
Corazón libre testigo de su tiempo
La cantante fue protagonista de una época convulsionada en la his toria del país, que reflejó a través de canciones y de su compromiso con los derechos humanos
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si no creyera en lo más duro
si no creyera en el deseo
si no creyera en lo que creo
si no creyera en algo puro
si no creyera en cada herida
si no creyera en la que ronde
si no creyera en lo que esconde
hacerse hermano de la vida
si no creyera en quien me escucha
si no creyera en lo que duele
si no creyera en lo que quede
si no creyera en los que luchan
que cosa fuera la maza sin cantera
Mercedes Sosa, pura llaga, pura emoción, desandó el cancionero popular con un instinto privilegiado. Tocó el alma de las canciones y las eligió, así como las canciones la eligieron a ella, para determinar su rumbo político, su forma de vivir, su forma de elegir y su forma de creer en la vida, en las elecciones y en la libertad. Llevó esa convicción, ese testimonio, hasta los últimos momentos de su carrera cuando decidió grabar "Canción para un niño en la calle" en el registro póstumo Cantora, para despertarnos del entumecimiento frente a una problemática que se volvió un boomerang violento para la sociedad.
Mercedes Sosa escribió el derrotero social, económico, cultural y político del país de los últimos cuarenta años a través de un cancionero popular tan ecléctico como profundo –casi todos son himnos del inconsciente colectivo popular– que volcó a una discografía tan intensa, amplia y épica como su propia vida. Cuando se dice que Mercedes lo grabó y lo cantó todo, sólo hace falta desandar esa discografía integral que reflejó su pensamiento en favor de las libertades individuales y su reclamo para que todos tengan iguales oportunidades.
Mercedes simpatizaba con el peronismo, por transmisión y herencia de sus padres, pero se afilió al comunismo en la juventud por sus propios ideales y lecturas, que se intensificaron en aquella mítica gira por Moscú junto a Ariel Ramírez. Durante esos años, la elección de su repertorio incluía el país anónimo y escondido, a partir de autores regionales como Osvaldo Costello o compositores poco interpretados como el Cuchi Leguizamón, que reflejaban el dolor del hombre anónimo, junto a la necesidad de mostrar el cambio de paradigma en América latina, a partir de las obras de Armando Tejada Gómez.
Cada selección de ese repertorio era una toma de posición estética y política. Saludaba con esperanza la ascensión presidencial socialista y popular de Salvador Allende con su sentido homenaje a Violeta Parra en 1971 (disco donde figura su canción emblema "Gracias a la vida"); incomodaba al poder y la burguesía empresarial cuando cantaba "Cuando tenga la tierra" en Traigo un pueblo en mi voz (1972), que se había transformado en himno de los universitarios, y enviaba su mensaje de solidaridad al pueblo cubano y se aliaba espiritualmente a la generación de la trova encabezada por Silvio Rodríguez, al que le grabaría la proverbial "La maza".
Cuando primero la Triple A incrementó su escalada de violencia y boicoteaba sus conciertos con amenazas de bombas; y después, cuando la dictadura militar prohibió sus canciones en las radios y fue arrestada junto a todos los espectadores que fueron a ver uno de sus conciertos, ella siguió iluminando el camino en plena oscuridad para toda una generación silenciada.
Un año después del golpe militar de marzo de 1976, que derrocó a Isabel Perón, grabó un álbum dedicado a Atahualpa Yupanqui (quien fue perseguido y torturado por la Triple A). Las canciones de ese disco respiraban un aire de libertad entre tanta opresión y días de clandestinidad. Entre las canciones figuraba la milonga "Los hermanos", donde cantaba con voz diáfana: "Yo tengo tantos hermanos/Que no los puedo contar/Y una hermana muy hermosa/Que se llama libertad".
Su vida estaba en riesgo. Poco antes de exiliarse y subirse al avión que la depositaría en Madrid, donde vivió cuatro años de terrible soledad, grabó Serenata para la tierra de uno, que fue editado con ella fuera del país. Después se mudó a París, donde junto con la intelectualidad que ocupaba las listas negras de la dictadura, abogó por el regreso a la democracia y desparramó su solidaridad con las Madres de Plaza de Mayo, que buscaban a sus hijos desaparecidos, por todos los escenarios del mundo.
Mercedes podía volver pero tenía prohibido cantar en la Argentina. En un contexto social y político donde la vida no valía nada, la artista tuvo que esperar hasta febrero de 1982 para subirse a los escenarios argentinos. La postal de Mercedes Sosa bajando del avión para los conciertos en el Opera fue un símbolo de esperanza para todo un país que alumbraba el retorno a la democracia en 1983.
Símbolo de la primavera democrática, la tucumana vivió con euforia el triunfo de Alfonsín y de una generación sobreviviente con discos como ¿Será posible el sur?, donde estaba la canción "Todavía cantamos". Fiel a su filosofía y en defensa de la libertades, Mercedes tomó la decisión dolorosa de no cantar en su Tucumán natal hasta que dejara de ser gobernada por Bussi, un hombre vinculado a la dictadura militar. En sus conciertos solía repetir: "Viva Tucumán, menos uno", en clara alusión al represor.
Este gesto artístico y su compromiso por los derechos humanos, (siguiendo a su propio corazón, por sobre sus propios intereses) le valieron el reconocimiento de Embajadora de Buena Voluntad de la Unesco.
En 2007 se sumó al Festival de la Democracia, que celebraba la asunción de Cristina Kirchner con un escenario montado en Plaza de Mayo. Junto a otros músicos como Gustavo Santaolalla, Alejandro Lerner y Arbol, la cantante tucumana cantó "Himno de mi corazón", con el matrimonio Kirchner haciendo coros sobre el escenario. Mercedes respetaba al gobierno kirchnerista por su política de derechos humanos. Ese mismo año Michelle Bachelet, presidenta de Chile, la condecoró por su labor con el país vecino. Hace pocos meses, la cantante se mostró preocupada por el gobierno de Cristina Kirchner y dijo: "No soy amiga de Cristina, pero le tengo cariño". Fue su último acto político.




