
Contrastes en el ballet madrileño
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Ballet Clásico de Madrid: "El sombrero de tres picos" , coreografía de Aurora Zerdán, y "El amor brujo" , coreografía de Sara Lesana. Ambas obras con música de Manuel De Falla. Con Aurora Zerdán, Sara Lesana (artista invitada), Mara Vivas, Luciano Tabares, Daniel Hohagen y elenco. Director artístico: Odilo Domínguez. En el teatro Roma de Avellaneda.
Nuestra opinión: bueno.
La trama del "El sombrero de tres picos" se basa esencialmente en enredos al estilo vodevil. La obra habla de un matrimonio que vive en un poblado de campo. Son molineros y ése es su trabajo y su sustento para una vida sencilla.
Pero un grotesco y amanerado personaje, el anciano corregidor, busca a cualquier precio obtener los favores de la hermosa joven. Allí comienzan los conflictos, cuya base tiene visos cómicos. El esposo es encarcelado por el aristócrata sin que existan hechos contundentes que comprueben las acusaciones. Todo es un ardid para sacar del paso al hombre y así poder el lascivo corregidor acercarse a la mujer. La trampa es descubierta y el cuento termina felizmente, castigando al verdadero culpable cuando es humillado por todo el pueblo.
Coreografía escolástica
Por más humorístico y simple que sea el argumento, las danzas de la región del nordeste de España, el personaje caricaturesco y el ritmo vertiginoso de la acción tienen especial atractivo.
Sin embargo, la coreografía de Aurora Zerdán, a su vez, la protagonista, es escolástica y no tiene una puesta en escena que lleve una línea. La obra, na* ve de por sí, es aquí un cuento pueril e inconsistente. Los personajes tampoco están delineados como para hacer brotar la carcajada y la atención. Lo mejor de la pieza es la danza de la propia Zerdán, bailarina clásica de firme técnica, y el conjunto interpretando alegre y fehacientemente los bailes regionales.
Otra impresión dio "El amor brujo", con música del mismo compositor. La idea nació cuando Rosario "La Mejorana", madre de la famosa bailaora y cantante Pastora Imperio, le solicitó a De Falla una obra para ser danzada y en la que también se insertara el cante. El estreno fue en 1915 e Imperio fue la protagonista. Las raíces son flamencas y el libreto está inspirado en una antigua leyenda popular. Misteriosa y sensual, la música es una espiral que describe el clima, el perfil de los distintos personajes y que hace ligazón entre lo sinfónico y lo típico del arte gitano. Aquí se inserta la célebre "Danza del fuego".
La potencia de Sara Lesana
La coreografía de Sara Lesana revierte la concepción de lo que el Ballet Clásico de Madrid puede hacer. Y hace una vuelta de tuerca en la creatividad y en la cuidada mise en scéne, incluyendo el diseño de iluminación, de Coppelius, que logra dar la atmósfera requerida a los diferentes cuadros. Candelas (Aurora Zerdán), cuyo papel fue concebido para ser bailado en puntas, está obsesionada por visiones que no le permiten encontrar la paz para vivir su amor con Carmelo. El espectro de su ex novio muerto apuñalado por otro gitano se le aparece constantemente. Además de atemorizarla, el espíritu intenta atraerla y llevarla consigo al más allá. Torturada, la chica no tiene reposo y su martirio es observado por todos. Esta primera parte tiene fuerte sustancia en el racconto del duelo con las sevillanas, en una neblinosa penumbra. Luego, las luces se prenden y apagan, dejando por instantes el escenario en total oscuridad o mostrando retazos de escenas con el movimiento de los dos hombres en tempo ralentado y el conjunto a compás normal.
Candelas sigue con sus alucinaciones. Una mujer de intenso temperamento, la hechicera, valiéndose de artilugios y secretas fórmulas, intentará romper el embrujo. La presencia de Sara Lesana se manifiesta con una potencia que eleva la obra mezclando el dramatismo con la pasión. Bailaora de ley, con su taconeo y falda que revolea como atrapada en una tormenta, Sara mueve sus brazos como serpientes y en su papel hipnotiza. Cada secuencia de su flamenco puro aviva las brasas de las cuales surgirá el fuego que iniciará el ritual del exorcismo. En ronda, las mujeres, junto a ella y Candelas, bailarán con furia y determinación. El subterfugio de que sea otra, Lucía, la que enfrente y seduzca al fantasma hará que éste desaparezca. Lesana aporta la estampa y el estilo de una auténtica cultora del baile gitano. Zerdán proporciona un trágico lirismo a su personaje, y Mara Vivas, como Lucía, saca toda la garra de la expresión y da pruebas de una soberbia personalidad. Daniel Hohagen cumple bien el papel del espectro, en tanto que Luciano Tabares da angustia y dulzura al desesperado Carmelo.


