naturista, casi no como carne. Me encanta cocinar y casi nunca salimos a comer, excepto a un lugar que queda aquí cerca, en La Juanita, que se llama El Tercer Ojo. No sé qué se usa hacer en José Ignacio. Soy lugareña y siento que un pedacito de mar me pertenece. Y escribo... Soy feliz acá."
Sanda exprés
Buenos Aires: "Adoro la ciudad, pero no la polución, los ruidos ni los días de pleno calor en el centro tóxico. Disfruto viendo y sintiendo las copas de los árboles, que desde mi séptimo piso se ven más grandiosos. A veces me despiertan los sonidos de los animales, algún gallo. Disfruto de la ciudad. Voy al mercado, tomo colectivos, veo arte, recibo amigos".
París: "Es todo belleza por donde se la mire. Está tan bien pensada, es tan ciudad. Amo sus edificios, sus bistros y esa cosa de que a nadie le importe demasiado del otro. Aunque falta calidez, es la libertad".
Italia: "A mí, que al principio soy un poco tímida, Italia me hizo muy bien. Me abrieron los brazos, me protegieron, me amaron y aceptaron. Yo era muy jovencita y frágil".
Casamientos: "Me casé tres veces, pero considero que fue una sola vez. Los dos primeros casamientos fueron como un suicidio. La paz y el amor de hoy son irreemplazables".
Hijo: "Mi querido hijo, Yann, tiene 33 años y vive en Suiza. Estamos pasando por una etapa triste porque él no quiere verme. Tiene dos hijos. Al mayor lo conozco y es un encanto; al más pequeño no. Es una historia complicada que tiene que ver con el pasado, la relación con su padre, y, bueno, cosas que suceden en esta vida".
Sensible: "Soy pisciana y todo me llega de manera especial. Pienso que no nací para vivir en este mundo. Me cuesta mucho la vida. No puedo con la mentira, el doble discurso, la frivolidad, la tontería, el odio, la envidia. Por eso prefiero aislarme".
Visconti, Duras, Depardieu, De Niro...
Sanda comenzó su carrera cinematográfica en 1968 con el director Robert Bresson. Un año después hizo Il Conformista, con Bernardo Bertolucci, y la premiada Il Giardino dei Finzi Contini, de Vittorio de Sica. Filmó con directores como John Huston, Visconti, Liliana Cavani, Marguerite Duras, Mauro Bolognini; y compartió sets con Burt Lancaster, Gerard Depardieu y Robert De Niro (Novecento), Anthony Quinn, Charles Bronson y Paul Newman.




