
El flamenco, en visión teatral
"Ay... de mí - Cabaret flamenco." Guión, selección musical, puesta en escena y dirección general: Eva Halac. Dirección musical: Horacio Corra. Coreografía: Lorena Di Prinzio, Claudio Arias y Eva Halac. Cantaores: Basilio Cádiz y Rafael González. Bailarines: Lorena Di Prinzio, Claudio Arias, Bárbara Balbo, Aixa Igielberg, Inés López, Soledad Medhi, Juan Naranjo, Javier Rodríguez. Actor: Claudio Rodrigo. Vestuario: Héctor Luengo. Escenografía: Fernando Katz, Micaela Sleigh y Eva Halac. Luces: Eva Halac y Federico Bove. Producción Melina Ons y Micaela Sleih. En La Trastienda, Balcarce 460. Funciones: viernes, a las 23 y sábado, a las 21.
Nuestra opinión: bueno
Como en los comienzos del género, cuando se desarrollaba en los cafés cantantes de Madrid y Andalucía, en la segunda mitad del siglo XIX, la acción sucede en un bar, ámbito en el que todo transcurre por medio del lenguaje musical, de los tacos y el cante. Es un bar de estación, de esos a los que concurren cientos de personas distintas cada día. Allí cada visitante despliega su historia o su estado emocional mediante la danza y se entremezcla con los parroquianos. El mozo del lugar es el eje de la trama y símbolo de la mitología gitana. Cada criatura intercambia el delantal con él, transmutando su personalidad, como simbología del mito de las múltiples vidas del gitano.
Eva Halac pintó de negro su puesta, pero no para darle un carácter sombrío u oscuro, sino vibrante y contundente. Cada postal está bien delineada y resuelta, y se constituye en una historia en sí misma. Todo esto, con el hilo conductor del mozo del bar -interpretado alternativamente- y pasacalles recitados a cargo del actor Claudio Rodrigo, como el cantinero. La directora tomó el aspecto más teatral del flamenco, aquel en el que la actitud señala el lenguaje. Tomó los ingredientes necesarios que no requieren de la voz hablada. Precisamente, algunos de los versos recitados opacan en ocasiones el clímax impuesto por la juerga gitana. Mediante bulerías, fandangos, pasodobles y jaleos, las criaturas desgarran sus historias y se conectan en una poderosa energía que, sobre todo, despliegan en sus pasos los hombres.
Las bailadoras
A su vez, Lorena Di Prinzio y Claudio Arias, desde la coreografía, profanan algunas reglas del flamenco, incorporan muchos giros e involucran todas las posibilidades corporales. Incluso en el cuadro "Colombiana" incorporan pasos y tics que hacen a la técnica del genial Bob Fosse -que, obviamente, nada tenía que ver con el flamenco-. Todos estos aditamentos son positivos y enriquecen lo ya conocido.
Entretanto, la incorporación de los cantaores Basilio Cádiz y Rafael González ilustra sensaciones y crea climas. Pocos cambios de vestuario, mucha sugerencia y alusión. Bien la remarcación de luces.
Aunque el espectáculo no está restringido al público de flamenco ni a una colectividad determinada, comete el pecado de pretender agradar forzadamente con la inclusión de dos tangos argentinos para bailaores.
En el ballet se destacan principalmente Claudio Arias -protagonista absoluto- y Juan Naranjo.
Un lindo espectáculo que puede ser el punto de partida para una nueva exploración en esta comunión de géneros mixtos.





