
El inoxidable
Desde hoy, y durante 26 noches que convocarán a 85.000 espectadores, Sandro repetirá ese clásico ritual de los regresos, con sus rosas, su bata roja y, por supuesto, sus canciones de siempre
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Soy como el sable de San Martín: viejo y torcido, pero todavía doy batalla." Sandro conoce su paño. Se nota. Sabe que no hace falta conceder cientos de entrevistas para vender las 85.000 entradas que ya aseguran un Gran Rex repleto hasta diciembre. Que no hace falta contonearse al ritmo de las odaliscas que lo quieren en el centro de la pista para demostrar que todavía puede seducir. Lo sabe. Se nota.
Seguramente por eso se da el lujo de "agasajar" a unos cien periodistas y fotógrafos sin necesidad de profundizar en su show "Gracias", que comenzará hoy. Y de olvidarse de todo para hablar de su pasión culinaria, algo que alimenta con cuanto programa sobre el tema aparezca en la pantalla. Y con cuanta película haga referencia a la comida, como "La fiesta de Babette", "Big Nigth" o "Como para agua para chocolate", sus preferidas.
Lo sabe. Quizá por eso se lo toma con calma. Parado en el centro del infierno de cámaras de TV y de fotos, de micrófonos y grabadores, como la imagen del film "El cuarto poder", de Costa Gavras, Sandro apenas posa y sonríe. Les regala su mejor perfil: de frente. Les dice que entre el cigarrillo y él, eligió por sí mismo y la vida, y que no quiere dar entrevistas.
Y cumple con su consigna. "Gracias. La propuesta es olvidar por una noche el trabajo, simplemente celebrar, recuperar juntos el placer de la buena mesa, la fantasía y el ocio, como en los cuentos de "Las mil y una noches"." La tarjeta de invitación que repartió entre los periodistas decía eso. Y él cumplió.
Contacto radial
Olvidó el trabajo. Sentado en el último rincón de la mesa más arrinconada del salón del Club Sirio, Sandro prefirió las anécdotas, los comentarios sobre películas y sobre los perros y guacamayos que tiene en su casa. Se perdió en el relato sobre la cantidad de veces que, enganchado a la radio, llama a los programas para dialogar con los conductores. Al menos cuando logra pasar el filtro. Hace poco llamó a una emisora para participar de un programa y el telefonista, desconfiado, le cortó: "¿Así que vos sos Sandro? Yo soy Ricky Martin", le dijo. Y lo dejó sin posibilidades de hablar.
Y en el cuento de aquella foto suya con el barbijo que, según explicó, fue un simple tratamiento de conducto que quería disimular. Sandro sabía que si salía del dentista con la cara dormida de los dos lados iba a hablar torcido y todos iban a creer que, además del enfisema que lo tuvo dos años encerrado, tenía hemiplejia. Que prefirió entonces cubrirse, aunque el efecto después, con la foto reproducida, fuera igual.
Celebró también, como decía la tarjeta. "Cuando se llega a cumplir 35 años con esta profesión y 53 años de edad con las mujeres -como si yo fuera Ricky Martin, aunque puedo ser el abuelo del chico-, con ese público maravilloso que te sigue, después de haber salido de una enfermedad muy difícil... Por todo eso eso, gracias. Sencillamente me di cuenta que quizás el Señor me dio la misión de subir a un escenario y cantar porque eso le puede dar un poquito de felicidad a alguien", dijo.
También festejó con los periodistas que ocuparon las ocho mesas del salón. Y con las vecinas que se amontonaron en la puerta, a la espera de que saliera en su limusina para pedirle un autógrafo. Celebró por los 26 shows que ya tiene asegurados y por el disco que los rockeros harán en su honor.
Recuperó el placer de la buena mesa. Además de probar los platos sirios, Sandro contó con pelos y señales todos y cada uno de los programas culinarios que aparecen en el reino del cable, de donde aprende las recetas que más tarde vuelca, con paciencia, en su computadora, y más tarde en su propia cocina. Y también la fantasía y el ocio como en los cuentos de "Las mil y una noches". Pero no se acercó al centro de la pista para bailar. Sólo miró a las odaliscas desde su rincón y aplaudió. "Yo hacía eso, ¿pero sabés cómo te quedan los meniscos? Ahora, cuando subo las escaleras de mi casa parezco Robocop por el ruido que hago", se rió.
Sandro conoce su paño. Sabe que las fanáticas que lo siguen quiere que cante una y mil veces los temas que ya conocen. Y él lo va a hacer desde hoy. Sabe que la bata roja ya es un distintivo suyo y por eso compró, no una bata sino la pieza entera de tela para repetir el modelo cada vez que el desgaste lo requiera. Y que no hace falta develar los misterios que lo rodean para que sus fieles seguidores colmen el teatro. Sandro lo sabe. Por eso sigue dando batalla.
El mito, en números
- 85 mil son las entradas que vendió por anticipado su nuevo ciclo de conciertos en el Gran Rex, que comienza esta noche.
- 27 shows es la marca récord que ostenta desde 1996.
- 26 recitales son los que tiene previstos hasta el momento y que se extenderán hasta noviembre.
- 10 serán los conciertos que realizará Sandro en Rosario.
- 53 , la edad del cantante, que nació el 19 de agosto de 1945 en Parque Patricios.
- 35 años lleva junto a la música.
- 12 años tenía cuando se dio cuenta de que quería ser cantante.
- 1961 fue cuando debutó con Los de Fuego en Avellaneda.
- 13 de noviembre de 1963 es la fecha exacta en que grabó su primer simple. Los temas: "A eso le llamás amor" y "Eres el demonio disfrazado".
- 1966 marcó su debut en el cine con "Buenas noches, Buenos Aires" dirigida por Hugo del Carril.
- 5 fueron los históricos recitales en el Madison Square Garden, que lo transformaron en Sandro de América en el ´70.
- 60 mil personas asistieron a verlo al viejo Gasómetro de San Lorenzo en los carnavales del ´71.
- 150 mil pesos sería la cifra que le pagaría Telefé por participar en el programa de Susana Giménez.
- 31 son los trabajos que integran su vasta discografía.




