El buen arte se va al cielo
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Hasta ahora, visitar una exposición de pintores significaba, ineludiblemente, entrar en un museo o una galería y pasear la vista por las paredes. Pero las cosas cambiarán. Con viento y sol en favor, los cuadros de veinte artistas argentinos reconocidos flamearán próximamente en el cielo porteño, pintados sobre tela de barrilete y con forma de barrilete.
"No nos proponemos usar el cielo para un mero concurso de barriletes. Se trata, en cambio, de una manera de sugerir bellamente que el espacio aéreo, en cuanto no es de nadie en particular, es verdaderamente de todos." Con estas palabras, la Academia Nacional de Bellas Artes propone esta muestra original que se inaugurará formalmente el próximo 26 del actual en los diques que bordean la calle Presidente Perón, en Puerto Madero.
Artistas que se van para arriba
Ese día, a las 16 -y el 2 del mes próximo-, habrá que elevar la cabeza y la vista para ver esta exposición de lo más curiosa, con la participación de artistas como Luis Felipe Noé, Rogelio Polesello, Josefina Robirosa, Clorindo Testa, Jorge Abot, Luis Benedit, Ary Brizzi, Carlos Burone Risso, Víctor Chab, Miguel Dávila, Hugo de Marziani, Jorge Demirjian,Nicolás García Uriburu, Edgardo Giménez, Carlos Manso, María Martorell, Miguel Ocampo, Alejandro Puente, Giancarlo Puppo y Jorge Tapia, cuyas obras, en esta oportunidad, no tendrán forma de cuadro ni estarán fijas en una pared.
Remate a beneficio
Pero los barriletes no quedarán permanentemente en el cielo. A partir del 4 de noviembre la muestra ocupará un espacio más convencional y podrá verse hasta el 12 de ese mes en la galería Dock del Plata, ubicada en la avenida Alicia Moreau de Justo al 350. El último día de la exhibición, las obras se rematarán a beneficio de la Casa Cuna.
Algunos pintores se ganan el cielo
Con el convencimiento de que "los cielos están puros todavía", la Academia Nacional de Bellas Artes concretó su proyecto de una galería de arte en el cielo, con cuadros-barriletes, gestada a principios de mayo.
Pero la idea de este "salón del aire" surgió en 1978, cuando el actual presidente de la Academia, Basilio Uribe, propuso abrir los espacios de arte al público, durante un congreso internacional de críticos de arte.
Amante de los barriletes desde muy pequeño, Uribe maduró aquel viejo plan durante 20 años. Y ahora, convencido todavía de que "el único lugar propiamente de todos es el aire", se dio el gusto de reunir en una sola exposición todas sus pasiones: el arte, los cometas y la posibilidad de que todos puedan disfrutarlos. Con ese plan en mente, consultó a los arquitectos Víctor Derka y Manuel Net, sobre el mejor diseño y material: quería asegurarse de que el día de la inauguración los cometas cumplirían con su condición original y treparían al cielo sin inconvenientes.
Después de ver cientos de estilos distintos, se convencieron de que el "rokaku" -un modelo japonés con forma de hexágono de 1,20 m de alto- era el mejor. Entonces mandaron construir los veinte barriletes y los distribuyeron entre los artistas.
Pero todavía faltaba definir cómo sería esta muestra. Primero se pensó en remontar los cometas. Después, en exponerlos. Finalmente, se agregó el remate de las obras a beneficio.
Para evitar comparaciones odiosas, se decidió fijar un precio mínimo de 1000 pesos, con ofertas a sobre cerrado. Es decir, jamás se sabrá quién compró los barriletes. Salvo que se los vuelva a ver en el cielo.
La muestra, aseguran en la Academia, tiene muchas connotaciones. "¿Quién no recuerda el rito de la infancia de remontar barriletes con los primeros vientos de la primavera? -se pregunta el jefe de prensa de la entidad, Juan García Gayo-. Este espectáculo es la antisolemnidad. Y estará abierto a los cuatro vientos." Pero para eso faltan todavía dos fines de semana más. Mientras tanto, los 20 barriletes se apilan en una de las tantas salas de la Academia. Algunos esperan el armado final, sobre una mesa. Otros ya están terminados, con las cañas y los hilos para remontarlos.Y todos aguardan ese momento en que se haga realidad el sueño de Uribe de "mostrar a todos, contemplando el vuelo de 20 barriletes, una pintura del cielo".
Una historia marcada por los vientos
Es difícil pensar que los barriletes no siempre tuvieron que ver con la infancia. Pero lo cierto es que, desde su origen, este inocente "juego" fue utilizado en la guerra. Y hasta no hace muchos años sirvió para hacer ataques aéreos, transportar espías y detectar submarinos.
Si bien no hay datos sobre la fecha precisa de su creación, autores como Paul Dickson suponen que el barrilete nació 3000 años antes de nuestra era. Y aunque no todos los especialistas en estas cuestiones coinciden con él, es seguro que mil años antes de Cristo ya había cometas en el cielo.
Lo cierto es que surgió en China, de allí pasó a Japón y Corea y varios siglos después, a Europa y el resto del mundo.
De los primeros tiempos, todavía hay estampas japonesas que muestran a los arqueros de su ejército disparando flechas desde un barrilete.
Y hubo que esperar hasta el siglo XVIII para que los cometas se transformen en auxiliares de la ciencia. Alexander Wilson, un físico escocés, remontó seis barriletes para medir la temperatura simultáneamente en distintas alturas de la atmósfera. Y logró su objetivo elevando un termómetro en cada uno de ellos.
También fue un cometa el que inauguró la moda de los pararrayos. Eso fue lo que utilizó Benjamin Franklin, en 1752, para demostrar que las grandes cargas eléctricas eran atraídas por puntas metálicas.
En 1848, cuando se construyó el puente sobre el Niágara, los ingenieros se encontraron con un problema: llevar los cables hasta la otra orilla sin perderse en los remolinos del río. Inmediatamente encontraron la solución: organizaron un concurso que declararía ganador a quien lograra remontar un barrilete que llegara al otro lado. Fue un niño de 13 años el que se llevó el premio de diez dólares.
En 1901, los cometas se anotaron otro título de gloria:Marconi realizó la primera transmisión transatlántica, con la ayuda de una antena transportada por un barrilete. En esa misma época, Sam Cody, el doble de Buffalo Bill, cruzó el Canal de la Mancha en un bote impulsado por un barrilete. Y en 1905 remontó a un hombre a la altura récord de 500 metros en un modelo de su invención.
En 1945, Alemania volvió a darle el uso bélico que lo caracterizó en su nacimiento. Más sofisticados que los japoneses con sus arqueros, los alemanes construyeron 200 barriletes de 70 kilos cada uno y los remontaron desde sus submarinos para controlar desde el aire las instancias de la Primera Guerra Mundial.
La buena memoria de un poeta
Basilio Uribe, el presidente de la Academia Nacional de Buenos Aires, ya dobló esa curva de los años que la gente llama tercera edad. Pero no se le nota cuando habla. Y mucho menos cuando se entusiasma con este proyecto de remontar los veinte barriletes en el cielo de Buenos Aires. Cuando habla, vuelve sobre su infancia, cuando vivía frente al parque Lezama, en San Telmo, y se cruzaba a remontar cometas. El dice que su pasión nació por casualidad. "Igual que Boca Juniors. Viví frente a un parque donde veía barriletes, y a muy pocas cuadras del club. Hoy conservo esos dos amores", dice al pasar, como para no darle mayor importancia.
En la academia, Uribe -también poeta- ocupa una oficina tan seria como su cargo. Las paredes repletas de libros especializados en arte y un escritorio con unos pocos papeles ordenados le dan más solemnidad.
Pero cuando se sienta en su sillón, detrás del escritorio, abandona rápidamente esa imagen. Entonces se entusiasma y no disimula su verdadera pasión.Y para que no queden dudas, mira el alféizar de la ventana y señala su principal tesoro: una colección completa de casi todos los libros que se hayan editado sobre los barriletes.
Y no es que los tenga desde ahora, como consecuencia de la exposición. Ya en 1979, Uribe era todo un especialista en estas cuestiones.
Sabe, por ejemplo, que el ladrón que robó los leones de oro de una pagoda china, en el año 1500, lo hizo montado en un barrilete. O que un doble de Buffalo Bill, con permiso del verdadero, montó un circo para recaudar dinero y ampliar su colección de cometas. Sabe también que el barrilete, que hoy todos identifican con la infancia, fue en principio utilizado por hombres grandes. Por guerreros.Por científicos. Por artistas.
Quizá por eso no se siente incómodo con su pasión. Ni se avergüenza cuando cuenta que detrás de la puerta de su oficina tiene tres barriletes guardados.





