
Cómo se grabaron las escenas íntimas de Moria y la importancia de tener un coach de intimidad
En diálogo con LA NACION, Mayra Bonard contó detalles de su trabajo en la producción de Netflix y destacó la importancia de que los actores lleguen seguros y cómodos al set

“Una vez, trabajando en el exterior con un actor, se fue de copas y me ‘quiso avanzar’. Y al principio uno como que dice ‘bueno, tenemos que seguir trabajando juntos, ponete las pilas, no me interesa nada’, pero él se puso denso y lo tuve que detener físicamente. Después, en una escena romántica, habíamos pautado que me sacaba la camisa, pero que yo abajo tenía un corpiño, pero en el medio de la escena él me arranca el corpiño. Obviamente yo me puse muy mal, pero él siguió con la escena”, relató Natalia Oreiro en 2017 sobre un hecho ocurrido cinco años antes. Calu Rivero, tiempo después de su abrupta salida de Dulce Amor, novela que protagonizaba con Juan Darthés como pareja, se animó a contar: “Tuve una mala experiencia con un actor. Abusaba de su poder y modificaba las escenas para besarme y tocarme de más. Me acuerdo perfectamente de la primera vez que pasó porque me quedé shockeada. Fue cuando la cámara se encendió. Todos estaban ahí, pero nadie hizo nada”.
Son solo dos casos de los tantos que se fueron conociendo a lo largo de los años y en todos, además del acoso, hay otro denominador común: la falta de protección por parte de quienes estaban a cargo de los equipos. El show debía seguir e incómodas o vulneradas, las actrices debían continuar con las escenas escritas. Desde hace un tiempo, y en paralelo al surgimiento de movimientos como Ni una menos y el MeToo en Hollywood, las producciones incorporaron un nuevo rol: el coach de intimidad. La persona que se encarga de acordar con actores, directores y productores cómo serán las escenas de desnudez y de sexo en las ficciones, para así garantizar no solo la seguridad de todos sino también que todos puedan trabajar cómodamente.
Mayra Bonard es coreógrafa, directora y, desde hace cinco años, cuando ocupó por primera vez el rol en la serie protagonizada por Lali Espósito, El fin del amor, es coach de intimidad. Trabajó en Cris Miró (ella) y también se encargó de coordinar las escenas íntimas de Moria, la serie de Netflix, protagonizadas por los personajes de Moria (Sofía Gala y Griselda Siciliani), Sexton (Rafael Ferro), Mario Castiglione (Marco Antonio Caponi) y Luisi Vadalá (Joaquín Ferreira), entre otros. En diálogo con LA NACION, contó cómo nació este puesto tan nuevo como necesario y cómo fue estar en la producción que llegó en menos de una semana al puesto número uno de las más vistas en la plataforma.
—¿Cómo llegaste a este rol?
—Empezó hace varios años y vino de la mano de una necesidad muy real de mediar previamente y acordar con cada actor y actriz detalles de las escenas de intimidad, cosa que antes no existía; se filmaba y había incomodidades y muchos problemas.
—¿Qué pasaba?
—Muchas veces las actrices se sentían forzadas por el director o por el compañero con el que estaban haciendo la escena. Yo soy coreógrafa y bailarina, mi grupo fue El Descueve donde hice obras y coreos de experimentación con el cuerpo desnudo, la exposición y esa relación con mi trabajo artístico y lo coreográfico desde el cuerpo hizo que sonara mi nombre para este rol. Me llamaron para la primera temporada de El fin del amor; ahí ensayé una escena con Vera Spinetta y Julieta Ortega que era bastante fuerte; a la directora le costaba relacionarse con ese grado de implicancia. Trabajo desde un lugar sensible, no desde una guarrada, sino desde lo estético.

—¿Cómo empezás el trabajo con los artistas?
—Hay una charla muy verdadera y profunda con cada actriz y actor; cada uno tiene una relación propia con el cuerpo y la imagen, ciertos pudores, cada uno decide qué mostrar y qué no en cada escena y qué grado de realidad e implicancia quiere tener. Todo eso se acuerda previamente y se respeta (a veces va por escrito y otras es la charla) y yo soy una intermediaria; me pueden decir todo y después se pasa a hacer la escena.
—¿Les resulta más fácil hablar con vos que con el director (Javier Van De Couter en el caso de Moria)?
—Sí, se destraban muchas cosas a través de las palabras. Una vez que se pone en palabras, se puede pasar a la actuación porque si te sentís incómodo o forzado, no podés. Hay charlas con los directores y, antes de filmar, ensayamos, tal vez más desde lo coreográfico; no se hacen besos, es más técnico y espacial. Mi mirada consiste en que se vea lo más real posible todo a la hora de filmar. Trato de colaborar con el director observando los detalles desde el monitor; es importante que haya verdad en lo que se está contando.

—Es fundamental toda la previa entonces...
—Sí, que se conozcan los cuerpos y las miradas, todo para llegar seguros y sin pudor. Mientras se filma, tratamos de que haya la menor cantidad de gente posible; muchas veces hay desnudez y apenas terminamos, hay que tapar a los actores. El cuerpo de cada uno tiene derecho a no ser vulnerado ni física ni psíquicamente.
—¿Participás de la posproducción?
—No, es trabajo del director y las plataformas, pero la verdad es que hay respeto y consciencia, y situaciones que antes ocurrían que ya no se admiten. Si un actor dice que no quiere que se vea determinada parte de su cuerpo, se pone una bata o algo, por ejemplo.
—¿Y en otro tipo de escenas como de violencia participás?
—Sí, porque el cuerpo está a full y también hay un grado importante de intimidad y el cuerpo puede ser vulnerado, pero también hay un coordinador de pelea que explica cómo dar el golpe para que se vea real sin lastimar. Por ejemplo, en Moria hay una escena en un auto, donde además manejan y llueve, donde hay violencia y luego sexo y la trabajamos un montón. Otra escena de mucha exposición, aunque no hay sexo, donde hay bailarines, actores, trans y es un momento de mucha exposición, ahí también estuve.

—¿Y el corte de corpiños en Playa Franca?
—Todo se charló, yo estuve presente, ahí había muchos extras y se habló con todos. Después del corte de corpiños había una fiesta y ahí se respetó todo; algunas actrices no tuvieron problema en quedarse en topless y otras se taparon. Es bueno que cada uno esté seguro y tranquilo de que se respetará su decisión.

—¿Se usaron dobles para los cuerpos?
—Prácticamente no. En un momento, una bailarina para una escena de Sofía, pero era algo corporal muy específico (tenía que hacer un grand écart).
—¿Las escenas de Moria embarazada se hicieron con prótesis entonces? ¿No con dobles?
—Fue una prótesis; los pechos lo mismo. Prótesis y después, en posproducción, se termina de arreglar para que quede todo lo más natural posible.
—Helena (nieta de Moria) personifica a la diva de adolescente y hay escenas fuertes, ¿participaste?
—Hubo una coach de minoridad que la acompañó.
“Momentos incómodos”
—Como bailarina y actriz, ¿viviste momentos incómodos y te hubiera gustado tener una coach de intimidad como vos?
—Sí. Me tocó vivir momentos incómodos; hace mucho hice una película y me tocaba estar en un antro desnuda y hacía una escena en la que bailaba sexy, había un montón de extras, algunos me miraban y me decían cosas horribles, fue incómodo y esperaba que dijeran “corte” para irme corriendo a taparme, fue muy feo.
—Siempre confianza y seguridad...
—Sí, en la mujer y se hace extensivo a niños y a todos los cuerpos, el derecho de que cada uno haga lo que quiera con su cuerpo y no se vea forzado a nada. Si generás confianza, hay entrega a la hora de filmar y se disfruta; los actores tienen que ir al set con todo despejado para poder estar en la situación actoral y ahí es fundamental mi aporte, para que sea un momento liberador e interesante.
—¿Estás con algún otro proyecto ahora?
—Estoy trabajando para otra ficción de Netflix basada en un libro argentino muy conocido.



