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El grito ancestral de Calcumil

"Akuñkike", obra de Luisa Calcumil (textos, canciones y puesta general). Músicos: Osvaldo Ton (acordeón), Ricardo Lasalla (guitarra) y Alberto Suárez (arreglos y coautor de los temas). Nueva función: próximo sábado, a las 21, en La Trastienda (Balcarce 460). Nuestra opinión: muy bueno .
Gabriel Plaza
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22 de marzo de 2000  

Una oración en lengua mapuche rompe el silencio. Es una rogativa ancestral que impregna el ambiente de un clima sagrado que se mantendrá en armonía con un escenario despojado y una atmósfera lumínica con muchas sombras.

Luisa Calcumil traduce el sonido del viento, de los ríos y de los valles patagónicos, que acercan la espiritualidad de ese pueblo culturalmente postergado. Ella trae consigo esa realidad mapuche y cuenta las historias de su gente en la tradición de los antiguos. Las transmite con su cuerpo o desde el canto con kultrun (un instrumento percusivo) para culminar cada ritual.

Tras una metamorfosis, Calcumil deja su atuendo ceremonial. La artista mapuche recurre a un relato popular donde cuenta los padeceres del indígena y muestra ese contacto armónico con la tierra. La actriz no relega la cuota de picardía tan propia de la gente de campo, que sazona la densidad de la historia y aporta otros climas al espectáculo. Sin embargo, Calcumil no le quita el tono sentencioso a todo lo que dice, cuando plantea otra actitud frente a la relación entre el hombre blanco y el indígena.

De lo teatral a la música

Lo teatral se entrelaza con lo musical. La reflexión, con el juego. Los estados de ánimo quedan al descubierto en sonidos que traen ecos antiguos y ancestrales del indio.

Calcumil aparece tocando el torompe (o xompe), un instrumento metálico que "es bueno como antídoto contra la nostalgia", explica. O cuando "se anda queriendo amores", agrega. Las canciones de corte social en ritmos alegres y sencillos se asocian a esa naturalidad musical con la que se expresan en las comunidades del valle y cerca de la cordillera.

Bien acompañada por la guitarra de Lasalla y el acordeón de Ton, Calcumil entona con sentimiento canciones con letras valientes y una poesía agreste, que define su arte.

En la línea social se para sobre una milonga que llama "Mujer argentina", y que sintetiza la temática de sus versos, que subrayan el rol de la mujer en su comunidad.

Más que una cantora, Calcumil es una suerte de cronista que vocea lo que les pasa a sus paisanos. Y como la gente de su tierra celebra el encuentro (en este caso el suyo con el público, que la premia con aplausos) con algunas rancheritas, que la invitan a bailar, y hasta algún chamamé que dedica a una abuela mapuche. O registra la dureza de los días en el Sur con valsecitos y cuecas que remiten al sonido de Violeta Parra: piezas que cuentan lo social con transparencia y envueltas en una musicalidad de hermandad cordillerana.

El universo de Calcumil se completa en una trilogía de ritos, tradición oral y música, que acerca una parte de esa cultura que descubre "la otra historia". "Akuñkike" es una reconstrucción sobre los restos del legado aborigen, que la conquista civilizadora no pudo aniquilar del todo: una mirada necesaria ante la cobardía pasada y la amnesia de nuestros días.

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