Tango para el mundo árabe
Iñaki Urlezaga y su compañía Ballet Concierto se presentaron en Qatar
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DOHA, Qatar.- Más de veinticuatro horas de viaje, pero en el más absoluto confort que propone una línea aérea millonaria. Un micro para una compañía de más de 30 personas y otro para todos los bultos que equivalen el equipaje técnico y de vestuario. Todo esto podría traducirse en agobio o ese cansancio que se convierte en malestar, pero todo lo contrario es lo que se vive en el seno de la compañía Ballet Concierto, de Iñaki Urlezaga, en su arribo a la capital de Qatar. Sin posturas ni divismo y con la "buena onda" lógica que impone un mismo grupo humano que viene recorriendo el mundo desde hace años, como familia, en pleno desafío a los 35 grados de temperatura mínima con los que recibe este país del Golfo Pérsico en esta época del año.
Aquí llegaron Iñaki y su troupe para ofrecer esa magnífica propuesta de cruce de tango y danza clásica a la que llamaron Siempre Buenos Aires , y que alguna vez estrenaron con éxito en el Teatro Nacional Cervantes, en una versión más reducida. Es el principio de una gira asiática auspiciada por la Secretaría de Cultura de la Nación, que luego continúa en los Emiratos Arabes Unidos y en Corea del Sur, con otra propuesta.
Doha es una ciudad muy particular, jovencísima como urbe moderna. Antiguamente fue un pueblo pesquero, cuya mayor riqueza era el cultivo de perlas. Pero todo cambió cuando los primeros pozos de petróleo fueron descubiertos y no hace tanto, durante el gobierno del emir Hamad bin Khalifa Al Thani -quien derrocó a su padre en 1995-, su capital se vistió de modernidad y pasó de ser un pueblito a una ciudad futurista, de arquitectura y diseño sofisticado, implantada ahí en medio del desierto. Porque donde Doha termina, de un lado comienzan las dunas, y del otro un mar transparente. Sus habitantes (en un alto porcentaje, extranjeros) saborean una metrópoli nueva, de permanente cambio y desarrollo. Los edificios parecen germinar y todo indica que dentro de cinco o diez años, el impacto del progreso será triplicado. Los rascacielos tienen formas extrañísimas, todo es lujo millonario y uno se da cuenta de que no en vano este país ocupa el primer lugar del mundo en PBI. Bueno, claro? también tienen un régimen de mano obrera que es sinónimo de esclavitud moderna. Pero esto ya sería parte de otra sección del diario. Lo que interesa en este caso es que entre los grandes cambios sociales que están experimentando los ciudadanos qataríes está la reciente presencia del arte y el espectáculo en su sociedad conservadora.
Uno de los sitios más hermosos de Doha es el barrio cultural Katara, estratégicamente situado al lado de una de las más concurridas playas de la ciudad. Allí, entre instituciones culturales y educativas y un anfiteatro soñado, está el Drama Theater, donde debutó anteanoche la compañía de Iñaki Urlezaga con Siempre Buenos Aires , con el cartelito de "sold out" en la boletería.
"Me gustan los espectáculos abstractos como éste, que me marcó. Lo hice para el Cervantes, en 2009 y fue un éxito impresionante. Hice nueve funciones a sala llena porque las entradas costaban 25 pesos. Fue un antes y un después para mí. Me dimensionó bien porque me di cuenta de que estar en la Capital Federal es lo mismo que estar en el Chaco. Hay gente que es culta y no tiene el poder adquisitivo como para pagar una entrada cara. Por eso creo que está bien que el Estado se haga cargo. El apoyo oficial es necesario. Hay muchas personas que me vieron bailar por primera vez con este espectáculo", recuerda Iñaki, en el lujoso hall del Hotel Al Rayyan, adonde su compañía invitó a La Nacion. "En aquel entonces se presentaba con una obra de Chopin y duraba 45 minutos. Esta es una versión extendida de 70 minutos, a la que agregué varios temas tradicionales."
En esa charla participa Marianela Urlezaga, hermana, productora y manager de Iñaki. "Sin ella no podría cumplir sueños", dice él naturalmente, sin necesidad de mirarla. Ella -simpatía pura- se sonroja y también lo llena de halagos. Pero se nota que no son flores sólo para llenar jarrones. Hay una admiración mutua. "La vida te regala estas cosas. Quién me hubiera dicho que iba a estar bailando con mi propia compañía en este país, por ejemplo. Y encima, acompañado por mi familia", reflexiona el bailarín. Es que no sólo su hermana forma parte de esta empresa artística. También su madre, Nelita Gióvine -quien fue bailarina- trabaja junto a ellos, y Lilian "Chichi" Gióvine, su tía, es la coreógrafa del grupo, y Rodolfo, ex bailarín que lo tuvo en brazos desde que nació, se ocupa del vestuario. Ellos también están en Medio Oriente a su lado, incluso su padre, un prestigioso pediatra platense. Ahí uno descubre el secreto de la armonía en ese grupo. Puede parecer cursi, pero se trabaja con amor. Por eso, algo casi tan emocionante como la obra que han venido a presentar es el relato de Nelita de cuando ella misma cosió la malla que usaría el pequeño Iñaki en su primera audición. "Todavía lo recuerdo, flaquito, con esos rulitos y tan talentoso. Llevaba el ballet en el alma", dice con unos ojos claros vidriosos capaces de conmover a los jeques de la mesa contigua. Ahí está el secreto.
La adaptación
La compañía llegó algunos días antes de la primera función porque los productores árabes pidieron "suavizar" algunos momentos del espectáculo. No están acostumbrados a ver teatro ni danza y las poses tangueras podrían llegar a perturbar a muchos. "Obviamente no se puede no tocar al otro al bailar tango, porque es una danza que tiene esa complicidad, ese mundo entre dos personas donde no hay nadie más en el medio -explica Iñaki-. Nos pidieron que cuidemos las poses, que la mujer no esté tan subyugada en el hombre. Si le quitás el alma al tango, matás la obra, así que trabajamos la sutileza. Lo hicimos no tan visceral y pasional, sino más sugestivo." Y mientras cuenta esto, resulta imposible no reparar en una mujer con su vestido hiyab que, para poder desayunar tiene que levantar rápidamente su nicab (velo) para poder llevarse los alimentos a la boca.
El día de la primera función en Doha el público se manifestó algo frío durante los primeros tramos de la obra. Pero sobre el final ofreció una gigantesca ovación de pie que dejó felices a los artistas. Y uno, como argentino, siente que ha sido representado en forma magnífica. La compañía es potente y deja una estela preciosista a su paso por el escenario con ese cruce tan perfecto como exacto entre el tango y la danza clásica.
Iñaki parece flotar sobre el encanto de Piazzolla, y su solo en "Infiltrado", de Gustavo Santaolalla, es elevado, tiene vigor. La música del gran Astor predomina en la propuesta, pero se le agregan otros tangos como "Bien porteña", "Taquito militar", "Zorro gris" y "Derecho viejo", entre otros. En este último cuadro y en "Los pájaros perdidos", la sala queda cautivada con el potente y exacto trabajo de los bailarines Anahí Araujo, Emanuel Rodríguez, Alejandra Sabella y Marcos Becerra. Por su parte, la primera bailarina Eliana Figueroa, ya tiene peso y presencia propia. Cuando baila con Iñaki embrujan y uno quisiera que no dejen de bailar nunca. El talentoso staff se completa con Viviana Ortiz, Sofía Carmona, Celeste Losa, Cecilia Esteban, Manuela Bruno, Tony Padrón, Alan García, David Gómez y Gastón Cabrera.
Al cierre de esta edición todavía no habrá transcurrido la segunda noche de tango en Doha. Pero se descarta un resultado similar. El "sold out" sigue acariciando a la compañía y a una sociedad que se ha propuesto progresar, aunque sea a paso lento, también desde lo cultural.
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