
El padre de la televisión
Luego de tres años, regresa a los sets, pero esta vez sin Andrea
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El 27 de octubre de 1951, Nicolás del Boca estaba detrás de la cámara que transmitía esa nueva experiencia que era la televisión, inaugurada sólo diez días antes. Así lo recuerda este director que se dedicó a su hija Andrea tanto en la Argentina como en España, Italia, Colombia y Puerto Rico. El último regreso fue en 1992, con "Celeste", producida por Raúl Lecouna. No era la primera vez que se cruzaban. "Lo conocí en el 9, cuando Raúl era asistente", dice Nicolás y retrocede 25 años.
Hoy, aunque con "Amor latino" Del Boca vuelve a dirigir, pero sin su hija, le es imposible hablar de trabajo sin nombrarla. Por eso la conversación va y viene y la excepción que hace Nicolás al conceder esta entrevista revela su falta de vicios a la hora de las respuestas.
-Lecouna dice que el trío Del Boca-Torres-Lecouna, sin Andrea, es la Ferrari, pero sin Schumacher.
-A Andrea le faltaba una libertad plena que no había conseguido. Las telenovelas asfixian mucho y había un espacio que ella quería que fuese propio y no lo tenía. Ahí fue que nos retiramos. Por fortuna, Raúl fabricó esto...
-¿Le costó convencerlo?
-Si me hubieran ofrecido algo en Telefé, no volvía. Soy muy consecuente. La primera novela que hicimos acá fue porque Lecouna se jugó por nosotros. De pronto, despierta con 30 años y hasta nosotros nos sorprendimos de una edad. La vida se va. Andrea con sus bochinches, que Nueva York, que su novio... Decidimos parar. Y no tenía esperanzas de volver porque no encontraba un sinceramiento en las empresas y lo importante es trabajar con gente a quien podés responder.
-¿No le ofrecieron trabajo?
-No. Muchas veces nos preguntamos con (Alejandro) Doria si de tanto que dijimos que no nos quedamos afuera. Parece que uno sangra por la herida pero en la TV, los empresarios, e involucro a los directores artísticos y demás, se olvidaron de hacer las cosas bien. Se juega al rating. A uno le corresponde hacer creíble una historia y nada más. Hay cosas bien hechas como "Vulnerables", pero la TV se ha puesto vulgar y grosera. Eso con Andrea no lo haría jamás y tampoco lo hago ahora. Si ponen una grosería, la quito.
-"Amor latino" va a ser más una comedia. ¿Se siente cómodo ahí?
-Sí, las novelas que hicimos pasaron. No podemos seguir dándole melodrama a la gente porque para drama está la vida de cada día, que es bastante intensa. Pero hacer comedia no es sólo hacer reír sino los gags de cada personaje, los tempos que se juegan. Andrea es una comediante excelente...
-La extraña...
-La extraño. No puedo dejar de pensar. Hay buenas actrices y entre ellas está Andrea.
-¿Si está ella, usted se relaja más?
-Al contrario. Me relajo más ahora. No tengo el peso de Andrea. ¡Qué contradicción! El problema de Andrea es que es mi hija. Las exigencias son: que debe ser la primera, se tiene que ir última, tiene que tener todo el libro, si la novela no funciona es Andrea, si hay problemas es Andrea. Y no es Andrea.
-Ahora se ocupa más de lo suyo...
-Es verdad. Tenía doble peso: la responsabilidad del programa y la de mi hija. Cuando bajó "Mía..." le dije: "Basta, Andrea. Ahora necesito tu tiempo". Estábamos hablando de algo que habíamos perdido todos: el tiempo de Andrea. Podemos estar muy satisfechos por Andrea, pero es mi hija. Si quito ese valor, ¿qué sentido tiene la vida? Trabajamos mucho, mucho y cada vez más, hasta que nos preguntamos: ¿qué hicimos hasta ahora?
-Este es un momento ideal: acá es director y, en casa, papá y abuelo.
-Y es más, voy a gestionar una relación de Andrea con Pol-ka como con la película, pero nada más. Andrea sabe que va a ser su tiempo el que vale. Más por las razones por las que está pasando...Cuando diga: "No". Es no.
-¡La razón es su embarazo!
-¡Ave María! Debo estar contento como abuelo. Estas cosas son sorpresas pero ocurren así. Además, la actitud de ella es valiente al decir: "Esto me lo banco. Si tengo que ser una madre soltera, lo seré". Y la vamos a acompañar porque la valentía me vale.
-Si usted sigue en Azul y Andrea va a Pol-ka, ¿van a competir?
-No lo sé. Sería una pena. Pero ella disputará su rating y yo el mío.
-¿Por qué tiene fama de bravo?
-La TV se ha vuelto un poco de taquito. Para mí nada es fácil y tengo que salvar a todos. Me enojo mucho, pero jamás los voy a traicionar en el aire. Lo tengo en la mira, ahora, a Diego Ramos. Hoy casi le pego. "Este bocadillo después lo voy a decir bien", me contesta. Decirme eso a mí es pegarme un tiro. Le dije: "Yo no improviso. Va todo de nuevo y me dice el bocadillo". Esto no puede ser una anarquía sino, ¿para qué me llamaron a mí?






