
Furor por las gaitas y leyendas celtas
A sala llena:el fin de sema-na quedó demostrado que esta modalidad artística tiene hoy entre nosotros una gran convocatoria.
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La cultura celta desempolva sus ritos en plena avenida Corrientes. Por cuestiones de moda o por experimentar el sabor de raíces galaicas la gente se adueña del teatro Astral.
Son dos días para una música en la que confluyen los sonidos del norte de España, Irlanda y Escocia. Un festival que permite recuperar las leyendas de orígenes medievales y transportarlas a las gaitas y los instrumentos de este tiempo.
La gente vibra con esos sonidos que resuenan lejanos, pero se mantienen frescos por la pura transmisión de sus mayores. En la Argentina, existe una de las más grandes colectividades gallegas, la otra está en Cuba, y eso se percibe en esta convocatoria masiva.
Ausente de paisajes, los que protagonizan este Tercer Festival de Música Celta son llevados a través de la música por lugares y épocas que los reencuentran con su origen.
Los grupos tradicionales empiezan a desfilar con el Tercio de Gallegos, y el sonido de la gaita se empezará a filtrar por los oídos con insistencia. El Conjunto de Música Celta del Centro de Galicia aportará su veta folk que recrearon en su disco "Abrego", hasta que los mitos se apoderen de la noche.
Todavía no son las doce pero se celebra el nuevo año celta (que se festeja los 1ros. de noviembre). "La noche de brujas" instala otro clima. La gente comienza a hablar de duendes. Se ven disfraces y calaveras que danzan alocadamente por el viento que entra desde el exterior del teatro. La mitología se apropia de la fiesta celta. Aparecen los brebajes como la queimada, que arde en una olla gigante o las tortas galesas que los visitantes degustan.
Los libros ubicados en el hall del teatro empiezan a ser consultados por los curiosos para enterarse del verdadero origen de este pueblo. Y una vitrina con espadas que reproducen la famosa Excalibur desencajan los rostros de los presentes. Después, el Conjunto Pelayo del Centro Asturiano de Buenos Aires le irá poniendo color -con su cuerpo de baile y de gaiteros- al escenario negro, despojado de toda escenografía alegórica. El ritmo que le imprimen las gaitas repercute en danzas tradicionales tales como fandangos, ligeros y jotas, que el grupo ejercita con un entusiasmo.
El esquema se repetirá con la banda de gaiteros escoceses SAPA, que se retirarán con la popular "Grand March"; el Conjunto Arzuano Meliden, que recrea la cultura gallega con sus trajes típicos y su agrupación de música tradicional; y posteriormente, solo con su gaita, subirá Brian Barthe, que consigue la adhesión de la gente que bate palmas y zapatea para seguir el compás.
El final quedará a cargo del grupo Potim, que trabaja sobre climas y sonidos más actuales que no se alejan de la raíz. A los grupos les gana un sentimiento verdadero, pero demasiado amateur, para un espectáculo que va por su tercera edición.
Segunda noche
El sábado, otro tipo de público se acercó al festival. Muchos, atraídos por la presentación del gaitero gallego Carlos Núñez, que vino a mostrar su último disco "La hermandad de las estrellas", se toparon con otra cultura que se abría ante sus ojos.
Escucharon con atención, y en algunos casos con paciencia, las distintas agrupaciones que precedieron al talentoso músico: el grupo SAPA, el Conjunto Airiños de Casa de Galicia, The Shepherds, el conjunto de danzas irlandesas Celtic Argentina y el Conjunto de Sociedad Parroquial de Vedra.
El músico que tocó con Los Chieftains, apareció pasadas las once y a lo largo de dos horas demostró porqué es considerado uno de los mejores gaiteros del mundo.
El instrumentista no luce su virtuosismo a niveles autistas. Se comunica con el público. Cuenta las historias antes de cada canción. Se regodea con el sabor de las coplas populares y las leyendas de otros tiempos. Ante todo, se divierte.
El grupo que lo acompaña funciona como una verdadera usina de sonidos regionales, que ensambla perfectamente con los nuevos aires que Núñez le imprime a la música folklórica. Con cada instrumento que utiliza (la ocarina, la flauta dulce o la gaita), sintetiza una cultura vasta que se extiende y se traduce en un sonido que descubre un mundo nuevo. O mejor dicho, un mundo antiguo que merece ser descubierto.




