El muy triste adiós a la inocencia
En "El color del cielo", Pablo Torre retrata con ojos de niño a la dictadura
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ALTAGRACIA, Córdoba.- Una película que quiere narrar el adiós a la inocencia. Un adiós a los niños que nacieron en el proceso militar y que terminaron su adolescencia en la Guerra de Malvinas. Así se presenta "El color del cielo", segunda película del realizador Pablo Torre (43 años), que está en pleno rodaje en la provincia de Córboba con actores como Nicolás Pauls, Enrique Pinti, Gerardo Romano, y otros intérpretes y niños cordobeses, y que promete estrenarse para el abril del año próximo.
En medio de las sierras de Alta Gracia, Pablo Torre pone a prueba su paciencia en un set plagado de chicos de entre 10 y 13 años que caminan descalzos por una ambientada habitación en el Museo Liniers. Mientras, Enrique Pinti, vestido de cura, espera para filmar.
Para Pablo Torre ésta es su opera prima, ya que la anterior, "El amante de las películas mudas" _en donde actuaba Alfredo Alcón y que duró sólo una semana en cartel_, "fue un rapto de juventud y vacilación. La filmé porque necesitaba liberarme del fantasma de mi padre, Leopoldo Torre Nilson, y de mi abuelo, Leopoldo Torres Ríos", dice.
Como en el cuento del lobo y los cabritos, el protagonista de "El color del cielo" se salva _de los militares que se llevaron a su madre_ al esconderse dentro de un reloj de péndulo. Luego queda a cargo de su tía, quien usa la misma lógica de aquel pájaro que esconde a sus crías al lado del nido de su animal depredador, suponiendo que irá a buscar su presa lejos. Entonces lleva al chico a la boca del lobo: lo interna en un colegio religioso donde se educan los hijos de los militares.
_Intenta hablar de los militares sin ellos...
_Sí, a los militares no se los ve nunca. Pero estos chiquitos los representan perfectamente. Porque en un pequeño click estos deliciosos niños se transforman en horripilantes monstruos. Ellos torturan, hacen las mismas cosas que sus padres. El chiquito descubre, entonces, que tiene dos caminos: asimilarse a la víctimas o a los victimarios.
_¿Y qué decide?
_Este chico no sabe a quién tiene que querer y se encariña con sus victimarios. Por eso, creo que más que una película sobre el Proceso trata sobre lo misterioso de la infancia, de los afectos. Porque más allá de la mirada sobre el proceso militar, no está en mis posibilidades narrativas hacer una película histórica.
De todos modos, el fantasma militar se corporizará en la segunda parte de "El color del cielo" con la Guerra de Malvinas. "Habrá diez minutos de rendición", asegura Torre. Y escenas en que, a pedido de los ingleses, los soldados argentinos tienen que desarmar los campos minados con un punzón. "Para una representación digna necesitaré del apoyo del Ejército", asegura Pablo. Porque su mujer, Marilyn, también productora, ya le advirtió: "Si la filmás con tres lucecitas, una bengala y un poco de humo vas a ser el segundo general Galtieri". Su película cuenta también con un crédito de 600 mil pesos del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, y de empresas privadas canadienses para la posproducción, y mexicanas para el equipamiento.
Sobre culpas y errores
Como los escritores eligieron un tema para exorcizar sus penas, para Torre la opresión, la lucha del fuerte contra el débil y la violencia, aparecerá de algún modo en todo lo que haga. "Me tocó especialmente porque no me tocó. Esa es mi gran culpa. Y confieso que cada vez más me interesan poco otros temas. No sabía que en la vejez me aferraría a esto".
_¿Cómo hablar de vejez y encarar a la vez una opera prima?
_No me molesta. Yo creo que la realización cinematográfica es para los adultos, porque los errores del cine que se cometen de joven no son como los de la poesía o los de amor. Te sale mal una película y tardás diez años en reponerte. Yo tuve una película sin éxito y, por suerte, lo resolví bastante bien.
Abuelos, padres y nietos
Tal vez para reconciliarse con una parte cruel de su historia, Pablo Torre se sentó a ver por primera vez películas como "La vuelta al nido", "Pelota de trapo", "Edad difícil" y "Aquello que amamos", todas dirigidas entre los años 30 y 50 por su abuelo, Leopoldo Torres Ríos. "Es que yo nunca quise a mi abuelo", confiesa. "Incluso cuando me lo recuerdan como un buen tipo, a mí me parece incomprensible, porque yo lo recuerdo como una mala persona que me maltrataba. Cuando nací, él adoraba a Javier, mi hermano mayor. Supongo que por ser el primero y el más lindo. Y yo una especie de monstruo, gordo, cabezón y bizco. Y entonces dijo que no podía querer a un segundo nieto. Me ignoró y yo también a él".
En cambio, la relación con su padre, Torre Nilsson, fue al revés: "Mi papá me adoraba. Como había sido el nieto abandonado, yo estaba todo el tiempo con él".
_El de los afectos, un tema complicado en su vida...
_Complicadísimo. Por eso, ºpobre mi hijo! Mi hermano Javier y yo tenemos una visión del cine totalmente distinta. Y Agustín está entre dos mundos opuestos, más la carga de su abuelo y la de su bisabuelo. No quisiera estar en su pellejo.
_Al concurso se presentó con seudónimo.
-Sí. Yo me enteré del concurso cuando lo ganó. La verdad es que estoy muy orgulloso. Y ahí creí en la eternidad, en el deseo de volver sobre nosotros y el cine que tienen nuestros ancestros.
Lorena García
A prueba de llantos
CORDOBA.- Cuentan que la cola para el casting infantil de "El color del cielo" era interminable. Muchos cordobeses, al pasar por el lugar y ver tanta gente, se quedaban. Y a más de uno que llegaba al casting, cuando se le preguntó si quería actuar, contestó: "No, si yo iba a la carnicería".
Finalmente se eligieron catorce chicos. En los roles principales, Facundo García (Nicolás), Gaspar Mir (Mixto), Mateo Blesio (Velázquez), Leonardo Leiguarda (El Momia), y Marcelo Díaz (Guzmán).
En una escena, el personaje de Mixto tiene llorar en los brazos de Pinti por una broma pesada que le hicieron sus compañeros. El actor, Gaspar Mir, cordobés, 13 años, no podía concentrarse. El director le preguntó si le molestaba tanta gente, si quería que se fueran los periodistas. "No, el problema no es la gente, es mío", contestó temblando en los brazos de Pinti. Cuando en la conferencia de prensa un periodista le preguntó cómo resolvió esa toma, él contestó: "Memoria emotiva. Pero, ¿no importa si no digo en quién pensé para poder llorar?" Todos aplaudieron.
El pequeño actor es de Pilar y hace tres años que toma clases de teatro en Córdoba. Dudó antes de entrar en el casting, "porque pensé que buscaban rubios y de ojos celestes, como el protagónico es Nicolás Pauls...". Gaspar cuenta que, de algún modo, se identifica con su personaje: "Mis compañeros me despreciaban. Yo soy fino, delicado, prolijo, y por eso me trataban de maricón. No quise cambiar de colegio, intenté cambiar yo. Fui a una psicóloga y ahora me llevo mejor con ellos".
En su vida, sólo vio la película "Sol de otoño". "Y tengo unos bonos para canjearlos para "Pequeños milagros". Yo quiero ser actor. Y al menos ya estoy cumpliendo una meta." ;
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