
Dillom se sumerge en el pantano del rock para hacer bailar a las bestias
Su nuevo disco, La nueva violencia, deja atrás el trap para cabalgar en bajos distorsionados, guitarras eléctricas y bases dance que marcan otra etapa del artista
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Disco: La nueva violencia. Canciones: “La Nueva Violencia”, “Vedette”, “Papá Se Volvió Loco”, “Gente Común”, “Souvenir”, “Superdiversión”, “Cocodrilo”, “Minas”, “Fashion”, “Nadie Coge Gratis”, “Palermo Hollywood”, “Elvis Interludio”, “Maniquí”, “Amigos”. Nuestra opinión: Muy bueno
Dylan León Masa, más conocido como Dillom, dio un paso vital en su evolución dentro de la industria musical. Con su nuevo disco La nueva violencia ingresó al cenagoso territorio del rock dispuesto a bailar con las botas puestas. Aquel inicio en el mundo de la música urbana o trap, al parecer, quedó definitivamente en el pasado, aunque solo transcurrieron poco más de un lustro desde sus primeros temas. Ahora su lírica se sostiene en los bajos procesados con distorsiones, las guitarras ruidosas y guiños al dance más hardcore: sonidos que habitan el mismo pantano de la cultura rock. En este tercer disco que lleva su nombre corre riesgos estilísticos, apela a referencias notorias (incluso obvias) y ubica a su personaje, el joven Dillom, en el centro de ese terreno ocupado desde tiempos inmemoriales por los rockstar argentinos: la noche, mujeres, camarines, sexo transaccional, vestigios queers, diversión sin fin, baños, espejos y vapores de clorhidrato. Todo al borde de terminar tragado por el barro del cliché, cabe añadir.
Aunque Dillom venía coqueteando hace tiempo con ese tipo de estereotipos rockeros, ahora tiene con qué sostenerse y validarse: La nueva violencia. No hay canciones de amor -explícitas-. Tampoco sentimentalismos infantiles. Ni fantasías de gangsters como en el trap. Lo que sostiene, esta vez, al personaje que creó Dillom -en Por cesarea (2024) era una especie de niño psicótico y tenebroso- podría no alejarse demasiado de lo que vive hoy él y su entorno. O sea: él mismo.
Todo empieza con “La nueva violencia”, un motivo casi Ministry, de poco más de dos minutos frenéticos con escenas pictóricas de caos en la cama. De entrada, Dillom deja claro de qué va el disco. Sigue con “Vedette”, otra pieza acomodada sobre una línea de bajo entre el punk y el postpunk con frases como “contame un chiste, que me haga gracia, pasá la gorra y andate a dormir”. Al promediar el tema aparecen los primeros vestigios de sintetizadores al estilo New Beat de los ochenta. “Luna llena esta noche no vamos a dormir”, dice Dillom con una voz de impronta declarativa. “La pierna suave, gente perfecta, culos que nunca vas a poder tocar” anuncia en el inicio de “Papá se volvió loco” en el que el bajo, con cierta deuda al sonido de la banda DumChica, también lleva el pulso de la canción. En este tercer tema aparece la primera colaboración: Sebastian Murphy, líder de la banda Viagra Boys que pronuncia en español perfecto junto a Dillom: “Vos hacelo así que yo soy el que te está dando de comer”.
El universo actual de Dillom, o mejor dicho, el de la figura que decidió simbolizar llega a su punto más alto en “Gente común”, una pieza groove soulero en línea con “Common People” de Pulp! que invita al baile en la pista de un boliche imaginario de Villa Crespo. Las referencias musicales desprejuiciadas podrían jugar en contra de este nuevo disco, aunque al contrario, funcionan como un panegírico generacional sin transformarse en un cocoliche. No busca lo contemporáneo, la moda, porque él es el que gestiona esas pasiones de acuerdo a intuiciones, estudio y observación del ecosistema. Él es quien diseña lo moderno, o lo que interpreta que debería ser, como alguna vez ocurrió con Babasónicos en los noventa (otra de las referencias inmediatas en canciones como “Souvenir”).
El disco contiene 13 canciones y “Elvis interludio” -una especie de broma sobre sí mismo- . Lo extenso del disco resulta rareza para una época en la cual, según los datos de la industria, muy poca gente escucha un álbum entero. “Fashion” es otro de los tesoros de La nueva violencia, porque Dillom cambia la perspectiva del narrador y se ubica en el papel de espectador. Escenas patéticas sobre cierto ambiente farandulero enmarcado sobre una base dance rockera deformada configuran un reel perfecto de actualidad. Lo moderno para Dillom, según puede intuirse, sería interpretar papeles complejos, grotescos o moralmente ambiguos sin necesidad de justificarse ni de buscar la empatía fácil de la audiencia.
Los invitados en el álbum -que no figuran como colaboraciones- van desde Murphy (Viagra Boys), St. Vincent con su guitarra en “Cocodrilo”, Dickhead Mehrtens (del grupo australiano Amyl and the Sniffers) y Miranda! Otra de las curiosidades es el sample de “Dancing in the Dark” de Bruce Springsteen en el tema “Amigos”, una canción en la tradición del punk rock, que podría escucharse en cualquier fecha del underground porteño: otro gesto de pertenencia a su propia comunidad -imaginaria o no-.
Con sólo 25 años, el joven Dillom, dio un paso vital, original y auténtico. Y puso a bailar a las bestias en la siempre tramposa ciénaga del rock.

