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El flamenco en estado salvaje

Espectáculo "Flamenco al Andalus". Baile: Francisco José Suárez Barrera, "El Torombo"; María José Suárez Barrera, "La Toromba", Jairo Barrul Fernández y la participación especial de Juan Manuel Fernández Montoya, "El Farruquito". Guitarra: Juan Gómez Amaya, "Juan del Gastor"; Martín Jiménez Silva, Martín "Chico", y Raúl López Maestre, "El Perla". Cante: Enrique Giménez Moreno, "Vareta"; María Vizarraga Giménez, "Mari", y Hermina Borjas. Dirección artística y coreografías: "El Torombo". Hasta el domingo 27, a las 21, en La Trastienda, Balcarce 460. Nuestra opinión: muy bueno.
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24 de agosto de 2000  

Gitanos de casta, los integrantes de la compañía que dirige El Torombo están ligados a sus tradiciones visceralmente y por convicción. Las llevan en su sangre y las transmiten de una generación a la siguiente respetando el pasado e intentando preservar su autenticidad. Aquí hay hermanos, como El Torombo y La Toromba, y el nieto del extraordinario Farruco, el maestro que lanzó al fogueo escénico al guía del plantel a los 7 años.

Siguiendo los pasos de su abuelo, Farruquito (16) hace honor a la estirpe, lo mismo que Jairo (14), cuya familia está emparentada con Carmen Amaya. Con los músicos ocurre algo similar. La unión hace la fuerza y en este caso sirve para demostrar que el patrimonio perdura sin contaminarse.

El espectáculo tiene las características típicas en números que alternan a los solistas del baile acompañados por el toque y el cante, que en casos se escucha aparte. No hay innovaciones, excepto por algunas escenas que incorporan un yunque sobre el cual, con martillos, los hombres producen el ritmo; una mesa que servirá para que uno de los varones haga sus maravillas, y tinajas en las que las cantaoras vuelcan agua en tanto emiten sus melodías.

En la soleá que El Torombo dedica a Carmen Amaya, su cuerpo se deja llevar por un vendaval de movimientos. Hay enorme fuerza en su zapateado, un trueno que hace temblar el recinto y que sube desde sus pies hasta la cabeza. Es bravío como un toro de lidia y, a la par, da una visión dolorosa cuando curva el pecho, la frente gacha y la expresión atormentada. Su hermana, en "La mujer alegría", también ofrece su baile a otra gran estrella desaparecida, Lola Flores.

La Toromba cautiva por el fuego que saca de cada poro. Es temperamental, taconea con una energía que rivaliza con la de los hombres. Lo que da con su baile es emoción pura, transmitida con sensualidad y desafío.

Ninguno se guarda nada. Dejan el corazón al desnudo, técnica aparte, que la hay, y mucha. Pero lo que priva son los sentimientos y lo que la música les impulsa. Farruquito mixtura ardor y majestuosidad. Lo especial del flamenco es el compás, que cada cual interpreta a su modo. Bailaor de enorme magnetismo, no se da tregua y deja las entrañas en lo que hace.

Prodigioso es Jairo, un adolescente que con cara seria, ceño fruncido y mirada de águila hipnotiza. Enhiesta la figura, soberbio el braceo, se lanza a giros vertiginosos, se concentra en el taconeo y hace que de la potencia surja el sonido perfecto, que va del máximo al casi imperceptible.

Con sus voces, VaretaHerminia y Mari los alientan, mientras que desde las guitarras sale la esencia del flamenco. Liderados por Juna del Gastor, los músicos completan lo que este arte significa. De Sevilla a Buenos Aires, El Torombo trajo lo genuino siguiendo el camino de los maestros y mostrando los nuevos talentos que lo continuarán, como es el caso de Jairo.

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