Etiqueta azul: tensión, intriga e intensidad

Etiqueta azul / Autora: Patricia Liguori / Intérpretes: Malena Sánchez, Eliseo Barrionuevo / Escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez / Iluminación: David Seldes / Vestuario: Sofía Di Nunzio / Sonido: Sebastián Verea / Asistente de dirección: Flora Ferrari / Dirección general: Joaquín Bonet / Sala: Elkafka, Lambaré 866 / Funciones: sábados, a las 23 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: muy buena
Una pareja ocasional, Paula y Juan, despierta una mañana en un pequeño departamento del microcentro porteño. Se conocieron la noche anterior en una disco y la relación que entablaron los condujo hasta ese ámbito desangelado, peligroso, en el que además dos cámaras parecerían vigilarlos.
Ella no recuerda detalles de lo sucedido entre ellos, tampoco cómo llegó al lugar y tiene mucha urgencia en escapar. Sus argumentos: abrir el negocio en el que trabaja, retirar los remedios que necesita su padre enfermo.
Él explica que se han perdido las llaves, por lo cual no habrá otra posibilidad que esperar a que llegue alguien a rescatarlos.
La tensión que provoca esta situación es mucha. ¿Quién es verdaderamente Juan? ¿Necesita a Paula para algo más que un mero encuentro nocturno? Los jóvenes provienen de mundos sociales muy opuestos. Juan creció en el conurbano bonaerense y Paula, en la zona norte. Estas desigualdades se irán transformando de a poco en un tema central dentro de la pieza. Las conductas de cada uno de los personajes se develarán, también, en pequeñas dosis. Aunque más allá de permitirle al espectador reconocer quién es cada uno, lo interesante es esa intriga que se va instalando y que crece de forma muy equilibrada.
El texto de Patricia Liguori está conformado por pequeñas situaciones, enhebradas con cierta astucia, pero logra potenciarse, y mucho, a través de la dirección de Joaquín Bonet. El creador diseña una puesta que acerca la acción a los espectadores, para de esa manera exponer cómo los cuerpos de los intérpretes serán los que expresen, con marcada intención, el aparente sinsentido de una realidad en la que están inmersas esas criaturas, y que sobre todo a Paula le genera una profunda inquietud.
Tanto Malena Sánchez como Eliseo Barrionuevo construyen sus personajes con mucha seguridad, y de esa forma la relación entre ellos alcanza momentos sumamente atractivos en los que se cruzan cuestiones como ingenuidad, desencanto y rabia. Sobre todo en el personaje de Juan que es quien parecería escribir esta historia que expresa una profunda soledad. Esa noche creyó tocar el cielo con las manos, pero la luz del día no hace más que opacar su existencia.
Resultan muy destacables la escenografía de Gonzalo Córdoba Estévez y la iluminación de David Seldes a la hora de enmarcar esa trama oscura y desesperanzada.
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