
David Mamet reparte las barajas
"American Buffalo": el jueves se conocerá el film basado en la pieza del autor norteamericano, con Dustin Hoffman como un duro jugador de póquer.
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"American Buffalo" no es un western ni un film de aventuras. Es simplemente una obra de David Mamet, que Michael Corrente tradujo en imágenes cinematográficas.
Tardíamente se anuncia su estreno para el jueves en los cines Lorca y Savoy, ya que es un film realizado en 1996, con Dustin Hoffman, Denniz Franz y Sean Nelson, dirigida por Michael Corrente.
Un juego de póquer nocturno. Cartas, fichas y palmas sudorosas coronan las caras preocupadas. Con estas imágenes, Corrente nos introduce en un drama, uno de los tantos que cobija Nueva York.
Así comienza el film, lentamente, con un diálogo que remite a la necesidad de no confundir los negocios con el placer, mientras dos desafortunados, Don y Teach, están preparando un trabajo especial: robar la colección de monedas de un ricachón. (El American Buffalo es una moneda de cinco centavos que tiene al animal en una de las caras de la moneda.) Por supuesto que el objetivo podría estar claro si al menos los protagonistas tuvieran un plan. Pero no. Estos dos hombres no logran aunar sus caracteres y transitan durante el film entre dudas y certezas, hasta desarrollar una tensión que prenuncia el estallido.
Nuevamente el autor presenta a seres desesperanzados y en franca decadencia moral, hacia un destino incierto.
El drama es intenso y si bien puede que tenga unos veinte años desde su escritura, los temas de la lealtad, la traición e la inclemencia son fácilmente aplicables a los tiempos sociales y económicos actuales.
El brillo en el escenario
Desde que comenzó a escribir, David Mamet coquetea con el éxito, con mayor o menor fortuna. Quizá sea el teatro el ámbito más natural para los ímpetus provocadores de este dramaturgo norteamericano, más conocido en nuestro país por la filmografía que por las puestas en escena de sus obras.
Es, sin duda, uno de los hombres más representativos, junto con Sam Shepard, del nuevo teatro norteamericano. Su temática, netamente anticonvencional, linda con lo profano, como si el objetivo último de este prolífico dramaturgo fuera el de sacudir el ánimo del espectador.
Los diálogos suelen ser abrasivos, salpicados de diversos ritmos y, en algunos casos, recurriendo a obscenidades; pero, a pesar de esto, como guionista es considerado uno de los más finos artesanos de Hollywood.
Relaciones densas
Sus personajes nunca rozan la cuerda heroica; por el contrario, son seres que se deslizan hacia un submundo de depresiones y de marginaciones, donde las relaciones humanas se vuelven densas y espesas; donde el respirar se convierte en una tarea titánica; donde la vida apenas tiene el valor de una moneda de cinco centavos.
De toda su producción se destaca "Glengarry Glen Ross", pieza con la que ganó el premio Pulitzer, conocida para el público argentino por la versión cinematográfica que llevó como título "El precio de la ambición".
Fue el autor que logró llevar, en 1988, a Madonna a un escenario con "Speed the plow", pieza que recogió algunas tibias críticas, aunque señaló el buen desempeño de los intérpretes, entre los que cabe señalar a Ron Silver y Joe Mantegna.
Quizá fue "Oleanna" la obra que generó mayor polémica. El tratamiento del tema, un intento de violación que sufre una alumna de Harvard en manos de un profesor, provocó que las feministas lo acusaran de ser misógino. Acusación que él no se preocupó en desmentir; el objetivo de molestar ya estaba cumplido.
Finalmente está "American Buffalo", que fue estrenada con éxito en 1975 en Chicago y que fue presentada dos años más tarde en Broadway, con la actuación de Al Pacino y Robert Duvall. El éxito lo respaldó y lo ayudó a que la obra llegara al National Theatre de Londres.
En Buenos Aires, de Mamet se conoció una obra breve , "Entrevista", dentro del espectáculo "Humores que matan", interpretado y dirigido por Oscar Martínez.
Camino a Hollywood
No resulta ocioso recordar, porque no siempre se registra en la memoria el nombre de los guionistas, que fruto de su inspiración literaria surgieron películas como "El cartero llama dos veces", dirigida por Bob Rafelson; "Veredict" ("Será justicia"), de Sidney Lumet; "No somos ángeles", de Neil Jordan; "Hoffa", de Danny De Vito; "Glengarry Glen Ross" ("El precio de la ambición"), de James Foley, y "Vania en la calle 42", de Louis Malle.
Pero esta actividad no siempre le deparó satisfacciones.
Se sentía como un carpintero artesanal, sometido a los deseos del dueño, que nunca lograba recoger los elogios que su trabajo merecía.
Por eso, con su espíritu inquieto, decidió encarar la aventura de dirigir sus propios guiones. Debuta en 1987 con "Casa de juegos", que le significó el premio al mejor guión en el Festival de Venecia en 1987.
Luego filmó la comedia "Las cosas cambian", con Don Ameche y Joe Mantegna, ganadores al premio por mejor actuación en el Festival de Venecia de 1988 ; "Identificación de un homicidio", también con Joe Mantegna, donde se plantea una obra seriamente concebida, con excelentes matices, sobre la psicología de los personajes y con un saludable juego de equívocos en los espacios que el director-autor reserva para las referencias nocturnas y el desencanto del protagonista.
También llevó a la pantalla grande "Oleanna", que, con el título de "Denuncia de acoso", se conoció en video.
No es de extrañar que se lo ubique a la altura de Harold Pinter. Fue el mismo dramaturgo inglés quien marcó esa estatura al decidir dirigir "Oleanna" en Londres.
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