
Lucas Segovia, con la experiencia de un largo recorrido y la frescura de la primera vez
El bailarín argentino, radicado en los Estados Unidos, hace un sorpresivo debut en el Teatro Colón con un poético musical para chicos; a esta altura de su carrera, “la medida del éxito es hacer proyectos con gente que quiero, donde me sienta como en casa”, dice
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“Más de 400 ciudades del mundo”. La leyenda, escueta, se lee debajo de su nombre y apenas algo más, en inglés: “dancer” y una indicación, “From Buenos Aires, home is US”, dice el perfil de redes sociales de Lucas Segovia, una cuenta que a menudo lo muestra con esa sonrisa grande que lo caracteriza en una saga de selfies tomadas en salas de embarque de diferentes banderas. No es que esté buscando batir un récord, pero el hecho de tener el pasaporte cubierto de sellos lo define mucho más allá de la anécdota. Cuando no se dedicaba todavía a la danza –y eso que la vocación lo mueve desde muy pequeño– tuvo una primera revelación: quería que su trabajo lo llevara lejos o, mejor dicho, por todas partes.
Quienes hayan seguido la trayectoria del Ballet Argentino de Julio Bocca no precisarán mucho más que ver su foto para reconocerlo: su talento saltaba a la vista. Esa compañía, en la bisagra del cambio de siglo, lo mantuvo de acá para allá, cumpliéndole sus deseos. Pero en 2008, con la mochila ya cargada de experiencias, soltó amarras para hacer su propio camino y desde entonces no dejó de buscar, cada vez en el siguiente destino, un nuevo desafío artístico que lo mantuviera fiel a su temperamento, curioso e inquieto. Por hacer un muy escueto resumen de su derrotero, bailó en compañías como el Washington y el Joffrey Ballet, antes de ingresar al gran mundo del teatro musical (West Side Story, Un americano en París, Oklahoma!) y volcar su actividad de bailarín invitado al vértigo del trabajo free lance. Vería, así, que el horizonte podía ampliarse más y más. Aún hoy que su carrera se ha diversificado y adquirido peso en roles de dirección, sin dejar el escenario, si sumara todos los días que estuvo en su casa de Chicago en 2025 apenas alcanzaría a completar el equivalente a tres meses.
“Siempre soñé con viajar mucho por el mundo, no me preguntes por qué, y tuve la suerte de que esta carrera y esta pasión que encontré fueron el vehículo para hacer ese otro sueño en realidad”, cuenta a los 40, en su lugar de origen y a punto de estrenar un espectáculo que lo entusiasma: una obra infantil, en el Teatro Colón. El espectáculo tiene un título poético: Cuentos líricos, ¿Sabías que el mar tiene corazón? y desde el próximo martes estará en cartel durante las vacaciones de invierno. Como en un juego de niños, allí también será Lucas, un chico que solo se expresa con el cuerpo, sin palabras. Y tiene una amiga, que es su gran amiga de verdad, la cantante y actriz Josefina Scaglione.

“Es una obra que escribió Sebastián Irigo de una belleza casi poética –relata-, me encanta cómo la creó, con una sensibilidad enorme, para poder usar una música muy conocida, arias famosas de la lírica [Rossini, Puccini y Verdi], en el medio de una historia sobre una chica que llega a una feria y se pierde, y en ese perderse descubre cosas de ella y de la infancia, contadas esa niña y a la vez por su adulta. Mi personaje tiene la particularidad de que habla en lengua de señas. Cuando me presentaron el desafío, tomé clases con una coach y aprendí el libreto; fue fascinante”, revela y se larga a contar todo el universo que se abre frente a uno cuando aprende algo absolutamente nuevo y diferente.
Por supuesto, en el marco de este espectáculo musical interpretado por alumnos de las carreras artísticas y escenotécnicas del Instituto Superior de Arte, la Orquesta Académica y el Coro de Niños, Segovia además de actuar baila. No deja de ser curiosa la forma en la que finalmente alcanza su debut en el escenario del Teatro Colón, un mojón que lo sorprende a esta altura de su trayectoria y que, aunque nunca percibió como un asunto pendiente, es de todas formas especial. “Yo estaba en otro lado y siempre pensé que me hubiese gustado bailar en el Colón, pero si no sucedía estaba bien también. Que llegue ahora es el final del círculo más fortuito que me pueda haber imaginado. Bailé en teatros muy importantes, pero hacerlo en el Colón es otra cosa, para todo el mundo y para mí también, de una majestuosidad y una gravedad artística muy fuerte”.

Después de dieciocho años viviendo afuera, la Argentina suele ser su principal destino de “vacaciones” y un puñado de veces sus regresos dejaron al público disfrutar de su versatilidad (espléndido con un bombín en una Gala del Día de la Danza, diez años después en el Coliseo, en plan Fosse). Pero esta vez su arribo a Ezeiza, el mes pasado, estuvo ligado a otro compromiso laboral que lo llenó de satisfacción: hacer Carmina Burana, de Mauricio Wainrot, en el Teatro del Bicentenario. “Yo creía que ya no quería hacer ese tipo de obras de tanto desgaste atlético y de mucha exposición. Pero lo hablé mi coach allá, aparte de mi psicóloga, y dije sí, lo hago”. Otra amiga, Victoria Balanza –exBallet Argentino y exBallet Contemporáneo del Teatro San Martín, dos compañías locales que Segovia integró- lo esperaba en San Juan. “Apenas supe que estaba la oportunidad, trabajé de manera muy consciente, empecé a estudiar la obra en Estados Unidos, a entrenarme de una forma distinta y a tener los recaudos que corresponden a un programa como este. Y cuando llegué a San Juan ya me sentía preparado. Fue una experiencia genial”.
Dedicado a la dirección artística de elencos y espectáculos, hace apenas unos meses se calzó el birrete de egresado de su formación académica en Mangment. “Tuve la suerte de tener muchos directores en mi carrera y en diferentes compañías siempre me ponía a ver el funcionamiento a través de dos cabezas, el CEO y el director artístico. Y cómo esas dos ramas centrales influían en las operaciones, en el trabajo y en la cultura del lugar. Por eso cuando empecé a dirigir rápidamente me di cuenta de que me faltaban herramientas”, cuenta las razones por las que llegó a estudiar Liderazgo. “Muchas veces hay que tener conversaciones difíciles, el otro día lo hablábamos con Julio –Bocca fue un referente desde muy joven para él, tanto que ”si hubiese tomado la dirección del Ballet del Colón hace diez años probablemente me hubiera encantado volver a la Argentina”, manifiesta-. Quería aprender a comunicarme mejor para poder tener mensajes más directos, claros y honestos con la gente que trabaja conmigo”.
No parece fácil imaginar la próxima movida sobre el tablero, el siguiente movimiento de un artista que siempre va detrás de nuevos desafíos. ¿Qué viene entonces? “El otro día le decía a un amigo que la medida del éxito en este momento es poder hacer proyectos con gente que quiero y darle espacio a la otra parte de la vida que se quedó rezagada por darle tanto lugar a la carrera. Quiero hacer este tipo de cosas donde me siento como en casa. Y no perder el disfrute. Vi gente más grande que ya no la pasaba bien bailando y no quiero que eso me pase a mí”.
Para agendar
Cuentos líricos: ¿sabías que el mar tiene corazón? Desde el martes 21 hasta el 30 de julio, a las 16, en el Teatro Colón. Entradas, entre $16.000 y $51.000.



