
Un auspicioso primer paso
1 minuto de lectura'
Primer programa del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín. Amargo ceniza : coreografía, Carlos Trunsky; música, György Ligeti; piano, Haydée Schvartz; escenografía y vestuario, Martha Albertinazzi. Playback : coreografía, Carlos Casella; música, Martín Bosa; escenografía, Ariel Vaccaro; vestuario, Cecilia Alassia. Movimiento perpetuo : coreografía, Mauricio Wainrot; música, Penguin Café Orchestra; escenografía y vest, Carlos Gallardo. Iluminación en las tres obras: Eli Sirlin. Dirección: Mauricio Wainrot. Teatro Presidente Alvear.
Nuestra opinión: muy bueno
La apertura de la temporada inaugural del Grupo de Danza Contemporánea del Teatro San Martín fue en julio de 1977; treinta años después la misma compañía, ahora Ballet Contemporáneo, abre esta otra temporada, que ya se vislumbra auspiciosa, por la disciplinada calidad de sus actuales integrantes y un estimulante programa inicial. Tres estrenos (uno de ellos, sólo para el público porteño) y tres coreógrafos argentinos de muy diversa formación: Carlos Trunsky, Carlos Casella y Mauricio Wainrot.
La obra de Trunsky (fogueado en el Colón, ya estrenó dos piezas anteriores en el San Martín) es ceremonial en el sentido en que lo son las obras de Pina Bausch: gente con atavío urbano (acertado el diseño de Martha Albertinazzi) en relación social, en un espacio con marcas de cotidianidad (sillones), donde los participantes o celebrantes irán exponiendo sus discursos corporales, salpicados por frases verbales. Así, Amargo ceniza se aventura con un aporte sonoro infrecuente: una pieza para piano de Ligeti, ejecutada en vivo. Y, entre los ocasionales "monólogos", se cuela un diálogo de uno de los celebrantes con la pianista Haydée Schwartz, quien no sólo es intérprete musical, sino que además se atreve a una sorprendente corporización dramática de la ejecución.
Diseño Trunsky
Trunsky, quien ya desde su inicial Bailando Honegger impactó por su personal concepción del diseño, vuelve a ejercitar aquí su peculiar lenguaje, con atractivos movimientos que arrancan desde el centro. La pieza incluye una segunda configuración: a la actual, interpretada por seis hombres y una mujer, se le "opondrá" otra, para elenco femenino (más un hombre), que se verá en otras funciones. En la que vimos, la "alucinación" distanciada de lo femenino-ideal deja ver a Irupé Sarmiento entregada a un encomiable juego lírico de elongaciones al desnudo, en un punto fijo. Más tarde, se le sumará un expresivo Diego Poblete, calavera en mano, en uno de los opuestos de esta pieza: el de Eros/Tánatos.
El director de la compañía, Maurico Wainrot, finalmente ha estrenado aquí su Movimiento perpetuo , obra creada hace más de una década para la celebrada Hubbard Street Dance Company de Chicago, que nos visitó hace quince años. Sencilla y clara en su propuesta, es una sucesión de módulos, dispuestos en subgrupos alternados, sobre la base de la Penguin Café Orchestra, que proporciona una intensa sucesión rítmica, concordante con el título de la pieza.
Una intensidad que se reconcentra en el tercer tiempo de la suite, el que comienza con un fluido solo de Laura Higa, se encabalga en trío con la aparición de dos hombres y, ya en el módulo siguiente, se transforma en dúo masculino, uno de los más interesantes de la serie, en el que los intérpretes bocetan un par de figuras tangueras. Un trío vivísimo (Margarita Wolf, Ivana Santaella y Exequiel Barreras), marcado sobre una especie de square dance moderna, genera entusiastas aplausos.
Invitado especial
También es clamorosa la respuesta a Playback , la muy seductora propuesta con la que Carlos Casella se suma como coreógrafo invitado al repertorio del San Martín. El ámbito, una sala de grabación o de ensayo, se insinúa sugerente y con misterio (en buena medida por la sagaz iluminación de Eli Sirlin), aunque el tono irónico que adquiere el desarrollo de la acción entre bafles, micrófonos, hombres de smoking y chicas con brillos lo irá disipando.
La banda sonora, un hallazgo de Martín Bosa, desgrana climas acústicos que se alternan con grabaciones reelaboradas (hay un momento muy especial con Tom Waits, que acompaña el lucimiento de Elizabeth Rodríguez, que pasa de un hombre a otro, por el aire). Y, finalmente, un "careo" erótico de Victoria Hidalgo (excelente su solo) con Exequiel Barreras, quien compone un español zafado con reminiscencias del personaje italiano que Juan Minujín interpretaba en Hermosura , el capolavoro de El Descueve, grupo originario de Casella, y con el cual su estética tiene mucho que ver.





