Cynar realizó la última edición de Artychoque en la que además participaron Chancha Vía Circuito y el grupo de arquitectos lumínicos Fluo; el cierre del ciclo expresó el concepto de “eclosión de mundos” a la perfección
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Una jungla de neón, con sonido de polvo de estrellas y grillos electrónicos. Cosas como esas pueden salir del cruce de mundos que propone Cynar en cada emisión de Artychoque, el ciclo inspirado en el nombre, en inglés, del principal ingrediente del famoso aperitivo: la alcachofa. Esta vez, los encargados de la transmutación fueron Diego Uma de Babasónicos y Chancha Vía Circuito, que se reunieron en el primer piso del Museo de Arte Contemporáneo MACBA, ambientado por el grupo de arquitectos mutidisciplinarios FLUO.
Ahí, entre barras, luces y controladores, xilofones y bombos, una suerte de tribu moderna se configuró para disfrutar de una postal mental insólita. “Una selva tropical pero mecánica”, resumió Pedro Canale de Chancha Vía Circuito. A pesar de no haber acatado la consigna y no planificar nada de antemano, Diego Uma pareció coincidir telepáticamente con esa imagen y a través de la ejecución de instrumentos tan diversos como la flauta traversa, el bongo y el vibraslap, se sumó al mismo viaje. Finalmente, todos coincidieron en una bellísima fotografía que, además, supieron transmitirle a los presentes.
De alguna forma, el cierre de los Artychoques 2016, fue también, el cierre de la idea de Cynar de crear coaliciones inesperadas. Como si se tratara de una alquimia creativa y abstracta, el concepto fue decantando a través de los diversos ciclos y se refinó en esta edición. En esta ocasión, como nunca antes, la improvisación fue absoluta, y aun así, perfecta. Artychoque es, después de todo, exactamente eso: un encuentro, una performance de la que no se sabe qué va a salir pero de la que se espera belleza.

Fue un acierto del aperitivo italiano Cynar haber encontrado en su ADN, en su ingrediente principal, el alcaucil, la clave para agitar la escena porteña, (antes lo hizo en las de Córdoba y Mar del Plata) al igual que el haber dejado el desarrollo del concepto en manos de Vic Tolomei, curadora y hoy coordinadora de proyectos de arte de la marca, y de los Trimarchi.
Esta vez, para despedir el año, la marca decidió tomar tres pisos del MACBA. En el subsuelo, Civile se encargó de una instalación que invitaba al público a acercarse a un micrófono y a poder ver una representación de su voz a través de una pantalla repleta de ondas y colores. En la planta baja, alrededor de la barra interminable de Cynar, se desplegó además una muestra de tapas de discos, locales e internacionales, curada por la marca e intervenida por artistas argentinos.
Los discos fueron elegidos entre las múltiples recomendaciones que Cynar hace a sus seguidores a través de sus redes sociales como perfectos soundtracks para acompañar el operativo. Finalmente, en el primer piso, la jungla de neón se desató y dio por consolidada la idea de la improvisación y el encuentro de universos interesantes. De esta forma, el concepto no sólo se consolidó, también se expandió frente a un centenar de invitados y habitués que consiguieron sus entradas a través de las redes.
Atentos, Cynar tiene una agenda cargada de Artychoques listos para el 2017 y promete aún más audacia.






