Hay un chef en mi lata
Abandonar la mesa familiar en busca del propio refugio pone a prueba la imaginación a la hora de lograr un plato "sabroso" sobre la base de envasados. Solteros y solteras escapan de la negra rutina de pizzas y hamburguesas en un abrir y cerrar de latas. Recetas rápidas, menús para fiacas, cenas románticas y hasta salidas airosas dignas de paladares exigentes. Un manual para atravesar la soltería sin morir de hambre en el intento.
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Cuando Dios tuvo a bien crear a la madre, seguramente tendría hambre. Es probable que también se sintiera falto de cariño y comprensión, pero el disparador fundamental tiene que haber sido el hambre. No hay forma de explicar sino el nacimiento de una máquina culinaria de tan divina perfección. Sólo en las manos de la propia madre reside el poder de transformar la materia en oro, hacer piedras preciosas de simples ñoquis y volver una ruda milanesa en el más acabado acto de amor filial.
Empujados por el paso de los años, todos hemos debido dejar un día la mesa familiar para aventurarnos en el sendero incierto de la comida de soltero, cortando traumáticamente el dulce cordón del Edipo gastronómico. Así, lo que por muchos años fue un menú luminoso y variado se transformó en una negra rutina de hamburguesas y porciones de pizza recalentadas. Un precio realmente alto para exhibir títulos de hijo independiente.
Afortunadamente, los huérfanos de estómago no están completamente solos; cuentan con la solidaridad de las latas de conserva y los platos instantáneos, amigos fieles de todos aquellos que vuelven a casa con el urgente deseo de comer en menos de diez minutos.
El primer acto de iniciación para entrar en el ruedo es comprar un abrelatas. Un segundo paso será desembarcar en el supermercado amigo y hacerse de los infaltables, los elementos que serán base de los primeros experimentos. Pasemos lista: no pueden quedar afuera latas de atún -reemplazables por caballa-, sardinas, jardineras, tomates perita y choclo en granos o cremoso.
Vayamos, entonces, al primer desafío: la mayonesa de atún. Muchos iniciados pensarán que estamos proponiendo una prueba fácil, pero los ritmos de aprendizaje deben ser respetados. Bien, el métier es bastante simple. Se abre una lata de atún y otra de jardinera -el número de comensales puede hacer variar la cantidad-; se corta el atún en pequeños trocitos, se mezcla con la jardinera y, al final, se rocía con dosis abundantes de mayonesa. Un poco de sal -no apasionarse, que el atún suele venir salado- y tarea concluida.
En una segunda etapa sería bueno que los amantes de las pastas se animaran a incursionar en la preparación del tuco básico. Un diente de ajo y media cebolla picados se fríen sobre un chorro modesto de aceite hasta que comiencen a dorarse; luego se le echa una lata de tomates perita previamente troceados, pizca de sal, orégano, ají molido y a cocinarse diez minutos a fuego bajo y con la tapa puesta. Básico, básico. Esta claro que los más vagos pueden evitarse el esfuerzo; marcas como Cica y La Campagnola ofrecen salsas fileto, pomarola, bolognesa y napolitana. Todo muy rápido, muy limpio, pero sin el sabor de lo hecho por uno mismo. La decisión queda en cada conciencia.
Para vagos en estado terminal, Gallo ha lanzado al mercado una línea de fideos instantáneos que vienen acompañados con salsas rosa, crema y albahaca, cuatro quesos y hongos. Cuestan $ 3,35 y se posan sobre el plato en un tiempo récord de ocho minutos y treinta y cinco segundos. En el mismo segmento están las bolsitas de Koka -$ 0,75 la porción-, una marca coreana que ha aparecido por las góndolas porteñas ofreciendo fideos con carne, pollo y pescado, preparados a la usanza oriental, a los que sólo hay que echarles un poco de agua caliente.
Si hay tiempo y ganas, con un par de combinaciones simples se puede disfrutar de una cena con entradas. Una podría ser cubitos de kani-kama, palmitos troceados y salsa golf. Otra posibilidad, no menos simple, es poner a hervir dos huevos y, una vez duros, partirlos al medio y quitarles la yema. Luego, armar una pasta con mayonesa, mostaza y las yemas, y llenar con ella las blancas mitades. Bocatto di cardenale.
Otras entradas un poco más rústicas se resuelven con sólo abrir la lata y cortar unos pedazos de pan. Las sardinas -$ 0,68- y el atún en escabeche -$ 1,50- no necesitan mucha compañía para alcanzar niveles de entrantes dignos, así como la gran variedad de conservas de almejas, mejillones y otros tantos hijos del mar que andan enlatados por ahí.
Hay que tener sumo cuidado cuando el destino nos ponga cara a cara con una de pulpos en su tinta. De afuera parece todo muy amable, pero los diseñadores de latas han creado una trampa mortal de la cual es casi imposible escapar ileso. Cuando, desprevenidos, hincamos el diente del abrelatas sobre la superficie de la lata, un envenenado chorro negro salta furioso y pone en knock-out la camisa que acabábamos de estrenar. Mucho, pero mucho cuidado.
Existe un manual de premisas que debe ser tenido en cuenta si uno espera volverse un especialista en la materia de latas. Por ejemplo, aprovechar siempre las ofertas de la semana o del mes en el supermercado de turno. Si hay arvejas a precio de ganga, no dudar; cargar el changuito a niveles de contrabando. Lo que se debe tener en cuenta es la posibilidad potencial de establecer combinaciones. A saber, la jardineras riman con el choclo en grano -ya que son base de una buena ensalada-, pero, en cambio, una lata de puré de tomate y otra de arvejas no son fácilmente conjugables.
En el rubro sopas, las cosas han evolucionado, y mucho. Desde los humildes tiempos de los cubitos Knorr a estos días, mucho caldo ha pasado bajo el puente. Hoy en cualquier almacén se puede acceder a un buen puñado de exquisiteces: sopa crema de espinacas con finas hierbas de Knorr -$ 0,99-, crema de mariscos o pollo con arroz de Maggi -$ 0,75-, o bien la línea de famosísimas sopas Campbell´s, que cobraron celebridad al inspirar la obra del artista Andy Warhol. Las Campbell´s vienen en variedad de espárragos, arvejas con jamón y pollo -todas cuestan $ 1- y brindan la satisfacción extra de engullirse, cuchara en mano, a uno de los mayores iconos de la cultura pop. Que no es poca cosa.
A esta altura, vale la pena hacer un aparte en la comida de solteros que quieren dejar de serlo. Después de incontables noches de bocados solitarios, llega por fin una visita en busca de ser halagada. La oportunidad no debe ser desaprovechada; que no falten las velas, buen vino y un menú de altura. Para empezar impactando, una entrada con pretensiones: arenque danés en crema agria -$ 5,90, en los supermercados de grandes cadenas- u ostiones chilenos -$ 7-. Las porciones no serán como para alimentar a un equipo de rugby, pero son suficientes para dar un buen golpe de efecto.
En la propuesta para plato principal vamos a hacer una concesión: comprar medio pollo al spiedo en la rotisería de la esquina, pero nunca, bajo ninguna circunstancia reconocer su verdadero origen. Con el ave en nuestro poder, avanzar sobre el preparado de la salsa. En una sartén, calentar una cucharadita de margarina, una cuchara de harina y una taza de leche: salsa blanca para los que no hayan adivinado. Mezclarla con una lata de choclo cremoso y embadurnar el pollo. Finalmente, preparar un puré instantáneo -de Maggi o Knorr $ 0,64- y sentarse a la mesa recibido ya de gran cocinero. Para el postre, macedonia de frutas, duraznos o ananás en almíbar. Y, si la compañía es del estilo campechano, una rebanada de queso cuartirolo acompañando un pedazo del inigualable dulce de batata La Gio-conda -$ 1,98, en tamaño pequeño.
En función de los besos que podrían llegar al postre, es posible que la entrada de arenque no sea la mejor idea, pero nos dará un aire de gente de mundo que no es un mal primer paso para concretar la seducción. De todas formas, el menú no siempre es infalible. En ese caso nos quedará el consuelo de un buen número de latas cenicero en la casa, para esperar fumando el próximo encuentro.
Un abrir de latas
No existe una situación que haga sentir con mayor crudeza la pequeñez del hombre frente a su propio medio que tener un puñado de conservas como única posibilidad de alimento y no contar con la compañía de un abrelatas. Dedos rebanados, latas abolladas a martillazos y síntomas de locura dan testimonio de la gravedad que lleva el asunto. Los abrelatas, viejos conocidos, han llegado al mundo para evitar desgracias y en la casa de un soltero nunca, pero nunca, debe faltar uno. Los hay desde básicos maripositas a maquinarias del siglo XXI que son capaces hasta de medir la temperatura de la lata, mientras nos preguntan por la salud o la familia. Los abrelatas mariposa son ideales para llevar de campamento o para tener a mano en situaciones de emergencia, ya que no han sido diseñados para manos de pianista. Más de dos o tres aperturas y comenzarán a aparecer callos. Lo ideal para una casa son los de mango. Los más viejos vienen todavía con rosca mariposa, pero los hay también con unas manijas que se parecen sospechosamente a las que se utilizaban para darles cuerda a los automóviles de principio de siglo. Los de última generación presentan un grado de sofisticación que a veces parece un poco exagerada. Sofisticadas piezas de ingeniería industrial que imantan la tapa de la lata y recorren el borde con un filo capaz de abrir al medio el casco de un transatlántico.
El horno de microondas, otro gran aliado, se presenta como la gran solución a todos los problemas de la cocina. Lo cierto es que son ideales para tratar con alimentos congelados. Los sacan de su estado casi mineral para llevarlos a temperaturas más comestibles. Los que ya han tenido experiencia en estas lides, sabrán que cocinar algo recién salido del freezer conlleva el riesgo de enfrentarse al resultado chamuscado por fuera- congelado por dentro. Pero bueno, ¿quién dijo que la soltería era un trabajo fácil?
Las solteras tienen la palabra
Las mujeres -madres potenciales merced a las virtudes de la genética y la biología-, las mujeres solteras, para más datos, preferimos, a la hora de sentarnos a la mesa luego de un arduo día de trabajo, disfrutar de ese momento sin los reclamos que un hombre expelería por su boca de hijo irredento. Saber que podemos incorporar a las benditas latas ingredientes naturales crudos o de rápida cocción sin tener que escuchar: "No te sale como a mi vieja" o "¿por qué le pusiste cebolla?" Pero mucho no nos podemos quejar de sus desmanes estomacales. Al fin y al cabo, un ser con polleras es quien los malcrió y debemos hacernos cargo del desastre. Pero nosotras, decía, preferimos mezclar el atún con una cebollita picada e introducirlo adentro de un tomate previamente lavado y vaciado de semillas, para decorarlo luego con algún dibujito de mayonesa. Lo nuestro es, por cierto, no sólo rápido, sino creativo.
O abrir una de esas salvadoras conservas de champignons ($ 1,30) y, con un par de huevos batidos, una pizca de pimienta y un poco de crema de leche, enrollar una esplendorosa omelette, en apenas cinco minutos. O extraer del freezer -ese aparato creado por los dioses de la refrigeración para solaz de las mujeres- un par de milanesas de soja, cocinarlas en una plancha para churrascos con apenas un poco de aceite mientras sobre ella se derrite un trozo de queso por salut espolvoreado con orégano. Todo -siempre- acompañado por ensaladas variadas -achicoria, radicheta, hinojos, incluidos- rociadas con un exquisito chorro de aceite de oliva del mejor y un poco de limón.
Si hay que lucirse y hacerle creer que cocinamos muchísimo mejor que su madre -aunque luego nos arrepintamos hasta el final de nuestros días- sugerimos, de entrada, comprar un pionono y rellenarlo con jamón cocido, trocitos muy pequeños de ananá ($ 1,30, la lata, obvio) y choclo amarillo en granos (menos de $ 1, la lata), con mucha mayonesa, y decorado con una capa del aderezo amarillo y tiritas de morrones. De plato principal, pechugas de pollo deshuesado a la plancha, sazonadas con limón, sal y pimienta, a las que una vez a punto se las cubrirá con perejil y ajo picado hasta el cansancio. ¡Qué le va a hacer! De vez en cuando, ellos merecen, a pesar de todo, quince minutos más de esfuerzo.
Manjares de largo vencimiento
Quién no se ve a menudo enfrentado a la terrible prueba del hambre de medianoche -sin ganas o sin posibilidades de salir a combatirlo- o a una visita inesperada que requiere atención inmediata e in situ? Innumerables son las variables; sin embargo, para no volver a cometer los mismos errores, la idea es armar una pequeña, pero eficaz artillería enlatada (o en frasco) en la alacena y esperar tranquilamente a que se desate la guerra. Primer paso: seleccionar las combinaciones necesarias para dos o tres "ocasiones posibles", segundo: ir a comprarlas y ponerlas bajo llave al resguardo de los indeseables que pululan por los alrededores. Una picada mediterránea podrá combinar una lata de aceitunas rellenas de pimiento, otra de filetes de anchoas, unas almendras tostadas y berenjenas en escabeche. Si se quiere sorprender al invitado de honor con algunos platillos más tex que mex, se puede pasar por Jumbo y armar la siguiente combinación: frijoles negros refritos ($ 1,35) a los que se les pueden agregar unos nachos ($ 1,35) y chiles serranos o jalapeños en escabeche ($ 0,89) y si quieren algo más que picante se puede ofrecer frijoles charros ($ 1,99) -servir en cuencos de cerámica y calentar en microondas- con chipotles adobados ($ 1,09), ¡pura dinamita! Eso sí, "antes" tequila y "durante" unas cervezas Corona para apagar el fuego.
Se pueden combatir los futuros inviernos porteños con guisos españoles en lata, fabada asturiana ($ 3,50) o callos a la madrileña ($ 6,50), los vende el galleguísimo dueño de Las Viñas, Talcahuano 163, Tel. 382-7176. Si nos queremos hacer a la mar no está mal una ecléctica combinación de pulpo al ajillo ($ 3,50), calamares en su tinta ($ 3), filetes de arenque ($ 4) y paté de salmón ($ 2), en pleno centro se consiguen en bombonería Ruth, Cerrito 256, Tel. 382-9590. Finalmente si una antigua amiga nos viene a visitar para charlar de los buenos viejos tiempos, ése es el momento de sacar la llave del escondrijo y tirar toda la carne al asador. ¿Por qué no caer en la tentación de una cena francesa? Secretos Gourmands (Rodríguez Peña 1771, Tel. 815-7841), atendida por Graciela, tiene varias soluciones. Paté de foie clásico y francés (de 125 g a $ 4 hasta 1kg a $ 26), bloc de foie gras (hígado engordado de ganso) -nuestra amiga no lo olvidará- (de 50 g a $ 14 hasta 400 g a $ 118). Si tiene una baguette en el freezer o una caja de tostadas puede dar cuenta de los mantecados saborizados ($ 10, de salmón, langostinos o anchoa) y si ella pide algo caliente las opciones son, consomé de langosta ($ 14, se le agrega leche o crema y al microondas), cassoulette de canard (un excelente guisado de pato) o la inefable soup à l´onion (sopa de cebollas).
El mundo de los frascos y las latas nos depara aún muchas sorpresas, sólo hay que prestar atención a la fecha de vencimiento "en el fondo del envase".
Menú bajo cero
En los ochenta, los almacenes del barrio se poblaron de heladeras de la marca Surgele, que traían como caballito de batalla a sus ya célebres bastoncitos de pescado. Las mesas familiares se convulsionaron; los niños miraban el plato de reojo y las madres presentaban quemaduras de primer grado, todavía inexpertas en esto de freír pequeñas rocas de hielo.
Con el paso de los años, la penetración de los productos bajo cero llegó a tal punto que ha logrado casi jubilar a varios de los ritos típicos de las cocinas de antaño. Los fabricantes de pelapapas, por ejemplo, ven caer en picada sus acciones desde la aparición de las bolsas de papas congeladas listas para freír. Y hay que rendirse a la evidencia: se hacen más rápido, con menos trabajo y quedan doraditas y en forma perfecta, como hechas por algún especialista en modelismo.
Seguramente, más de un soltero se preguntará la utilidad de tener varadas en el freezer bolsas de broccoli, zanahorias o papas en estado casi mineral. Pero es bueno saber que los broccoli, por ejemplo, se pueden incorporar a ensaladas de todo tipo, y también pueden formar parte de una simplísima salsa para adornar fideos. Aquí va la receta: una vez descongelados, se fríen con una cucharada de aceite, media cebolla, un diente de ajo y sal. Sobre los fideos ya cocidos, se vuelca la fritura y un pote chico de crema de leche. Queso rallado y a otra cosa.
Si el menú va por el lado de las pastas, varias marcas ofrecen bandejas de una o más porciones que sólo necesitan una breve pasada por el microondas. Moretti tiene una línea llamada Menú Express, en la que cuentan platos de maccaroni y fucili al fileto, a $ 3. Matarazzo ofrece unas poderosas lasagnas para dos personas, con aderezo de salsas de tomate y blanca ($ 8,50).
Para noches de fútbol -gran momento en la vida de los solteros-, el menú obligatorio de pizzas y empanadas puede salir directamente del freezer. Las coquetas pizzas y tartas congeladas de El Gato Dumas (entre $ 5 y $ 7) y las empanadas de El Ceibal y Bon Freeze ($ 4,50) sólo requieren un golpe de horno. Poner la cerveza a enfriar y despreocuparse por pedidos que llegan en medio de una jugada de gol.
Recetas rápidas para manos lentas
En su libro "Técnicas y recetas básicas (Ed. Planeta), Blanca Cotta propone unos huevos revueltos con choclo, ideales para un desayuno suculento o un brunch dominguero. Derretir 60 g de manteca y rehogar allí un morrón verde y otro rojo picados. Agregar una lata de choclo, un poco de perejil picado y un tomate grande, picado con todo su jugo. Cocinar revolviendo de vez en cuando hasta que se forme una salsa espesa. Verter seis huevos batidos. Antes de que éstos devengan omelette, revolver hasta ligar todo y lograr una consistencia cremosa. Sazonar a gusto con sal y pimienta. Servir enseguida sobre tostadas.
Miriam Becker aporta lo suyo en "La cocina súper fácil del supermercado" (Lid Editores). Con una lata de sardinas se pueden lograr exquisitos canapés madrileño. Pisar el pescado, agregarle unas aceitunas negras picadas, gotas de jugo de limón y huevo duro picado. Distribuir sobre rodajas de pan y completar con ruedas delgadas de puerro o cebolla de verdeo.
Si lo que se tiene es una lata de arvejas, será suficiente materia prima para un puré crema. Licuar el contenido de una lata de arvejas sin el líquido. Agregar igual cantidad de crema de leche, sal, pimienta y cocinar hasta que tome cuerpo.






